Pirro, el final del rey que quiso ser Aquiles (III) 2


La guerra en Italia había dejado patente para Pirro que la victoria no siempre es dulce. La acumulación de bajas y el abandono de sus otrora aliados, habían dejado al ejército del epirota en una delicada situación, pero no podía abandonar Italia como si hubiese sido derrotado, necesitaba una buena excusa para salir con su honor intacto. Como ya os conté en el anterior artículo, esa oportunidad vino de mano de las polis de Sicilia, que necesitaba de su ayuda para expulsar al poder dominante del mediterráneo occidental en aquél tiempo: Cartago. Las ciudades de Siracusa, Agrigento y Leoncio se pusieron a su disposición para llevar a cabo la tarea.

Casi al mismo tiempo recibió noticias de Grecia, el rey de Macedonia había muerto en combate contra los celtas. Pirro no se lo podía creer, tenía ante sí el dilema de elegir Grecia o Sicilia como objetivo. Finalmente se decidió por la última opción ya que la situación política en Grecia siempre era inestable, por no hablar de los posibles usurpadores que podían salir al paso, y si le sumamos la tradicional costumbre macedonia de traicionar al rey, pues poco más había que pensar.

Envío a su hombre de confianza, Niceas, a Sicilia para organizar los preparativos de su llegada. A su vez parlamentó con los tarentinos convenciéndolos de que el golpe definitivo a Roma debería esperar un tiempo, y como compensación dejó una nutrida guarnición en la ciudad pese a las quejas de los oligarcas de la polis. Y os preguntaréis que hacía Roma mientras tanto, pues hay que pensar que habían sido derrotados en dos ocasiones, y aunque fue por un margen escaso, la ciudad de las siete colinas no era por entonces la poderosa urbe de siglos posteriores. En definitiva, si Pirro decidía irse a Sicilia pues mejor que mejor. Pero no se limitaron a esperar, Roma tenía un acuerdo comercial con Cartago, y mientras el senado pensaba en ratificar una tregua con el epirota, recibió una embajada de la ciudad norteafricana que le ofrecía una alianza militar en contra de Pirro, sí sí, leéis bien una alianza con Cartago. El senado era consciente del poder naval y económico de los púnicos y aceptaron la alianza, aunque no se atrevieron a atacar Tarento ya que era una gran ciudad y Pirro siempre podía volver relativamente rápido de Sicilia.

Pirro de Epiro. Ilustración Angus McBride.

Pirro de Epiro. Ilustración Angus McBride.

Pero Pirro solo pensaba en Sicilia y que si la conquistaba, África quedaría a tiro de piedra, o más bien a golpe de remo de trirreme. Nada más llegar demostró a que había ido allí, con un ejército de 30.000 soldados, 2.500 jinetes y una flota de 200 naves fue “barriendo” a los púnicos hasta relegarlos a su propio territorio en el lado occidental de la isla. Forzó a los cartagineses a recluirse en sus ciudades, Lilibea resistió gracias a la flota que permitía el abastecimiento con facilidad, pero Eryx (Erice) no tuvo tanta suerte, y resuelto a conseguir una gran victoria, Pirro celebró unos juegos en honor de Heracles y se dispuso a tomar la ciudad. Plutarco nos narra en sus vidas paralelas como después del típico lanzamiento de proyectiles pesados y jabalinas, el propio Pirro trepó por las escalas siendo el primero en poner pie en las murallas, luchaba como el mismísimo Ares, dando muerte a su paso y sin recibir herida alguna.

La ciudad fue tomada, y como un rodillo recorrió toda la isla hasta que los cartagineses le ofrecieron una compensación para detener la guerra, contraviniendo así el tratado con Roma, de hecho Cartago ofreció abandonar Sicilia, sólo pedían a cambio mantener la ciudad de Lilibea. Pirro no aceptó la oferta, quería a los cartagineses en África.

Mientras tanto, los mamertinos, oriundos de la ciudad de Mesena intentaban oponer resistencia inútilmente a Pirro, que, envalentonado con sus victorias realizó un asalto infructuoso contra Lilibea. El fracaso en la ciudad fortificada de los púnicos le hizo perder prestigio, y le sentó como un proyectil de honda en sus reales partes, poco a poco empezó a tornarse más cruel con cada acción bélica que realizaba.

Movimientos del rey epirota en el sur de Italia y Sicilia.

Movimientos del rey epirota en el sur de Italia y Sicilia.

Ciertamente tenía de una u otra forma casi toda Sicilia rendida a sus pies, y parece ser que se emborrachó de poder. Trató a las poblaciones sometidas como un tirano de la peor clase: destierros, nombró puestos a dedo entre sus partidarios, humillaciones, incluso alguna condena a muerte. Ante este panorama los sicilianos pensaron que más vale malo conocido…, en definitiva, las ciudades que antes aclamaban a Pirro ahora suplicaban a cartagineses y mamertinos, podéis comprobar que parece una tónica en la vida del rey griego que sus aliados terminen pidiendo ayuda a sus antiguos enemigos. Viéndose acosado y con noticias de los samnitas y tarentinos, que cada vez perdían más terreno frente a los romanos, decidió volver a Italia donde todavía podía decir que estaba invicto.

No sería fácil llegar hasta Tarento, ya en el mar, una flota cartaginesa atacó los navíos del rey en la travesía haciéndole perder decenas de barcos, y como recibimiento les esperaba un ejército de 10.000 mamertinos (según Plutarco) que habían cruzado el estrecho antes que ellos. De nuevo, heroicamente el ejército epirota se abrió paso luchando hasta minar el entusiasmo de los de Mesara y llegaron a Tarento, pero sufriendo cuantiosas bajas. Después de recuperar algo de territorio y atacar alguna ciudad sublevada, decidió marchar sobre Benevento, ciudad donde se encontraba el cónsul Manio Cunio Dentato con su ejército. Pirro intentó un ataque sorpresa acercándose al campamento enemigo por la noche, pero sus soldados se perdieron y sólo pudieron reunirse con la luz del día y a la vista de los romanos, la batalla estaba servida.

De la batalla de Benevento no se tiene mucha información, las cifras más fiables que he logrado recapitular eran de 20.000 infantes, 17 elefantes y 2.000 jinetes por parte de Pirro, y un número muy similar de romanos, unos 18.000 infantes y 1.500 jinetes. La batalla fue incluso más cruenta que las dos anteriores, dejando exhaustos a los dos ejércitos pero con la diferencia de que los romanos podían formar otro en un tiempo relativamente corto, sin embargo Pirro ya no tenía de donde sacar más reemplazos para sus experimentadas falanges. Benevento fue el final de la aventura de Pirro en Italia, pero no creáis que se había cansado de guerrear, al volver a Grecia derrotó al rey de Macedonia (Antígono II) y de paso declaró la guerra a Esparta.

Los elefantes cargan en Benevento.

Los elefantes cargan en Benevento.

Estando de campaña en el Peloponeso, atacó la ciudad de Argos. La lucha, calle por calle, obligó al ejército de Pirro a emplearse a fondo, pero los dioses debieron perder el interés en Pirro y le retiraron su favor. Mientras combatía manteniendo la posición, el rey fue herido por una jabalina, al girarse e intentar atacar al autor del lanzamiento, la madre del muchacho que, presenciaba el combate desde su casa, temiendo por la vida de su hijo lanzó una teja con tal acierto que dio en la nuca de Pirro y lo descabalgó. Rodeado y aturdido, Pirro fue muerto y decapitado, un final aciago para un rey que buscaba la gloria a toda costa. Un ejemplo de que la ambición desmedida tiene su precio, incluso para un gran estrategos como fue Pirro, y bajo mi opinión personal su declive empezó en Italia, aunque las victorias puedan maquillar la realidad.

Podemos decir que Pirro fue el primer enemigo de envergadura al que se enfrentó Roma y aunque no ganó la guerra, tampoco la perdió realmente ya que la ciudad del Lacio estaba destinada a gobernar el mundo antiguo, pero bueno eso como sabéis, es otra historia.

Bibliografía y fuentes:

Plutarco, Vidas paralelas.

Dionisio de Halicarnaso, Historia antigua de Roma.

Apiano de Alejandría, Historia romana I-V.

 

 

 

Acerca de Rober

Me llamo Roberto y nací en el año 1979 en Madrid. Apasionado de la historia desde siempre, mi única intención es que compartamos y divulguemos en este espacio cada pedacito de la antigüedad que tanto nos gusta. Me encantaría que recorrieras conmigo este periodo. ¿Te apuntas?, pues bienvenido a Historia o leyenda.


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2 Comentarios en “Pirro, el final del rey que quiso ser Aquiles (III)

  • Michel Ponce

    Buena zaga de Pirro, un buen general en términos militares, pero demasiada ambición murió en su ley. Sigue adelante. sugerencia Hacer lo mismo de Aníbal y el épico cruce de los Alpes hasta su derrota final en Zama, saludos desde el Corazón de Sudamerica

     
    • Rober Autor

      Pirro quería emular a su pariente Alejandro Magno, desde luego no eludía el combate y procuraba buscar la gloria a toda costa, era cuestión de tiempo que muriera en una de sus campañas.