Pirro, guerra en Italia (II) 2


En la primera parte sobre la vida de Pirro, habíamos dejado al rey griego con una propuesta de auxilio de los tarentinos para enfrentarse a Roma en el año 281 a.c., y Pirro igual que un niño con un juguete nuevo se dispuso a preparar la expedición a Italia.

Enviados tarentinos advirtieron que los romanos habían sometido a todos sus vecinos, y que su ansia de conquista amenazaba la Magna Grecia. Ofrecían para detenerlos un enorme recurso humano de cerca de 200.000 hombres a su disposición (casi 300.000 según Plutarco), imaginad la cara que se le quedó a Pirro al verse al mando de un ejército tan enorme, ya visualizaba la conquista de Italia, luego vendría Sicilia y por qué no, la propia Cartago.

El rey griego embarcó un ejército compuesto por 20.000 infantes, 3.000 caballos, 2.000 arqueros, 500 honderos y 20 elefantes, una fuerza disciplinada y muy a tener en cuenta. Pero Poseidón no le fue propicio y una terrible tormenta dispersó la flota, hundiendo varias embarcaciones o arrastrando lejos a la mayoría, desde luego la expedición no empezaba muy bien. Sólo una pequeña parte de la flota se salvó sin daños, y con esta exigua fuerza se dirigió hacia Tarento. Lo que vio cuando llegó allí le irritó sobremanera, pues los tarentinos no parecían dispuestos a luchar por su ciudad, ociosos y vagos esperaban que los epirotas hicieran el trabajo sucio.

Pirro no pensaba permitirlo, y ni corto ni perezoso cerró o prohibió todos los establecimientos de ocio, incluidos los teatros, e intentó obligar a los ciudadanos en edad de combatir a formar una leva de hoplitas, lamentablemente muchos de los jóvenes prefirieron huir de la ciudad antes que enfrentarse a los latinos. Éstos a su vez no perdieron el tiempo, el senado formó un ejército de cuatro legiones al mando del cónsul Levino que marchó sin demora hacia Tarento, atravesando por Lucania, y los aliados de Pirro sin aparecer.

El epirota tenía que ganar tiempo como fuera y envió una embajada presidida por Niceas, un gran orador, para ofrecerse como mediador en el conflicto. El cónsul demostrando su vena patricia, respondió que Roma no necesitaba ningún árbitro y que sólo el hierro decidiría quien era dueño de Italia. Como muestra de su determinación avanzó con su ejército hacia Heraclea y acampó en las inmediaciones. Pirro quiso ver con sus propios ojos a que se enfrentaba y al ver la disposición y defensas del campamento romano se sorprendió ya que esperaba que fueran un atajo de bárbaros apiñados sin disciplina.

heraclea

Los ejércitos se encontraron a orillas del río Siris. Levino contaba con 40.000 infantes entre las legiones consulares y las socii italianas, además de 5.000 jinetes, siempre y cuando las legiones estuvieran completas claro, de todas formas un ejército de un buen tamaño. Pirro a su vez pudo reunir una fuerza de 25.000 a 30.000 hombres, incluidos 2.000 jinetes y 20 elefantes, una hueste menor en número que la de sus enemigos pero experimentada y motivada.

Nuestro rey guerrero quiso hacer el primer movimiento, pero cuando quiso hacer avanzar a la falange, los romanos ya estaban cruzando el río y formando en su orilla, es más, sus peltastas e infantería ligera estaban siendo rechazados con facilidad por los latinos. Inmediatamente ordenó a la caballería que se lanzase contra su homónima romana para evitar que cerraran por su flanco a la misma infantería ligera que ahora se retiraba. En ese momento las dos infanterías pesadas avanzaron una contra otra y se atacaron sin piedad, la flexibilidad de los manípulos contra el muro de sarisas, cabezas reventadas, miembros sajados o amputados, una auténtica masacre vaya. Mientras, Pirro tenía otro de sus enfrentamientos épicos cuerpo a cuerpo contra un comandante de la caballería socii romana, sólo que esta vez resultó herido y desmontado de su cabalgadura, por suerte su guardia personal pudo retirarlo del combate.

La lucha entre las infanterías no cejaba, los muertos y los heridos se acumulaban en el suelo, por más que los epirotas intentaban romper la formación romana no conseguían más que rabiosos contraataques. Pirro decidió lanzar su arma más mortífera: los elefantes. Los paquidermos atacaron la caballería romana que huyó despavorida ante los colmillos y el tamaño de lo que se les echaba encima, momento que aprovechó el rey para colarse con la caballería tesalia por la brecha y derrumbar la línea latina. Lo que llegó después fue la típica persecución a los retirados que caían por decenas.

El campo de batalla estaba plagado de cadáveres, según Diodoro de Halicarnaso las bajas romanas ascendieron a 15.000, mientras que las griegas sumaron 13.000, sin embargo, Jerónimo de Arcadia es más comedido y comenta que fueron 7.000 y 4.000 respectivamente. Pirro al mirar a su alrededor se percató que la campaña en Italia no iba a ser tan fácil como creía.

Y que razón tenía, en un breve periodo de tiempo el senado reunió otro ejército para enfrentarse a Pirro, tan rápido lo hizo que podemos decir que pillo al rey con “la clámide bajada”, sin fuerzas suficientes disponibles para plantar cara. De nuevo envió embajadores para intentar solucionar el conflicto por vía diplomática, pero se encontró con una negativa tajante, incluso a pesar de la derrota en Heraclea, los romanos parecían más beligerantes que antes. Esto fue gracias a la intervención de Apio Claudio, un patricio de rancio abolengo, que a pesar de ser ciego y muy muy viejo, supo encender la llama patriótica de sus colegas senatoriales con un emotivo y duro discurso.

Las negociaciones se prolongaron un poco más gracias a la insistencia de Pirro, que se mostraba como mediador y alababa la condición guerrera de los romanos. Todo fue infructuoso, ya sabéis que Roma podía perder batallas, pero siempre se levantaría mientras quedara un solo hombre para combatir.

Así llegamos al año 279 a.c., cerca de la ciudad de Asculum, en la mitad sur de Italia. Pirro ya contaba con la ayuda de samnitas, oscos y un contingente de aguerridos macedonios. De nuevo tampoco podemos precisar con exactitud el número de las tropas, pero si podemos asegurar que era más nutrido que en Heraclea, una cifra aproximada pueden ser unos 40.000 infantes, 9.000 jinetes y los 20 elefantes que tan buen resultado habían dado con anterioridad. Los romanos presentaron un ejército muy similar en número, 40.000 infantes, 8.000 jinetes y su arma secreta, 300 carros, de los que hablaremos unas líneas más abajo.

la-batalla-de-Heraclea

Anticipándose a los griegos, los latinos ocuparon una pequeña colina llena de zonas boscosas y matorrales que impedían la plena acción de la caballería y elefantes de Pirro. Pero nuestro aguerrido rey no iba a quedarse con los brazos cruzados a pesar de la ventaja romana. La infantería griega entró en acción presionando la línea de batalla con desigual éxito, la falange macedonia estaba consiguiendo sus objetivos en el flanco derecho, pero los epirotas, lucanos y tarentinos cedían terreno en el centro. Parecía que Heraclea se repetía, y de nuevo Pirro ordenó avanzar a los elefantes para tapar el hueco y desmoralizar a los romanos, pero esta vez los latinos estaban preparados y contrarrestaron el ímpetu de las moles grises con carros tirados por bueyes y erizados con lanzas e infantería entrenada para hostigar a los paquidermos.

La táctica romana surtió efecto y detuvo en seco la carga de los elefantes, y la lucha continuo hasta que la noche se les echó encima y el encarnizado combate se detuvo sin un claro vencedor. A la mañana siguiente Pirro fue más rápido en ocupar el promontorio y adquirir la ventaja del terreno, los hostigadores e infantería ligera allí apostados obligaron a los romanos a formar en el llano donde la falange podía desplegar todo su poder.

Los romanos no se amedrentaron y cargaron con un ímpetu mucho más agresivo que el día anterior, querían acabar lo más pronto posible, pero los helenos no cedieron esta vez y aguantaron estoicos las embestidas. Otra vez los elefantes cargaron y su respuesta romana con carros no se hizo esperar, sin embargo fue Pirro quien le dio la vuelta al engaño, lanzando una lluvia de proyectiles que hizo huir a los bueyes y carros. Los elefantes ya sin oposición, pudieron quebrar la formación romana abriendo un hueco por donde Pirro atacó con la guardia real. Las legiones tuvieron que retirarse sin remedio, eso sí, con orden y disciplina.

Pirro cargando en Asculum. Ilustración Giussepe Rava.

Pirro cargando en Asculum. Ilustración Giussepe Rava.

Pirro había vencido de nuevo, pero el enemigo no había huido, sino que se retiró cediéndole el campo de batalla. Las bajas habían sido muy parejas, los romanos perdieron  6.000 ciudadanos y socii, y por parte griega fueron cerca de 4.000 de las mejores tropas, no es de extrañar que después de la batalla Pirro comentara: “Otra victoria más como esta y volveré solo a Epiro”.

Convencido de su victoria, el rey quiso definir los términos de la rendición de Roma (en este sentido desde luego no conocía a su enemigo), una nueva negativa precipitó un cambio en la forma de llevar la guerra por los aliados del rey heleno, muchas de las ciudades que le reclamaban como salvador ahora le abandonaban, necesitaba una forma de irse de la península itálica sin perder prestigio.

Y esa manera la encontró en Sicilia, las ciudades de Agrigento y Siracusa le necesitaban para combatir contra los cartagineses. Parecía que su destino era ir de guerra en guerra recorriendo el mediterráneo, pero Pirro no solía rechazar ese tipo de proposiciones y le abría el camino para una magnífica base de operaciones. ¿Sería capaz de salir victorioso de Sicilia?, podréis comprobarlo en el artículo final de esta serie sobre Pirro.

 

Bibliografía y fuentes:

Plutarco, Vidas paralelas.

Dionisio de Halicarnaso, Historia antigua de Roma.

Apiano de Alejandría, Historia romana I-V.

 

 

Acerca de Rober

Me llamo Roberto y nací en el año 1979 en Madrid. Apasionado de la historia desde siempre, mi única intención es que compartamos y divulguemos en este espacio cada pedacito de la antigüedad que tanto nos gusta. Me encantaría que recorrieras conmigo este periodo. ¿Te apuntas?, pues bienvenido a Historia o leyenda.


Deja un comentario

2 Comentarios en “Pirro, guerra en Italia (II)