Salamina, Atenas es vengada. 3


Este es un artículo de invitado de Antonio López López, @Nvmantinvs.

Antes que nada quiero dejar claro que utilizo el término “medos” como sinónimo de persas para no ser redundante, pero no son un sinónimo como tal ya que el Imperio Medo, también llamado Media, fue absorbido por el Imperio Persa o Aqueménida.

Como anécdota antes de empezar os contaré que Heródoto fue el primero en pronunciar la frase «En mis dominios no se pone el sol» refiriéndose al vasto Imperio persa que regentaba Jerjes I. En la actualidad se suele atribuir esta frase al emperador Carlos I de España y V de Alemania, cuya serie de televisión está en pleno auge.

Heródoto, el padre de la historia, según Cicerón, recoge lo siguiente en su séptimo libro de los “Nueve Libros de la Historia”, en términos parecidos a esta famosa frase, atribuida según Heródoto a Jerjes, y cito textualmente:

«Después de la rendición de Egipto…he tenido a bien convocaros para daros parte de mis designios actuales. Mi ánimo es, después de construir un puente sobre el Helesponto, conducir mis ejércitos por la Europa contra la Grecia, resuelto a vengar en los atenienses las injurias que tienen hechas a los persas y a nuestro padre. Testigos de vista sois vosotros, cómo Darío iba en derechura al frente de sus tropas contra esos hombres insolentes, si bien tuvo el dolor de morir antes de poder vengarse de sus agravios. Mas yo no dejaré las armas de la mano, si primero no veo tomada y entregada al fuego la ciudad de Atenas, que tuvo la osadía de anticipar sus hostilidades, las más inicuas, contra mi padre y contra mí. Bien sabéis que ellos, conducidos antes por Aristágoras el Milesio, aquel esclavo nuestro, llegaron hasta Sardes y pegaron fuego a los bosques sagrados y a los templos; y nadie ignora cómo nos recibieron al desembarcar en sus costas, cuando Datis y Artafernes iban al frente del ejército. Este es el motivo que me precisa a ir contra ellos con mis tropas: y además de esto, cuando me detengo en pensarlo, hallo sumas ventajas en su conquista, tales en realidad que si logramos sujetarlos a ellos y a sus vecinos que habitan el país de Pélope el frigio, no serán ya otros los confines del imperio persiano que los que dividen en la región del aire el firmamento del suelo. Desde aquel punto no verá el mismo sol otro imperio confinante con el nuestro, porque yo al frente de mis persas, y en compañía vuestra, corriendo vencedor por toda la Europa, de todos los estados de ella haré uno sólo, y este mío»

Apenas un mes después de la batalla de las Termópilas se libró una batalla naval decisiva, la penúltima y más sangrienta de este tipo dentro de la Segunda Guerra Médica.

Los persas habían arrasado el Ática, destruyendo su capital, Atenas. Los refugiados habían huido a la isla de Salamina que estaba situada a apenas 2 km del puerto de Atenas, desde allí se podía contemplar la humareda provocada por el incendio que los persas causaron.

Tal y como Temístocles predijo años atrás, la batalla decisiva por la supervivencia de Atenas tendría lugar en el mar. Pese a que su única oportunidad de resistir residía en el mar, los griegos empezaron a construir un muro en el istmo de Corinto, para impedir el avance persa al resto del país.

Jerjes toma asiento para ver el espectáculo.

Jerjes toma asiento para ver el espectáculo.

Temístocles sabía que debían derrotar a la flota persa que ya había perdido más de 300 barcos en la batalla de Artemisio si quería cortar la línea de suministros del ejército terrestre medo.

La coalición griega logró reunir cerca de 380 barcos, en su mayoría trirremes sumados a unos pocos pentecónteros, que habían quedado en desuso y sólo disponían de 50 remeros.

La flota persa en cambio aún disponía de unos 500 o 600 barcos, los que sobrevivieron a la batalla de Artemisio, que pese a haber terminado en tablas había supuesto una mayor pérdida en hombres y barcos para los persas.

La flota griega estaba fondeada en los alrededores de Salamina, donde se arremolinaban los refugiados de Atenas y de otras ciudades del Ática.

El mando supremo de la flota helena recaía en el general espartano Euríbiades, hijo de Euríclides, y este y la mayoría de la flota prefería sumarse a los defensores del istmo, y como ya pasara en Maratón diez años antes, los atenienses corrían peligro de quedarse solos defendiendo a sus refugiados. Temístocles no iba abandonar a su pueblo, y para ello preparó una estratagema arriesgada; envió a su esclavo de confianza a los barcos persas, haciéndose pasar por informador le dijo al Gran Rey que los griegos estaban divididos y que lo mejor era atacar cuanto antes. Con esta falsa información Temístocles trataba de provocar un combate antes de que fuera real la separación de la flota y dejaran a Jerjes un caramelito que no desaprovecharía.

Según Plutarco la decisión de los griegos de no abandonar Salamina se produjo de otra manera. Temístocles se dirigió a Euríbiades para sugerirle lo que debía hacer para vencer a la armada persa. Intentaba convencerlo para que no se retirase hacia el istmo de Corinto, sugiriéndole que plantase cara a los persas en las estrechas y angostas aguas de Salamina. Euríbiades no quiso dejarse aconsejar por un ateniense y además él era el comandante en jefe de la armada griega. En un momento tenso durante la discusión, alzó su bastón para golpear a Temístocles, pero éste lo detuvo pronunciando una frase que a día de hoy sigue siendo conocida: «Pega, pero escucha».

Euríbiades se calmó y escuchó los consejos de Temístocles y finalmente decidió no retirarse al istmo de Corinto. Así lo relata Plutarco en “Vidas Paralelas”.

Artemisa al frente de sus barcos.

Artemisa al frente de sus barcos.

Sea como fuere, finalmente los griegos consiguieron no separarse y se mantuvieron unidos pese a las opiniones dispares de sus comandantes.

La mañana de la batalla, Jerjes subió al monte más alto de la zona, el Aigaleo o Egaleo (469 m), y se sentó en un trono dorado dispuesto a contemplar la aniquilación de la flota griega que era muy inferior en número.

Pero una vez más los griegos llevaban la batalla a un terreno favorable, las aguas del estrecho eran un impedimento para la escasa maniobrabilidad de los barcos persas, sobre todo los de los fenicios. Los griegos en cambio, conocían al dedillo cada milla y cada corriente de estas aguas, y estaban dispuestos a regarlas con la sangre de los persas.

Los atenienses y los corintios (estos últimos son los que según Diodoro Sículo y Plinio el viejo inventaron los trirremes) se colocaron a la izquierda, los eginetas y los espartanos a la derecha, donde esperaban atraer a los persas a las aguas poco profundas y estrechas de la bahía de Eleusis, donde los barcos de mayor calado serían presa fácil para los griegos o los elementos.

Temístocles en una maniobra audaz (discutida por las fuentes) ordenó a los 40 trirremes corintios que estaban bajo su mando que izaran velas y se internaran en el canal, fingiendo una retirada. Los persas mordieron el anzuelo y los siguieron. Los trirremes persas estaban diseñados para hacer la guerra en alta mar y llevaban 30 infantes y arqueros. Los griegos llevaban también 30 infantes en total, entre arqueros y hoplitas, en cambio los atenienses llevaban sólo 14 hoplitas y 4 arqueros (toxotai) en cada barco.

Los remeros persas estuvieron toda la noche bogando para llegar temprano al estrecho y estaban agotados, mientras que los griegos habían permanecido a la espera y estaban con el estómago lleno, dispuestos a morir por su libertad.

Los griegos atacaron a la vanguardia persa que se había dispersado tras la persecución de los corintios, el propio Temístocles ordenó darse la vuelta y embestir a sus perseguidores, estos se vieron sumidos en un caos de tablazón, remos rotos y astillas cuando los espolones griegos hicieron su trabajo, los primeros barcos en hundirse eran persas.

La retaguardia de la flota persa quedó embutida en un caos de barcos medos que no podían maniobrar ni atacar a los griegos porque estaban rodeados de sus propios barcos. Una fracción de la flota griega abandonó una pequeña bahía donde se habían ocultado y cargaron contra los laterales de los barcos persas que se encontraban inmóviles, la ratonera preparada por Temístocles había atrapado a los medos muy fácilmente.

Esquilo, el padre de la tragedia griega, que participó en Maratón y en Salamina decía esto acerca de la escena que contempló: «Al principio el torrente de naves de la flota persa resistía», «pero así que la multitud de barcos fue constreñida en una angostura, no se podían valer los unos a los otros.»

Y desde el punto de vista persa: «Se volcaban las quillas de las naves, el mar ya no se veía, cubierto de despojos y de matanza de hombres. Las costas y los escollos se cubrían de cadáveres. Todos los navíos de cuantos quedaban en la flota bárbara se dieron a desordenada fuga. Sin embargo, los helenos nos perseguían y, como si se tratara de atunes o de alguna redada de peces, golpeaban las cabezas de los supervivientes con trozos de remos o restos del naufragio. Un lamento mezclado de sollozos se extendió por la llanura marítima hasta que el ojo de la sombría noche los ocultó al vencedor.»

Galera griega embistiendo.

Galera griega embistiendo.

El combate duró varias horas, hasta que el sol se fue ocultando, la mayoría de los persas se negaban a retirarse porque su rey los estaba observando y no querían deshonrarlo, o bien porque preferían la muerte antes que sus castigos por la derrota. Los egipcios y los fenicios fueron de los primeros en huir, sobre todo porque los primeros habían sido enviados a  bloquear el estrecho occidental de Salamina, más tarde serían ejecutados sus comandantes por cobardía.

Por último quiero destacar la notable actuación de Artemisia I de Caria, reina de Halicarnaso y la primera mujer que comandó una flota, heredada tras la muerte de su esposo. En Salamina salvó su vida gracias a una audaz maniobra que algunos atribuyen a su ingenio y arrojo y otros a la mera suerte. Un trireme griego se dirigía a toda velocidad hacia su barco para embestirla, pero ella ordenó embestir a uno de sus propios barcos carios, hundiéndolo y de esta forma haciendo creer a los griegos que era una aliada. El trierarca del trirreme griego ordenó virar para evitar el choque y así Artemisia se salvó de una muerte casi segura.

La flota persa perdió más de 200 barcos en Salamina, los griegos apenas habían perdido a 40, la victoria helena era total y absoluta. Jerjes tuvo que retirarse por temor a que los griegos navegaran hasta el Helesponto y destruyeran los puentes que él mismo había construido para el paso de su ejército terrestre. Pero la guerra no había terminado. Mardonio quedó al mando de las fuerzas terrestres, que eran 300000. La primavera siguiente los persas volvieron a arrasar Atenas, que había sido parcialmente reconstruida, pero todo un ejército combinado de griegos hizo retroceder a Mardonio y finalmente derrotarlo en las batallas de Platea y Micale, respectivamente. Los griegos aún no lo sabían, pero acababa de finalizar la Segunda Guerra Médica y los persas ya no se atreverían nunca más a invadir la Hélade.

Antonio López López, @Nvmantinvs.

BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES

-Heródoto, los nueve libros de la historia.

-Esquilo, los persas.

-Plutarco, Temístocles.

-Phillipe de Souza, Ed. Osprey, Las Guerras Médicas I, de Maratón a Platea.

-Fernando Quesada Sanz, Armas de Grecia y Roma, la esfera de los libros.

-Jesús Hernández, las mejores anécdotas de la historia miitar, Inédita Editores.

-José Antonio Monge, dichos y hechos de la historia, Chronica Editorial.

 

 

Acerca de Rober

Me llamo Roberto y nací en el año 1979 en Madrid. Apasionado de la historia desde siempre, mi única intención es que compartamos y divulguemos en este espacio cada pedacito de la antigüedad que tanto nos gusta. Me encantaría que recorrieras conmigo este periodo. ¿Te apuntas?, pues bienvenido a Historia o leyenda.


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3 Comentarios en “Salamina, Atenas es vengada.

  • Esther

    Lo primero, debo felicitarte por tan magnífico artículo, que además presenta una muy buena redacción con información clara y precisa. Conocía los hechos principales de esta batalla por medio de novelas históricas y algún que otro artículo que encontraba demasiado pesado por su extensa documentación y falta de explicación de ciertos nombres de ciudades o pueblos (además de la película, la cual cabe destacar que, pese a cumplir en cierta medida los procedimientos de la batalla, sigue siendo ficción). Aquí me he encontrado, desde los primeros párrafos, el inicio de la batalla situada en un contexto limpio, es decir, cualquier duda con la que el lector de este artículo se tropiece, ya desde el primer momento se deja claro quiénes son los participantes en esta gran batalla naval, dónde se sitúan las ciudades presentes y qué trasfondo histórico tenemos para sentir la exhausta lucha entre griegos y persas. Con respecto a la investigación que has realizado, has elegido muy buenas fuentes, tres de ellas de autores clásicos que conocieron o llegaron a participar en Salamina. Quisiera realizar una pregunta acerca de lo que has contado en tu artículo, y es si es Salamina esa penúltima batalla sangrienta que mencionas o si es esa última batalla que cierra la Segunda Guerra Médica, o si se trata de otra batalla que no cobra tanta importancia como la que tiene la de Salamina.
    En mi opinión, este artículo resulta de los más útil para conocer desde un punto de vista amplio y bien estructurado esta batalla naval y, en definitiva, la recomendaría a cualquiera que estuviera interesado en saber más de ella; tanto si ha oído hablar de ella como para quien necesita ese pequeño salto para sumergirse en las aguas, con sus turbulencias y diferentes sabores, que nos ofrece la Historia.

     
    • Rober Autor

      Gracias Esther, le haré llegar el comentario a Antonio, le gustará oirlo. Si quieres decírselo en “persona” su cuenta en twitter es @nvmantinvs, gracias por comentar y por seguir el blog.

       
    • Antonio López

      En primer lugar te agradezco que hayas leído el artículo y haya sido de tu agrado.
      Procuro documentarme lo suficiente para poder narrar de forma fidedigna (dentro de lo que cabe, las fuentes a veces no son fiables) los hechos que acontecieron en la antigüedad, concretamente en las Guerras Médicas.
      Y en lo que respecta a tu pregunta, me refería a Salamina como la penúltima y más sangrienta batalla de este tipo, es decir, batalla naval. La última batalla naval de la Segunda Guerra Médica fue la de Mícala, que según las fuentes antiguas pudo haber tenido más bajas en ambos bandos que la de Salamina, pero no existe una cifra de muertes concreta. Lo que sí se sabe es que Salamina fue una batalla crucial porque evitó el abastecimiento del ejército terrestre persa y además dejó muy tocada a la armada persa. A todo esto debemos sumar la retirada de Jerjes con su consiguiente escolta (numerosa) lo que implica que en Mícala los persas sólo pudieran reunir 300 barcos, no muchos más que los griegos. Esta decisiva batalla de Mícala se produjo el mismo día que la de Platea, que se considera la última de la Segunda Guerra Médica y cuyo artículo también puedes leer en este blog.
      Espero haber respondido a tu pregunta.