Pontes Longi, la batalla sin vencedor 4


Este es un artículo de invitado de Jesús Frutos Alvarez, @Arminio_SWAG

Damos comienzo a esta historia, haciendo un inciso, tras la batalla de Teutoburgo y la muerte de Octavio Augusto. Tiberio, que sucedió a Augusto en el trono, dio permiso a su hijo adoptivo, Julio Cesar Germánico, para iniciar una gran invasión contra los germanos de la recién formada Coalición Germánica, que suponía un peligro demasiado grande, como para dejarla existir.

Germánico, que reunió a ocho legiones, más de 20.000 auxiliares y miles de mercenarios galos y germánicos, cruzó el Rin de una vez, confiado en que Arminio, caudillo de la confederación germánica, le plantase batalla y consiguiera una rápida gloria. Todo lo contrario a los planes de Germánico, Arminio, buen conocedor de las tácticas romanas, evadió siempre el ataque directo, pero organizando periódicamente, pequeñas escaramuzas, contra las ocho legiones que cada vez se adentraban más y más en el corazón de Germania. Las legiones romanas de Germánico, durante su marcha, llegaron al bosque de Teutoburgo, donde sobrecogidos, observaron una increíble cantidad de esqueletos y armaduras, que bajo orden del propio Germánico, enterraron, dándoles un último momento de honor.

La guerra continuaba, y ya en verano del año 15 D.C., desilusionado, cansado y con bajas cada vez mayores, ante la evasividad de Arminio, puso rumbo de regreso a la Galia, para reforzar sus ejércitos, volver a abastecerse y planear otro modo de vencer a Arminio, que les causó innumerables bajas en las escaramuzas. La retirada de germánico se repartió en tres partes: cuatro legiones embarcarían con Germánico, rumbo a Holanda, toda la caballería avanzaría hacia Frisia, al mando de Albinovano Pedo, y el resto, las legiones I Germánica, V Alaudae, XX Valeria Victrix y XXI Rapax, irían por tierra hacia el Rin, lideradas por el veterano general Aulo Cecina Severo.

Las tropas de Cecina en su totalidad superaban los treinta mil efectivos, que tomaron la antigua ruta de Puentes Largos, construida por Lucio Domicio durante sus campañas en Germania, atravesando un terreno de ríos y pantanos. Al instante que llegaron las tropas de Cecina a las primeras pasarelas de los pantanos, este se dio cuenta de que las construcciones y pasos, edificados por Lucio Domicio, no tuvieron mantenimiento alguno, y es que la pasarela tenía tantas fracturas, que imposibilitaba el paso incluso a los caballos. Aulo Cecina Severo, veterano curtido en cientos de batallas, sabía que los germanos de Arminio se aproximaban hacia él, pero jamás pensó que estaban tan cerca, y es que al mismo instante que los zapadores comenzaron las obras en las pasarelas, los espesos bosques que bordeaban el pantano, se comenzaron a llenar de voces y cánticos de guerra germanos. Arminio estaba allí, y no iba a permitir que esas legiones escaparan con vida de Germania.

Germanicus

Germánico al frente de sus legiones

Instantáneamente, Cecina organizó a sus tropas de modo que  la infantería pesada protegiera a los zapadores durante su trabajo, y los auxiliares y demás soldados, cubrieran los flancos de las pasarelas. Las tropas germanas llegaron a la carrera, pero sin dar combate directo, pues Arminio sabia bien que sería una estupidez. Jabalinas, piedras, flechas y todo tipo de proyectiles caían incesantemente sobre los romanos, que constantemente se turnaban en las obras, reemplazando a los heridos y muertos. Otros desafortunados, entre aquel desorden, caían sobre el frío fango, quedando completamente inmovilizados por sus armaduras, cosa que los germanos, al no tener armaduras pesadas, aprovechaban, clavando sus largas lanzas en ellos.

Durante el incesante combate, la noche ya se empezaba a hacer notar, y Arminio ordenó a sus guerreros, volver a las colinas a descansar, mientras que Cecina, formó un consejo militar con sus oficiales. La táctica ahora se trataría de continuar las obras a marchas forzadas, para poder lograr formar las legiones en tierra firme, donde fácilmente vencerían a los germanos. La táctica de Cecina parecía muy viable, pero mientras en las pasarelas, los romanos descansaban y se recuperaban, Arminio mandó a más de seis mil de sus guerreros, para desviar el curso de unos cuatro pequeños ríos, y así echar abajo todo el trabajo realizado anteriormente por los romanos.

A la mañana siguiente, Cecina y sus hombres se encontraron con que el pantano había subido de nivel, y que las anteriores obras, se encontraban inundadas, a lo que se sumaba que otra parte de la antigua pasarela de Lucio Domicio, se la había llevado la corriente. Para empeorar la cosa a Cecina, los germanos volvieron al ataque, miles de aguerridos guerreros lanzaron sus jabalinas y proyectiles, mientras los soldados de Cecina construían a toda prisa los puentes. Ya, tras el medio día, los romanos lograron alcanzar una llanura entre la marisma y los puentes, donde improvisaron un campamento para poder pasar la noche. Una noche, llena de pesadillas, pues no recibieron ataques físicos, pero sí psicológicos a modo de cánticos guturales y alaridos germanos, a los que ni tan siquiera el general Cecina pudo resistirse.

Guerreros germanos. Ilustración de S. Rava

Guerreros germanos. Ilustración de S. Rava

El historiado Tácito, menciona que Cecina despertó en medio de la noche, sudando por todo el cuerpo, y es que tuvo un sueño: estaba mirando al pantano, del que Publio Quinctilio Varo salía cubierto de sangre y barro, haciéndole señas para que fuera con él. Dispuesto a impedir que se repitiera la tragedia de Teutoburgo, Cecina ordenó a sus legados, formar al amanecer, de modo que la Legio I protegiera vanguardia, la XX retaguardia y las V y XXI los flancos. El combate dio comienzo, y los germanos volvían a luchar desde lejos, hasta que las legiones de los flancos, hartas de luchar en el fango e intentar encaramarse a las pasarelas, desertaron, dejando a las demás legiones a su suerte y huyendo hacia la orilla del pantano.

Tras esta deserción, las legiones I y XX, se apresuraron por sacar los bagajes y convoyes  de los puentes. El desorden era total: los carros bloqueaban el paso, los caballos se desbocaban y los centuriones perdieron el control sobre sus legionarios. Fue entonces, cuando Arminio vio la oportunidad de atacar, organizando un ataque masivo para romper en dos la columna romana. Él mismo dirigía una de las “cabezas de jabalíes” que embistieron a los legionarios, que ya nada podían hacer. El propio Cecina perdió el caballo y justo antes de ser capturado, le auxilió una cohorte de la Legio I, que cerraron filas en torno a él. La batalla parecía un desastre para los romanos, pero de repente, los hombres de Inviomero, que formaban el ataque principal, dejaron de luchar a los romanos, centrándose en saquear todo el equipaje de las legiones, momento que Cecina usó para reagrupar las tropas y huir hacia la orilla. Las legiones llegaron a la orilla, cubiertas de sangre y fango, pero para su bien, las otras dos legiones ya habían levantado una empalizada y un pequeño foso, para resistir allí las acometidas y pasar la noche.

Durante la noche, en el campamento romano, los legionarios descansaban a la intemperie, pues los equipajes estaban en los puentes. Con un recuento de bajas que superaba los diez mil hombres, desde el comienzo de la batalla, Cecina volvió a reunir a sus legados. El plan ahora sería vencer o morir. Al alba, los legionarios tendrían una sola oportunidad, y Cecina no la dejaría escapar. Mientras tanto, esa noche, en el campamento germano, los líderes tribales también planeaban la estrategia a seguir. Arminio propuso dejar salir a los romanos, y una vez en el camino, rodearlos y emboscarlos como en Teutoburgo, pero su tío por parte paterna y líder de una cuarta parte del ejercito germano, Inviomero, propuso no dejar escapar a los romanos atacando impulsivamente el campamento al amanecer, a lo que gran parte de jefes apoyaron, apartando a Arminio del mando.

Asamblea germánica.

Asamblea germánica.

Al alba, decenas de miles de germanos en masa, cargaron al asalto de los muros del campamento, pero estos se encontraban sin apenas soldados apostados. Cuando los germanos ya estaban escalando las empalizadas, un gran número de cuernos y trompetas sonó, a la vez que las cuatro puertas del campamento de abrieron. Por cada puerta, legionarios romanos de cada legión y en formación cerrada, salieron a la carrera, cargando contra unos germanos que fueron tomados por sorpresa, generando el pánico en toda la líneas. Inviomero fue gravemente herido y más de cuatro mil germanos murieron en ese fatídico asalto, huyendo y perdiendo todo lo que habían ganado anteriormente. Los legionarios romanos saquearon y rapiñaron lo que pudieron y se reagruparon al medio día, dando inicio al viaje de regreso al Rhin, donde llegaron pocos más de 18.000 legionarios, heridos, cansados y hambrientos a la ciudad de Vereta, donde les recibió Agripina, esposa de Julio Cesar Germánico que les agasajó de oro, comida y medicinas. Entre estas legiones, la Primera se ganó el apodo de Germánica, por su heroico rescate del general Aulo Cecina Severo y por ser pieza más que clave en la huida de Puentes Largos.

Las fuentes clásicas dicen que fue una victoria romana, pero claro, que van a decir ellos, realmente no ganó nadie, las bajas acumuladas por los romanos hicieron que la retirada fuera de todo menos victoriosa, y el ímpetu germánico permitió a los romanos defenderse como realmente sabían hacerlo, poniendo en fuga a la horda germana. No sería el último enfrentamiento entre germanos y romanos, pero bueno eso como sabéis es otra historia.

Bibliografía y fuentes:

Stephen Dando-Collins, Legiones de Roma

Tácito, Anales

 

Acerca de Rober

Me llamo Roberto y nací en el año 1979 en Madrid. Apasionado de la historia desde siempre, mi única intención es que compartamos y divulguemos en este espacio cada pedacito de la antigüedad que tanto nos gusta. Me encantaría que recorrieras conmigo este periodo. ¿Te apuntas?, pues bienvenido a Historia o leyenda.


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