Viriato, Roma no paga traidores (II)


Este es un artículo de invitado de Antonio López López, @Nvmantinvs.

Continuamos con la segunda y última parte sobre la vida del gran caudillo lusitano Viriato. Habíamos dejado a Viriato retirándose hacia norte acosado por los romanos.

En el 143 a.C. Viriato fue derrotado en la Hispania Ulterior por un general romano llamado Quinto (se desconoce su procedencia), y tuvo que retirarse de nuevo al Monte de Venus, como ya hizo cuatro años antes, y de nuevo como entonces se dio a la vuelta y mató a mil soldados de Quinto, arrasó su campamento y puso en fuga a la guarnición de Tucci (actual Martos, en la provincia Jaén). Tras esto Viriato y sus hombres saquearon la tierra de los bastetanos, y el inexperto Quinto permaneció acuartelado en Córduba y sólo se atrevía a enviar contra Viriato a Gayo Mario (no, no es el que todos pensáis) un íbero nacido en Itálica (Santiponce, en la provincia de Sevilla).

Al año siguiente Quinto fue relevado del mando por el cónsul Quinto Fabio Máximo Serviliano (hijo adoptivo de Quinto Fabio Máximo Emiliano) y le acompañaba una fuerza de dos legiones romanas más varios miles de aliados, en total eran 18000 infantes y 1600 jinetes, y además había escrito a Micipsa, el rey de Numidia (hijo y heredero de Masinisa) para que le enviase elefantes lo más pronto posible. Cuando Serviliano marchaba hacía Tucci fue atacado por Viriato, que contaba con 6000 guerrreros. Pero Serviliano mantuvo a sus hombres firmes y no permitió que el griterío y las provocaciones de los lusitanos medraran el valor de los romanos. Los lusitanos fueron rechazados y tuvieron que retirarse.

Emboscada de los hombres de Viriato

Emboscada de los hombres de Viriato

Cuando por fin llegaron los 10 elefantes y 300 jinetes que Micipsa había enviado, fortificó un gran campamento y atacó a Viriato, que tuvo que huir. Pero de nuevo los perseguidos se convirtieron en perseguidores y 3.000 romanos perecieron bajo las armas lusitanas. No contento con esto, Viriato atacó el campamento de Serviliano y sólo se encontró con una pequeña resistencia en las puertas. Viriato siguió acosando a los romanos con su caballería ligera y Serviliano tuvo que replegarse a Tucci. Viriato se replegó hacia Lusitania para lamerse las heridas, no sin antes quemar el campamento de Serviliano. Para suerte de los lusitanos, Serviliano fue atacado por un ejército de 10000 hombres liderados por dos desertores llamados Curio y Apuleyo. Pero los rebeldes fueron derrotados por Serviliano y éste continuó con su particular campaña sangrienta, capturando varias ciudades afines a Viriato y consiguiendo esclavizar a 10.000 supervivientes, de los cuales 500 fueron decapitados. Tras esta matanza volvió a Roma y fue sustituido por Quinto Servilio Cepión, su propio hermano.

Pero antes de regresar a Roma, Serviliano persiguió una última vez a Viriato y éste último tuvo que refugiarse en una ciudad llamada Erisana (ciudad no identificada actualmente). Viriato salió al amanecer y puso en fuga a los sitiadores, con tan buena fortuna que los acorraló en unos precipicios. Viriato ahora jugaba con ventaja, pero no quiso hacer uso de la violencia desmedida con la que tantas veces los romanos habían usado contra su pueblo y pactó con Serviliano. El tratado (según Apiano) <<declaraba a Viriato amigo de los romanos y concedía tierras a todos los que estaban bajo su mando>>.

Un bonito y pacífico final para tan larga y cruenta guerra, pero no amigos, lamentablemente no terminó aquí la guerra porque el hermano de Serviliano, Cepión, que lo relevaba, informó a Roma del indecoroso tratado, y el Senado le respondió que podía hostigar a Viriato de forma secreta con el modo que estimara oportuno, pero Cepión no dejaba de enviar correo a Roma para presionarles, y finalmente el Senado rompió el pacto y declaró de nuevo enemigo a Viriato, Cepión se frotaba las manos, tenía de nuevo una presa a la que cazar. Amparado con las órdenes del Senado, ya no había tratado que impidiera a Cepión atacar a Viriato, y su primer objetivo fue tomar la ciudad de Arsa (relacionada con la anterior pero también desconocida en la actualidad) la cual habían abandonado los lusitanos.

Estatua dedicada a Viriato y a los guerreros lusitanos en Viseu, Portugal.

Estatua dedicada a Viriato y a los guerreros lusitanos en Viseu, Portugal.

Después de esto Cepión persiguió a Viriato, que se retiraba mientras saqueaba toda la Carpetania a su paso. Viriato volvió a usar su táctica preferida, mandó al grueso de su ejército que se retirara a un lugar seguro mientras él y un reducido número de jinetes formaban para entablar combate, pero cuando la vanguardia romana se disponía a atacar los lusitanos huyeron al galope, sin que los romanos tuvieran posibilidad de alcanzarlos. Cepión resignado no tuvo más remedio que buscar otra presa y atacó a los vetones y los galaicos.

Ya en el 139 a.C. Viriato se encontraba exhausto tras ocho años de interminable guerra cuyas bajas él no podía reemplazar, mientras que los romanos enviaban un ejército tras otro. Además Cepión había recibido refuerzos del cónsul de la Citerior, Marco Popilio Lenate. Ante esta situación Viriato envió a sus más leales amigos, Audax, Ditalcón, y Minuro para llegar a un acuerdo de paz con Cepión. Pero el astuto romano sabía que los tres codiciaban el oro por encima de todo, y les hizo prometer que matarían a Viriato a cambio de una recompensa copiosa. Viriato solía dormir muy pocas horas al día, y siempre lo hacía con la armadura puesta para estar listo en caso de emergencia. Los tres “leales” amigos entraron en su tienda y lo degollaron, ya que el cuello era la única parte del cuerpo expuesta. Todo ocurrió en silencio y los tres pudieron salir tranquilamente de la tienda y dirigirse de nuevo al campamento de Cepión en busca de su ansiada recompensa. Recompensa que no recibieron ya que Cepión les dijo que se conformaran con lo que ya tenían y les remitió a Roma para cobrar lo que pensaban que merecían. Aquí vamos a entrar en el escabroso terreno de la leyenda y la atribución de frases célebres a personajes que tantas veces resultan ser falsas o de invención posterior. Y es que supuestamente según algunos autores, Cepión recibió a los tres asesinos con esta frase tan conocida <<Roma no paga traidores>> para posteriormente mandar que los ejecutasen.

La muerte de Virato, por Madrazo.

La muerte de Virato, por Madrazo.

Otras fuentes en cambio narran que esta frase fue pronunciada en el Senado cuando los tres viajaron a Roma para recibir la recompensa. También en unas fuentes son ejecutados los tres asesinos y en otras les dejan marchar. Fuera así o no, Viriato murió asesinado y sus autores de dicho asesinato han pasado a la historia como sinónimo de cobardía y traición. También es importante recalcar que de ser cierto que fueran seducidos por los romanos para que asesinaran a su líder no hubieran querido que este hecho saliera a la luz, y es que los romanos siempre trataban de parecer fieles a sus principios como hombres civilizados que eran, o eso creían ellos. Los hombres de Viriato se empezaron a preocupar al ver que su líder no se había levantado ya, algo poco habitual en él que siempre solía ser el primero en levantarse. Al entrar en la tienda se dieron cuenta de que había sido asesinado y con mucho dolor comprendieron que habían sido privados de su líder y las esperanzas decayeron, lo que más les dolió fue no hallar culpable alguno de tan atroz asesinato.

Le lavaron las heridas y se dispusieron a celebrar un funeral digno de tan célebre líder. Se ofrecieron sacrificios humanos, los guerreros danzaron a pie y a caballo alrededor de la pira funeraria mientras Viriato se consumía en el fuego. Al finalizar el funeral 200 parejas de guerreros combatieron entre sí en honor a su líder. Taútalo fue nombrado sucesor de Viriato y dirigió a la maltrecha hueste lusitana a atacar Saguntum, (ciudad refundada por Aníbal tras destruirla en el 218 a.C.) pero allí fueron rechazados y mientras cruzaban el río Betis (Guadalquivir) fueron atacados por Cepión y no tuvieron más remedio que rendirse. Fueron desarmados y se les dieron tierras para que las cultivaran y no tuvieran que levantarse más en armas contra Roma.

Este era el fin de las Guerras Lusitanas, que tantas muertes habían provocado, por fin los lusitanos tenían tierras pero eran muy pocos y prácticamente habían sido extinguidos, poco sabemos de su lengua o de sus costumbres. Viriato no consiguió su objetivo pero a punto estuvo de ver realizados sus objetivos, sólo la traición pudo acabar con la vida de uno de los mayores héroes de la resistencia en Hispania. Pero Hispania no se rendiría, hasta la época de Augusto los combates y las guerras se sucederían, haciendo que cada palmo conquistado costara vidas romanas, pero bueno eso como sabéis es otra historia.
Bibliografía y fuentes:

Estrabón, Geografía Tomo III.

Apiano, Guerras ibéricas.

 

 

 

Acerca de Rober

Me llamo Roberto y nací en el año 1979 en Madrid. Apasionado de la historia desde siempre, mi única intención es que compartamos y divulguemos en este espacio cada pedacito de la antigüedad que tanto nos gusta. Me encantaría que recorrieras conmigo este periodo. ¿Te apuntas?, pues bienvenido a Historia o leyenda.

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