Piratas, señores del Mediterráneo 4


Este es un artículo de invitado escrito por Antonio López López @Nvmantinvs

La piratería ha estado presente desde prácticamente los inicios de la humanidad, siendo una forma de obtener botín, desde comida al principio, hasta joyas, barcos e incluso personas, para posteriormente esclavizarlas o pedir un rescate por ellas.

Y como no podía ser de otra manera, la piratería está estrechamente ligada al mar, por lo tanto podemos darle prácticamente la misma antigüedad que la navegación, pero no todos los actos piráticos ocurrieron en el mar, ni siquiera en el agua.

La piratería también aparece en los mitos, con los mismísimos Dionisio y Heracles enfrentándose a los piratas. También podemos encontrar numerosas referencias a los piratas en la literatura y en las grandes epopeyas de la antigüedad, este es un ejemplo de ‘La Odisea’ que me gustaría mencionar:

¡Oh forasteros! ¿Quiénes sois? ¿De dónde llegasteis navegando por húmedos caminos? ¿Venís por algún negocio o andáis por el mar, a la ventura, como los piratas que divagan, exponiendo su vida y produciendo daño a los hombres de extrañas tierras?

Vayamos a conocer a un personaje de renombre que participó en la Primera Guerra Médica, gobernador del Quersoneso tracio y famoso estrategos. Su nombre: Milcíades II el Joven. Participó en numerosas incursiones durante la Revuelta Jónica que se basaban más en conseguir botín que en ayudar a los jonios en dicha revuelta. Se le puede considerar un pirata ilustre. Pero no olvidemos que pese a sus ansias de riquezas fue uno de los estrategos que estuvo presente en la batalla de Maratón y que puso a disposición su flota siempre al servicio de Atenas, finalmente fue condenado por traición pero salvó su vida gracias a la intervención del pueblo, de todas formas fue encarcelado por no poder pagar una multa y murió por una gangrena en la pierna.

En el 475 a.C. Cimón de Atenas, el hijo del anteriormente mencionado Milcíades, conquistó la isla de Esciros. Supuestamente la expedición griega tenía el objetivo de recuperar los restos mortales de Teseo, que un oráculo había ordenado traer desde esa isla a Atenas. La isla de Esciros estaba habitada por la tribu tracia de los dólopes, los de Esciros según Plutarco eran piratas. Estos dólopes de Esciros tenían numerosas flotillas y se podría decir que estaban en constante conflicto con los griegos del Helesponto, además habían colaborado con los persas en las Guerras Médicas.

Recreación de un pirata cilicio. Torquay Museum, Reino Unido

Recreación de un pirata cilicio. Torquay Museum, Reino Unido

Dejando de lado a los griegos, casi trescientos años después de la hazaña de Cimón encontramos a la República romana asediada constantemente por los ataques de los piratas. Entre el 104 y el 102 a.C. se reunió una flota al mando del pretor Marco Antonio el Orador (abuelo del triunviro) para combatir a los piratas de Cilicia y de Panfilia (ambas al sur de la  actual Península de Anatolia) y dicha flota fue formada principalmente por buques que habían sido pedidos a los puertos comerciales que dependían de la República, no había tiempo que perder.

La victoria de Marco Antonio no fue completa ya que muchos piratas huyeron y se refugiaron en Creta, cuna de la piratería, muchos de ellos retomaron su actividad pirática poco después del regreso de Marco Antonio, pero aun así éste se ganó el triunfo y tendrían que pasar más de treinta años para contemplar más acciones importantes contra los piratas. Por cierto, Marco Antonio fue posiblemente el que anexionó Cilicia a la República romana en calidad de provincia.

En el 75 a.C. encontramos a un joven patricio romano que huía de la represión que Sila estaba impartiendo en Roma, se dirigía a Bitinia (según Plutarco) para pedir asilo al rey Nicomedes, a ambos les unía una gran amistad. Pero su barco fue apresado por unos piratas cilicios cerca de la isla de Farmacusa, según Suetonio este patricio se dirigía a la isla de Rodas para descansar y perfeccionar su retórica con el maestro Apolonio Molón. Ya sea como dice Plutarco o como dice Suetonio, su barco fue apresado por los piratas, y permaneció unos cuarenta días como prisionero. Cabe destacar dos cosas, la primera es que los piratas al ver que se trataba de un personaje importante quisieron cobrar un rescate de 20 talentos de oro a lo que el romano respondió con una sonora carcajada y le dijo  al pirata que 20 eran demasiado poco para el valor de su persona y que cobraría 50 talentos (Según Plutarco. Suetonio elevó la cifra a los 150 talentos) pero que volvería y todos serían crucificados. Tengamos en cuenta que un talento griego equivalía a unos 26 kilos, con lo que el precio de su rescate serían 1300 kilos de oro, no está nada mal ¿verdad?

Este joven de 24 años era ni más ni menos que Julio César, y se le atribuye la siguiente frase dirigida al capitán pirata: “Caesarem vehis, Caesarique fortunam “es decir, llevas a César y a la fortuna de César. Aunque como tantas otras frases atribuidas al divino Julio no sabemos si en realidad la dijo, posiblemente la dijera en otra ocasión, durante una travesía tormentosa en el Adriático. Lo que sí es cierto es que su cautiverio fue mucho más llevadero de lo que cabría esperar en nuestra imaginación, les obligaba a bajar la voz para que él pudiera dormir, e incluso se dedicaba a leerles discursos y poesías que él mismo componía y los amenazaba constantemente con crucificarlos si no aplaudían al escuchar dichas composiciones, los tomaba por bárbaros y nunca tuvo el trato de un prisionero. Los piratas atribuían estas amenazas a la juventud y el sentido del humor de ese extraño y altivo romano.

Joven Julio César cautivo por los piratas.

Joven Julio César cautivo por los piratas.

Finalmente, tras cuarenta días de cautividad, llegó el rescate desde la isla de Mileto y César fue liberado. Lo primero que hizo al llegar a la isla fue reclutar varias embarcaciones y tripulación suficiente para vengarse de los piratas, y así lo hizo. Una vez sorprendidos y capturados los confiados piratas que ni siquiera habían zarpado del puerto de Mileto fueron llevados a la prisión de Pérgamo (cerca de la actual Bergama, Turquía) César partió para entrevistarse  con el gobernador romano de la provincia de Asia y pedirle que colgara a los piratas, pero dicho gobernador sólo le interesaba sacar beneficio y el oro del rescate ya había vuelto a las manos de su legítimo dueño, por lo tanto no emprendió ninguna acción contra los piratas. César entonces comprendió que no lograría su propósito de venganza allí y decidió acudir a Pérgamo para ejecutar él mismo junto con los mercenarios que había contratado a aquellos piratas. Y así lo hizo, los sacó de la cárcel y fueron crucificados, se cumplió su promesa, la primera de muchas

En el año 74 a.C. se dio un importante paso para acabar con la piratería en el Mediterráneo, la ciudad de Cirene (actualmente en las costas de Libia) había sido anexionada por Roma, antiguamente había formado parte del Egipto Tolemaico pero más tarde se convirtió en una guarida de piratas.

En el 68 a.C. los piratas cilicios seguían haciendo de las suyas en las costas italianas y hasta llegaron a adentrarse en el puerto de Ostia  y destruyeron una flota consular que se hallaba fondeada, además saquearon el puerto de Caieta (la actual Gaeta), destino de vacaciones de muchos patricios, capturaron dos pretores junto con sus doce lictores (fasces incluidas) e incluso llegaron a raptar a varias matronas para pedir rescate, entre ellas se encontraba la hija de Marco Antonio, el anteriormente mencionado.

En el mismo año Quinto Cecilio Metelo Pío (el hijo de Metelo el Numídico, vencedor en la guerra de Yugurta) conquistó Creta, un importante foco de resistencia pirata que el año siguiente se convertiría en provincia romana.

Ya sólo quedaba Cilicia, y para ello la República recurrió a Cneo Pompeyo Magno quien obtuvo el mando de todas las flotas romanas y se le encomendó la tarea de limpiar el Mare Nostrum de piratas, y vaya si lo hizo…

Su mandato tendría una duración de tres años pero sólo necesitó cuarenta días para cumplir su tarea. Primero navegó hacia el este, derrotó a los piratas cilicios en su propia casa y luego fue a por el resto. Pero no es oro todo lo que reluce, y es que Pompeyo, al igual que Marco Antonio antes que él, no se dedicó por completo a acabar con los piratas, hizo tratos con ellos, les concedió el perdón y los estableció en pequeñas granjas. Todas ella debían estar cerca de un río o de la costa, ¿casualidad?, no lo creo. La mayoría de los piratas fueron establecidos en Dimes (Kato Achaia, Grecia), Adana (Turquía), Malo (cerca de Kiziltahta, Turquía), y no podemos olvidarnos de Pompeyopolis (en latín Pompeiopolis), la antigua ciudad cilicia de Solos (Turquía) que fue refundada por Pompeyo y poblada por piratas “reformados”, la historia siempre se repite.

Pompeyo el Grande derrota a los piratas cilicios, 66 a.C. Ilustración de Giuseppe Rava.

Pompeyo el Grande derrota a los piratas cilicios, 66 a.C. Ilustración de Giuseppe Rava.

Pero el nomen “Pompeyo” no siempre fue sinónimo de triunfos y aclamación en Roma y es que Sexto Pompeyo, el hijo menor de Pompeyo Magno llegó a ser considerado un pirata a tener en cuenta y el último rival que tuvo el Senado por el control de la República.

Presenció el asesinato de su padre en Egipto y participó en la batalla de Munda donde fue muerto su hermano, él se salvó ocultándose. Tras el asesinato de César en los idus de marzo del 44 a.C. Sexto Pompeyo se fue haciendo fuerte en el mar. Empezó a reunir barcos y se adueñó de Sicilia, una importante acción estratégica ya que el suministro de alimentos de Roma dependía en gran medida de los cereales de Sicilia. Aunque intentasen llegar barcos cargados de cereales desde Cartago o Egipto los piratas de Sexto los podían interceptar.

Esta situación angustiosa para Roma obligó a los tribunos a llegar a un acuerdo con Sexto, por mediación de Lucio Escribonio Libón, el suegro de Sexto, este acuerdo se denominó Pacto de Miseno. Octavio y los tribunos le entregaron a Sexto el control de Sicilia, Córcega, Cerdeña y Acaya a cambio de que él pusiese fin a sus ataques y de esta forma poder abastecer de grano a Roma.

Reconstrucción facial de Pompeyo el Grande (106-48a.C).

Reconstrucción facial de Pompeyo el Grande (106-48a.C).

Más tarde incluso le fue propuesto un consulado de manos de Octavio para el año 33 a.C. y el cobro de una indemnización cuantiosa. Pero ninguna de las dos se llevó a cabo y varios motivos propiciaron la ruptura de la paz y la vuelta a las hostilidades por parte de Sexto.

En el 38 a.C. un legado de Sexto llamado Menodoro se pasó al bando de Octavio y Sexto perdió muchos barcos además de Córcega y Cerdeña. Octavio pasó a la ofensiva pero fue derrotado dos veces. Finalmente Marco Vipsanio Agripa recibió el mando supremo de la flota que se enfrentaría a Sexto. Menodoro regresó con Sexto descontento por el trato de Octavio y Sexto se vio sitiado en Sicilia. Pero de las tres flotas enviadas por Octavio sólo la de Agripa llegó a su destino. Menodoro volvió a traicionar a Pompeyo.

Agripa derrotó a Sexto en dos batallas y destruyó o capturó prácticamente toda la flota pompeyana. Sexto Pompeyo huyó a Mesina para posteriormente zarpar a Oriente para planear su venganza. Intentó que los partos le suministraran tropas. Finalmente se vio sin escapatoria frente al enviado de Marco Antonio, Marco Titio, que disponía de 120 barcos. Con sus 17 barcos nada podía hacer Sexto, tuvo que quemar sus naves (mucho antes que Cortés) y su tripulación lo abandonó, incluido su suegro al ver que no quería pactar con Marco Antonio.

Intentó huir a Armenia pero las tropas de Antonio lo capturaron y estuvo recluido un breve periodo de tiempo en Mileto, allí fue ejecutado sin juicio previo por orden de Titio.

Durante la Tercera Guerra Servil, Espartaco estaba situado en el estrecho de Mesina intentando hacer un trato con los piratas cilicios para que embarcasen a dos mil de sus mejores hombres que servirían de avanzadilla para hacerse fuertes en Sicilia y lograr desembarcar el resto del ejército, pero los piratas se echaron atrás, posiblemente alguien les pago más, se especula que fue Craso.

Como decía Cicerón: «No se puede confiar del pirata ni firmar con él ningún tratado que obligue a ambas partes.»

Los piratas continuaron muchos siglos haciendo de las suyas, incluso hasta la actualidad, pero eso como sabéis es otra historia.

Fuentes:

Vida de los Doce Césares, Suetonio

Vidas Paralelas, Plutarco

Piratería en la antigüedad: Un ensayo sobre historia del Mediterráneo, Henry Ardene Ormerod

Rubicón, Tom Holland

Historia de Roma, libro IV, Theodor Mommsen

Historia de Roma desde su fundación, tomo III, Tito Livio

La República Romana, Isaac Asimov

La guerra de Espartaco, Barry Strauss

 

Acerca de Rober

Me llamo Roberto y nací en el año 1979 en Madrid. Apasionado de la historia desde siempre, mi única intención es que compartamos y divulguemos en este espacio cada pedacito de la antigüedad que tanto nos gusta. Me encantaría que recorrieras conmigo este periodo. ¿Te apuntas?, pues bienvenido a Historia o leyenda.


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