Numancia y las guerras celtíberas 13


Hablar de Numancia es hablar de resistencia hasta las últimas consecuencias, de heroísmo que roza la locura, de la lucha más noble que pueda existir, la de la libertad y enfrentamiento contra el opresor o invasor. Exaltada por los propios romanos,  más tarde por el reino leonés en plena reconquista, incluso en la guerra de la independencia con la aguerrida resistencia de los zaragozanos frente al invasor francés, sirvió de acicate para elevar la moral y aumentar el sentimiento nacional del momento.

Si fuéramos anglosajones ya tendríamos varias superproducciones en cine o series que contaran las peripecias y resistencia a ultranza de los antiguos celtíberos, como tantas otras veces nos olvidamos de que nuestro territorio es abono para leyendas, pero leyendas reales. Así que como pequeño homenaje por nuestra parte, hoy le dedicamos estas líneas a todos aquellos que perecieron en aquella ciudad fortificada que resistió casi veinte años de conflicto.

En el año 218 a.c. los romanos pusieron pie por primera vez en Hispania. Cneo Cornelio Escipión desembarcó en Emporiae (Ampurias) al frente de dos legiones, su misión era atacar la retaguardia cartaginesa y evitar que llegaran refuerzos desde la península Ibérica  hacia Italia, donde Aníbal estaba poniendo las cosas muy difíciles a la república. Poco se imaginaban nuestros antepasados que la llegada de esta nación nos cambiaría para siempre. Y es que Hispania era riquísima en recursos naturales, era fértil, había plata en abundancia, por lo tanto acabada la guerra los romanos decidieron quedarse.

El primer Cónsul que se aventuró hacia la meseta fue Marco Porcio Catón, elegido para la magistratura en el año 195 a.c. Sofocó una revuelta de los íberos e inició una política de explotación sobre los territorios conquistados que, a partir de entonces sería modelo a seguir por sus predecesores. Catón merodeo Numancia de camino a su base de Tarraco pero no quiso o no pudo poner sitio a la ciudad, probablemente por que acumulaba bajas por el enfrentamiento con los íberos y prefirió no arriesgar.

Las cosas permanecieron sin incidentes de importancia hasta el año 181 a.c., cuando vacceoslusones vetones formaron una alianza para empujar a los romanos hacia la costa levantina y también hacia el sur para recuperar territorios de la provincia ulterior. La coalición fue derrotada cerca de Toletum (Toledo) por las tropas de Marco Fulvio Flaco, y los restos del ejército celtíbero se dispersaron por su terreno de origen.

Al año siguiente un nuevo procónsul, Tiberio Sempronio Graco (padre) marchó desde la Bética hacia el norte para ayudar a la ciudad de Caraues (Magallón), que se encontraba sitiada. Graco obligó a los celtíberos a retroceder hasta el Mons Chaunus (Moncayo) donde finalmente se libró una gran batalla que acabó de nuevo con el levantamiento autóctono. Se acordó un tratado en el que los celtíberos se comprometían a no fundar nuevas ciudades y a no fortificar las existentes.

Reconstrucción 3d del oppidum de Numancia. Fuente: Artehistoria.com

Reconstrucción 3d del oppidum de Numancia. Fuente: Artehistoria.com

Así transcurrieron dos décadas de tensa paz hasta el año 154 a.c., fecha de la reanudación de las hostilidades. Roma acusó a la ciudad de Segeda del levantamiento de una muralla, rompiendo así el tratado con Graco. Los segedenses se defendieron alegando que sólo se trataba de una ampliación, con lo cual el tratado se mantenía según los términos acordados, pero ya sabemos que Roma una vez encontraba un cassus belli como excusa ya no había marcha atrás.

En esta ocasión fue Quinto Fulvio Nobilior el cónsul enviado por el senado a la cabeza de 30.000 hombres (alguno menos probablemente, las fuentes son clásicas). Y aquí un dato curioso, y es que los romanos tuvieron que cambiar el comienzo de la magistratura del 15 marzo al 1 de enero, para que al general en cuestión tuviera tiempo de llegar a la península y comenzar la campaña, cambio que perdura hasta nuestros días. También redujeron el tiempo en el que un cónsul podía ser elegido de nuevo dando fe de la importancia que tenía para el senado este conflicto y la rotación de mandos que era necesaria.

Los segedenses (tribu de los belos) abandonaron su ciudad y se refugiaron en Numancia ante el avance de las legiones de Nobilior, que tomó su ciudad y la destruyó. Los celtíberos decidieron contraatacar y nombraron jefe de una nueva coalición de belos, arévacos y titos a Caro de Segeda, que hábilmente preparo una emboscada el 23 de agosto del 153 a.c. a las legiones que iban camino de Numancia, provocando unas 6.000 bajas entre los latinos. Aunque la falta de disciplina de los celtíberos en la persecución provocó que la caballería romana salvara al ejército, y para colmo dio muerte al propio Caro. Los romanos con el camino libre hasta la ciudad fortificada situada en el cerro de la muela (a unos 7 km de Soria), se presentaron ante las murallas de Numancia y la sitió.

Nobilior recibió refuerzos del rey númida Masinisa, que envió su famosa caballería y 10 elefantes que utilizó para asaltar la ciudad. Los sitiados aterrados ante la visión de los paquidermos (animales que no habían visto antes) quedaron petrificados, pero uno de los elefantes que recibió el impacto de una piedra en la cabeza enloqueció y cargó contra los propios romanos, hecho que aprovecharon los numantinos para realizar una salida y expulsar a las legiones.

Durante dos años más permanecieron Nobilior y sus legiones en las cercanías de Numancia, pero el desgaste continuo por parte de las tribus celtiberas y la oportuna deserción de la ciudad de Ocilis, donde los romanos guardaban sus provisiones, hizo que éstos se refugiaran en sus campamentos donde el frío y el hambre disipó cualquier intento de asalto a la ciudad.

Los celtíberos acaban con los elefantes romanos. Ilustración Angus McBride.

Los celtíberos acaban con los elefantes romanos. Ilustración Angus McBride.

El tiempo de consulado para Nobilior acabó y fue sustituido por Claudio Marcelo, que supo someter a diversas ciudades celtíberas forzándolas a un nuevo tratado de paz que duraría 8 años (151-143 a.c.). Muy oportuno por cierto, ya que desde el 147 a.c. un pastor lusitano llevaba de cabeza al senado, un tal Viriato, ¿os suena? Tal fue el estropicio que causaba que los jóvenes romanos no querían apuntarse para combatir en Hispania. La península era un pozo sin fondo que se tragaba a las legiones, una especie de Vietnam de la antigüedad. Los celtíberos forzados parte por los continuos quebrantos del tratado por parte de los romanos, parte por los éxitos de Viriato, se unieron a su causa dando inicio a la tercera guerra celtíbera.

Cada cónsul que mandaba Roma era un descalabro más, no se veían capaces de doblegar a esos bárbaros y a su pequeña ciudad. Quinto Cecilio Metelo arrasó gran parte de la meseta norte pero Numancia seguía resistiendo, no había manera de someterla y de nuevo otro ejército consular se tuvo que retirar a su campamento de invierno. Su sucesor en el cargo, Quinto Pompeyo Aulo con un ejército similar al de Metelo se presentó de nuevo ante las murallas, pero cansado de ser derrotado a diario probó suerte con otra ciudad celtíbera, Termancia, donde también sufrió otra derrota. El senado no daba crédito, y la leyenda de Numancia crecía en la propia Roma, no importaba el número de legionarios que se mandaran, los celtíberos siempre vencían.

Especialmente dura y humillante fue la derrota del cónsul Cayo Hostilio Mancino en el año 137 a.c., vencido ante las puertas de su campamento, fue obligado a pasar bajo un yugo y a firmar por su cuenta un tratado de paz sin el consentimiento del senado. Éste por supuesto no dio validez al tratado y Mancino fue enviado de vuelta a Numancia y exhibido desnudo ante sus puertas para dar constancia de ello. Pero todos sabéis que Roma se caracterizaba por ser obstinada, ya habían derrotado definitivamente a Cartago en el año 146 a.c.

Guerreros celtíberos. Ilustración de Ángel García Pinto.

Guerreros celtíberos. Ilustración de Ángel García Pinto.

La capital púnica había sido destruida hasta los cimientos y cubierta por sal, y esta pequeña ciudad hispana no iba a ser más que su enemiga acérrima. En el año 134 a.c. mandaron al artífice de aquella victoria, Publio Cornelio Escipión Emiliano nieto adoptivo del vencedor en Zama. Para ello de nuevo tuvieron que cambiar la legislación vigente, y aun así no se le pudo otorgar un ejército consular, por lo tanto fue acompañado por clientes y voluntarios entre los que se encontraban personajes tan notables como Cayo Mario (otro personaje que tendrá su propia entrada) o el propio Polibio.

Escipión, al llegar a Hispania sometió a las legiones allí establecidas un durísimo entrenamiento, se deshizo de los mercaderes y prostitutas que se alojaban en las cercanías de los campamentos y sólo cuando estimó que estaban preparados, arrasó la Celtiberia y puso sitio a la ciudad. Levantó siete campamentos alrededor de la colina donde se alojaba Numancia, construyó casi 9km de muralla con torres de vigilancia protegida toda ella con un foso que se unía al de los campamentos. Incluso corto el suministro por el río Duero, haciendo imposible la llegada de recursos desde otras ciudades.

Los numantinos siempre aguerridos salieron varias veces y formaron esperando una batalla épica, pero Escipión les negó la lucha, quería la rendición por hambre. El último asedio duró 15 largos meses, donde los habitantes, irreductibles no se rindieron. Primero se comieron a sus caballos, luego a sus perros y gatos, más tarde a sus propios muertos. Cuando los romanos entraron a la ciudad ésta rebosaba muerte, hedor y desesperación. Ya no quedaba nadie a quien someter, los que no murieron de inanición se suicidaron o se quemaron con las pocas pertenencias que les quedaban. Escipión Emiliano sólo pudo llevar a su triunfo 50 numantinos que posteriormente serían vendidos como esclavos.

Así, después de casi medio siglo de enfrentamientos con la potencia del momento, Numancia pereció. Pero no desapareció, ya que su leyenda y la de sus increíbles habitantes perdura hasta nuestros días. Casi un siglo después Hispania todavía no estaba sometida completamente, otros pueblos continuarían con el mismo espíritu indómito de Numancia y resistirían frente al primero de los emperadores. Pero bueno eso como sabéis, es otra historia.

Bibliografía y fuentes.

Adolf Schulten, Numantia.

Polibio de Megápòlis, Historias.

Plinio el viejo, Historia natural.

Rafael Treviño, Enemigos de Roma: Los ejércitos hispanos.

 

Acerca de Rober

Me llamo Roberto y nací en el año 1979 en Madrid. Apasionado de la historia desde siempre, mi única intención es que compartamos y divulguemos en este espacio cada pedacito de la antigüedad que tanto nos gusta. Me encantaría que recorrieras conmigo este periodo. ¿Te apuntas?, pues bienvenido a Historia o leyenda.


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13 Comentarios en “Numancia y las guerras celtíberas

    • Rober Autor

      Hola Nacho.

      No sabes cuanto me alegra leer tu comentario. Cada vez somos más en la comunidad de Historia o leyenda, en estas fechas he estado menos activo por motivos familiares y laborales pero muy pronto retomaré el ritmo de nuevo. Un saludo y feliz año nuevo.

       
    • Rober Autor

      Hola Antonio.

      Muchas gracias. Efectivamente se podría alargar por mucho, y hay datos muy interesantes respecto a las guerras celtíberas, pero alargar mucho un artículo de este tipo a veces es contraproducente.

      Te agradezco tus palabras y fidelidad al blog. Un saludo

       
    • Rober Autor

      Hola Carlos.
      Sin duda Roma fue grande, nos legó leyes, infraestructuras civiles, una lengua común, en fin lo que ellos denominaron “pax”. Pero tachar de nacionalistas a un pueblo de hace dos mil años, me parece exagerado y anacrónico. Piensa que el ensalzamiento de los pueblos autóctonos como celtíberos en Hispania o germanos en Alemania, se produjo sobre todo en el siglo XIX precisamente por nacionalistas. También recordarte que Roma no fue precisamente una fuerza de paz, destruyó civilizaciones más antiguas que la suya como por ejemplo Cartago, sin dejarnos ningún tipo de legado original de aquel gran pueblo, o cometer prácticamente genocidio como ocurrió en las guerras cántabras, donde al acabar la guerra sólo quedó un 10% de la población autóctona.
      Muchas gracias por tu comentario y por seguir el blog.

       
    • Rober Autor

      Gracias a ti Ana, me alegro mucho que te parezca interesante y sobre todo espero que hayas descubierto algo más sobre la historia antigua.
      Saludos desde Madrid.

       
    • Rober Autor

      Muchas gracias Nelson, siempre es reconfortante saber que el trabajo que uno realiza tiene como recompensa la divulgación, espero que sigas disfrutando del blog durante mucho tiempo.