Tablada, los vikingos llegan a Al-Ándalus 10


La edad media en la península ibérica fue un periodo interesantísimo y complejo en el que se dieron unas condiciones muy particulares que la diferenciaron del resto del continente. Un periodo de constantes conflictos en el que también hubo tiempo para el comercio, el mestizaje y el progreso.

Uno de esos periodos de esplendor, quizá el más llamativo, vino de la mano del ‘Ab al-Rahmán II (Abderramán II), Emir perteneciente a la dinastía de los Omeya. Abderramán impulsó el comercio dentro y fuera de la península, llegando a mantener contactos con Constantinopla y otras ciudades importantes de la época. También fomentó la cultura y las artes, dando mucha importancia a disciplinas como la medicina y la traducción de textos antiguos. Con este tipo de medidas consiguió convertir al emirato de Córdoba en uno de los estados pujantes de Europa.

No obstante no le temblaba la mano a la hora de tratar con sus vecinos cristianos. Casi cada año organizaba aceifas (expediciones) al norte que mantenían a dichos reinos en un “perfil bajo”, aprovechando las desavenencias entre los propios monarcas cristianos, pero siempre con cierta moderación pues era consciente que una unión entre los reinos del norte podía ponerle contra las cuerdas.

Pero en el año 844 fueron los andalusíes lo que sufrieron una invasión desde el norte, y no precisamente por cristianos. Los vikingos llegaban a Al-Ándalus dispuestos a llevarse un cuantioso botín a Escandinavia.

Los vikingos ya llevaban cerca de cincuenta años saqueando poblaciones en regiones del norte de Europa; francos, anglos y sajones lo habían sufrido en sus carnes.

Estatua de Abderramán II en Murcia.

Estatua de Abderramán II en Murcia.

Se data como inicio de la era vikinga el año 793, cuando la abadía de Lindisfarne (costa este del actual Reino Unido), en el reino de Northumbria, fue atacada por una partida de nórdicos. Los habitantes de la antigua Britania ya conocían a los escandinavos con anterioridad, pues se sabe que existían contactos comerciales, pero al tratarse de una expedición con el único propósito de saquear se ha adoptado esta fecha como la oficial.

Esta ruta hacia occidente, denominada vestverg, se dividía a su vez en dos vertientes, la que discurre por las islas británicas y se iría ampliando hacia Islandia para terminar eventualmente en Groenlandia. La otra variante seguiría las costas francesas para continuar por la península ibérica y llegar al Mediterráneo, abriéndose ante ellos la posibilidad de atacar el norte de África o seguir navegando hasta el sur de Francia e Italia, pudiendo llegar hasta la mismísima Constantinopla. Evidentemente esta ruta fue in crescendo con cada expedición hasta adquirir la extensión que describo en las líneas anteriores.

Sus barcos de escaso calado eran sumamente marineros, y eran capaces de surcar los agitados mares del norte o remontar un río tierra adentro. Esto les proporcionaba la ventaja de aparecer de improviso en cualquier población de la costa o en la ribera de un río con suficiente caudal, impidiendo una defensa organizada contra ese tipo de ataque.

Estas emblemáticas embarcaciones son conocidas como drakkars, pero este término realmente significaba dragón, por los mascarones de proa, tallados con la forma de monstruos. Normalmente está aceptado como una palabra de origen islandés, pero según el historiador Regís Boyer podía venir derivada de drekar, plural de dreki, que en antiguo románico significaba también dragón. Knörr, skeio o langskip, son los diferentes nombres que los nórdicos daban a sus embarcaciones, dependiendo de su tamaño, función o número de remos.

Itinerario de la flota vikinga.

Itinerario de la flota vikinga.

En el año 844 una de estas incursiones llevó a los nórdicos a remontar el río Garona, en el sur de Francia, probablemente llegando a atacar la ciudad de Tolosa (Toulouse). A la vuelta se cree probable que la flota vikinga fuera sorprendida por una tormenta que les llevo hacia la costa cantábrica, llagando así hasta Galicia y decidieron, como no, sacar provecho de la situación.

El rey Ramiro I se opuso al ataque de los normanni, con sus huestes astur-leonesas, y aunque no pudo evitar que rapiñaran varias poblaciones antes de su aparición, finalmente logró expulsarlos de nuevo al mar.

Los vikingos no estaban dispuestos a marchar todavía hacia el norte, había millas y millas de costa por explorar y se dirigieron hacia el sur. El 20 de agosto de ese mismo año, una flota de unos 50 navíos grandes apoyados por otras tantas embarcaciones más pequeñas (varía según las fuentes entre 60 y 80 en total), remontaron la desembocadura del Tajo y llegaron a la ciudad musulmana de Lisboa que fue cogida totalmente por sorpresa.

Aunque el gobernador de la ciudad, Ibn Hazm, organizó una resistencia con la población de la ciudad, no pudo evitar que ésta fuera saqueada durante trece días antes de que los mayus (en árabe, pagano o adorador del fuego) continuaran su itinerario de razias hacia el sur.

Ibn Hazm envió mensajes de alerta para avisar al emir de la llegada de éstos piratas norteños que no mostraban piedad ninguna con la población que atacaban. Abderramán ordenó aumentar las guarniciones de los enclaves costeros más importantes, pero los vikingos no se entretenían mucho tiempo en ninguna población, buscaban una presa que les resultara lo suficientemente suculenta antes de volver al helado norte.

Así llegaron al puerto de Cádiz, ocupándolo para después remontar el Guadalquivir. Se asentaron en la isla de Cabtil (actual isla menor), una isla fluvial que era perfecta para acampar y lanzar desde allí ataques a la ciudad que realmente querían despojar de sus riquezas, Sevilla.

El 29 de septiembre del año 844 zarparon de Cabtil y tomaron fácilmente Coria del río. Envalentonados por ello, a los tres días, se decidieron por el plato fuerte y marcharon hacia Sevilla. El gobernador de la ciudad, en vez de organizar una defensa parecida a la de Lisboa, huyó de la medina y se recluyó en Carmona, dejando a los habitantes a su suerte. Una semana entera de saqueo, rapiña y destrucción fue el resultado de tal decisión.

Los  mayus regresaron a Cabtil para guardar su cuantioso botín y volver de nuevo a la ciudad hispalense para terminar el trabajo. A su vuelta encontraron la ciudad desierta, pues los que no estaban muertos habían huido despavoridos de los hombres del norte. Decidieron entonces coger monturas de la ciudad y remontar el curso del río a caballo para sopesar la posibilidad de llegar hasta Córdoba, pero pronto se dieron cuenta de que remontar el Guadalquivir más allá de Sevilla era harto complicado.

Mientras tanto Abderramán organizaba un ejército a marchas forzadas para enfrentarse a los piratas paganos. Optó por enviar primero una hueste de caballería ligera que impidiera más saqueos y a su vez les dificultara la retirada. Este contingente se estableció en al-Sharaf (Aljarafe), una posición ideal ya que dominaba la posición sudoeste de Sevilla y podían controlar los movimientos de los nórdicos.

Pasados casi dos meses, finalmente el ejército andalusí se reunió por completo con la llegada de la infantería y el 11 de noviembre decidieron dar batalla a la hueste vikinga en la zona de Tablada, un enclave al sur de Sevilla que ofrece una inmensa explanada perfecta para desplegar el total del ejército musulmán y la maniobrabilidad de su caballería ligera.

Los vikingos no solían rehuir el combate.

Los vikingos no solían rehuir el combate.

No hizo falta mucho para provocar a la partida vikinga, que enseguida se dispuso al combate. Las crónicas musulmanas varían en cuanto al número de la hueste vikinga, pero una de las más fiables (Ibn al-Cutia) nos habla de unos 3.000 guerreros.

La forma de combate de los vikingos variaba según la situación. No es lo mismo atacar una población defendida por unos cuantos campesinos, que lanzarse sobre una formación de combate como la que se encontraron en Tablada. Para esta situación probablemente utilizaron la svinfylking (hocico de verraco), una formación en cuña con los escudos solapados bastante útil en combate cerrado.

El ejército andalusí era mayor en número, calculemos entre 5.000 y 7.000 unidades, y era comandado por el favorito del Emir, un eunuco llamado Nasr. Sólo un pequeño núcleo del mismo eran soldados profesionales, los demás infantes formarían una leva de campesinos o ciudadanos armados rápidamente para contrarrestar el ataque vikingo.

Consciente de que un choque frontal no beneficiaba al ejército musulmán, Nasr ordenó a uno de los generales, Ibn Rustum, que se llevara un contingente de caballería ligera e infantería y se ocultara al paso de los hombres del norte.

Los vikingos avanzaron y las formaciones chocaron en medio de la explanada de Tablada. Los vikingos, fieles a su fama y a su desprecio por la muerte una vez comenzado el combate, hacían retroceder a la infantería andalusí. En el punto álgido del enfrentamiento, Ibn Rustum apareció con la caballería ligera que asaeteó la retaguardia nórdica provocando muchas bajas entre ellos.

Los vikingos se encontraron en medio de un enjambre de proyectiles que llovían desde todas las direcciones y no eran capaces de detener. Al empezar a retroceder hacia su posición inicial se encontraron con el resto de la infantería andalusí que les cerraba el paso, los incursores habían caído en la trampa de Nasr. La derrota fue absoluta, atacados desde todos los frentes unos mil guerreros del norte perecieron en Tablada, a los que hay que añadir 400 prisioneros que fueron decapitados delante de sus paisanos. Las naves que abandonaron en su huida fueron quemadas y la venganza por Lisboa y Sevilla quedó completa.

Un pequeño grupo de mayus que logró huir hacia Carmona, fue acorralado por el general Ibn Rustum, sus vidas fueron perdonadas a cambio de su conversión al islam. Los descendientes de aquellos vikingos pasaron a formar la guardia de élite del ejército andalusí en años venideros, y les haría falta, pues no sería la última vez que los vikingos atacarían Al-Ándalus, dos oleadas más de los mayus llegarían a las costas del emirato, pero bueno, eso como sabéis, es otra historia.

Bibliografía y fuentes.

Cristina Arias Jordán, Incursiones vikingas en la península ibérica.

Claudio Sánchez Albornoz, Historia de los vikingos en España.

Juan Martos Quesada, La invasión de Al-Ándalus.

 

Acerca de Rober

Me llamo Roberto y nací en el año 1979 en Madrid. Apasionado de la historia desde siempre, mi única intención es que compartamos y divulguemos en este espacio cada pedacito de la antigüedad que tanto nos gusta. Me encantaría que recorrieras conmigo este periodo. ¿Te apuntas?, pues bienvenido a Historia o leyenda.


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10 Comentarios en “Tablada, los vikingos llegan a Al-Ándalus

    • Rober Autor

      Muchas gracias Alf, es un verdadero honor contar con seguidores tan fieles al blog como tú. ¿Quién no conoce a estas alturas a the valkyrie’s vigil? ojalá mi blog llegue a tener la mitad de éxito que el de Laia. Un abrazo.

       
  • Antonio

    Hola, Rober. Soy de Sevilla y trabajo por la zona de Tablada. Pensar que 1000 vikingos perecieron alli en una batalla contra los musulmanes me ha dejado muy sorprendido. Felicidades, me ha encantado tu artículo.

     
    • Rober Autor

      Hola Antonio. Muchas gracias por tus palabras, siempre son “vitaminas” para seguir. En cuanto al artículo que sepas que un parte de esos vikingos se asentaron en la zona y se convirtieron al islam, no obstante no sería la última vez que atacarían la península, pero bueno eso lo dejaré para algún artículo futuro. Un abrazo desde Madrid.

       
  • Marco Antonio Guillén Chávez

    ¡Enhorabuena por compartir tu gusto por la historia y tus esfuerzos por investigar a quienes también nos gusta y consideramos importante saber más, pero no tenemos los elementos para acudir a las fuentes! Gracias.

     
  • JAEL

    NO PUEDO DEJAR DE COMENTAR QUE SUS ARTICULOS SON FENOMENALES. SIEMPRE HAY ALGO NUEVO E INTERESANTE EN CADA UNO DE SUS ARTICULOS. MUCHAS GRACIAS POR ELLO. JAEL.

     
    • Rober Autor

      ¡Hola Jael!
      Muchas gracias por tu comentario. Si piensas así es que el blog está consiguiendo su cometido, que descubramos algo más de historia, aunque sea lo justo para interesarte por un tema en concreto y te apetezca investigar sobre el. De nuevo gracias y espero que sigas mucho tiempo con nosotros.

       
  • Daniel

    Un buen artículo como siempre en este blog.
    Aunque no estoy del todo de acuerdo con el nombre del mítico barco vikingo ya que drakkar es una mala traducción del francés antiguo y el nombre correcto sería drekkir en singular o drekkar en plural que significaba dragón por la cabeza de este animal que algunos barcos llevaban en su mascarón de proa (también había mascarones de otros animales) y que se desmontaba al llegar a aguas o tierra amistosa

     
    • Rober Autor

      Hola Daniel!! Que bien leerte por aquí. Efectivamente lo comento en la entrada, según Regis Boyer vendría de drekkar que como bien dices es un derivado en románico antiguo. Los vikingos llamaban a sus embarcaciones de diferentes formas según el tipo que fuera y los remos que portara.
      Un saludo pretoriano, nos leemos en twitter.