Lucio Cornelio Sila, Grecia a sus pies (III) 6


Tercera entrega en la serie de artículos dedicados a la vida de Lucio Cornelio Sila. Habíamos dejado al poliédrico pelirrojo marchando hacia Grecia para enfrentarse contra los ejércitos del rey póntico Mitrídates. El soberano asiático había aprovechado la situación de inestabilidad en Roma para hacerse con el control de Anatolia, pero, ¿Quién era éste Mitrídates que osaba desafiar a la todopoderosa república romana?

Mitrídates nació en el reino del Ponto sobre el año 132 a.c. y sus primeros años están aderezados por la leyenda. El día de su nacimiento vino precedido por un cometa que dicen estuvo presente en el firmamento durante setenta días. Su padre (Mitrídates V) destacó por ser uno de los reyes locales más beligerantes, tenía planes de expansión para su pequeño reino a orillas del mar negro, pero sus rivales acabaron con él envenenándolo. El pequeño Mitrídates tuvo que sobrevivir bajo la regencia de su madre que prefería claramente a su hermano pequeño. Temiendo por su vida constantemente, aprendió a desenvolverse en un entorno hostil, tal y como citaba Justino: “Durante su infancia, su vida fue amenazada por complots de sus guardianes, que, montándole en un caballo bronco le forzaban a cabalgar y a lanzar la jabalina, pero cuando estos intentos fallaron, puesto que su dominio del caballo era superior a sus años, intentaron segar su vida con venenos. Él, sin embargo, estando en guardia contra esa traición, tomaba antídotos frecuentemente y se fortalecía de esa manera, con una prevención exquisita contra su maldad”.

Con el peligro acechando en cada esquina, Mitrídates decidió escapar. En este punto de nuevo la leyenda toma las riendas de la historia y cuenta que, durante siete largos años vivió como un salvaje en las montañas. A su regreso se hizo con el poder, proclamándose rey en el año 112 a.c. Para evitar posibles conspiraciones y traiciones eliminó a su madre y hermano. Desde el principio de su reinado comenzó a reforzar el ejército, tenía claro que debía continuar con la expansión que su padre tenía en mente, Anatolia debía doblegarse.

Mitrídates VI, museo de Louvre.

Mitrídates VI, museo de Louvre.

Mitrídates era un rey inteligente y sabía que no podría conseguir sus objetivos sin provocar la ira de Roma. Tras una primera intentona a través de su yerno, el rey Tigranes de Armenia, que apenas quedó en un golpe de estado fallido, Mitrídates prefirió esperar a una mejor ocasión que le diera la excusa perfecta para desatar sus ejércitos por toda Asia menor. Y fueron los propios romanos quien les dio esta excusa. Manio Aquilio, gobernador romano de la zona, exigió una indemnización para compensar a Nicomedes, rey títere de Bitinia. Mitrídates por supuesto se negó, Aquilio entonces alentó a Nicomedes para que iniciara una invasión al Ponto con el apoyo de las legiones que se encontraban en Asia.

Pero Mitrídates ya estaba preparado, según las fuentes más “optimistas”, el rey contaba con un ejército de 300.000 hombres. Dividió sus fuerzas para cubrir diferentes objetivos y que sus enemigos no tuvieran oportunidad de enfrentarse a ellos en tantos frentes. Arquelao, general a las órdenes de Mitrídates, acabó con el ejército bitinio en la batalla del río Amnias, y lo mismo sucedió con las tropas romanas que llegaron a perder cerca de 10.000 legionarios en la batalla del monte Escorobas, derrotados por el hermano de Arquelao, el general Neptolemo. Sin la oposición clara de ningún ejército, Mitrídates fue controlando toda la península sin mayor dificultad, forzando a colonos y ciudadanos itálicos a refugiarse en las urbes más occidentales de la península.

Muchas de las ciudades conquistadas, aclamaban a Mitrídates como “liberador”, el soberano se sentía como un nuevo Alejandro, y ya no se conformaba con tener Anatolia, su siguiente paso sería la mismísima Grecia. Aquilio había desafiado a Mitrídates pensando que era un gatito, y no se dio cuenta de que había despertado a un león. Mientras Arquelao se preparaba para pasar a Europa y ganar el favor de los atenienses con el poderío de su ejército, Mitrídates tenía que asegurar su posición en Anatolia. No podía dejar en la retaguardia de su general a miles de ciudadanos romanos que se podían sublevar en cualquier momento y complicar las cosas. Ni corto ni perezoso asesinó a más de 80.000 romanos e itálicos que se encontraban hacinados en Anatolia, este terrible hecho se conoció como las “vísperas asiáticas”.

Situación geopolítica antes de la guerra.

Situación geopolítica antes de la guerra.

Una vez en Grecia, Arquelao, haciendo una demostración de fuerza, arrasó Delos y avanzó hasta Atenas. Muchos de los atenienses sabiendo de los conflictos internos de Roma y viendo la aparente invencibilidad de los pónticos, se unieron a la causa de Mitrídates sin dudarlo, pensaban que con un rey heleno podrían recuperar su antiguo esplendor. Pero no contaban con un pequeño detalle, y es que alguien con más ambición que Mitrídates, con más experiencia dirigiendo hombres, y con menos escrúpulos todavía que él, marchaba hacia Grecia con 40.000 legionarios que le adoraban, Lucio Cornelio Sila.

En la provincia griega ya se encontraba el pretor Bruto Sura, que sin comerlo ni beberlo tuvo que vérselas con el propio Arquelao en tres ocasiones,saliendo muy bien parado en la mayoría de los enfrentamientos. Finalmente tuvo que retirarse a Beocia ante la llegada de refuerzos pónticos a la zona. En el año 87 a.c., Sila desembarcó en Dirraquio en unas condiciones pésimas, la moral era baja, ya que no recibirían ningún tipo de apoyo desde Roma, pues estaba controlada por los populares, que aprovechando su ausencia se hicieron con el control de la mano de Mario y Cina. Éstos se habían autoproclamado cónsules (Mario por séptima y última vez) y derogaron todas las leyes proclamadas por Sila y le condenaron como enemigo de la república.

Lo único que podía hacer era abastecerse del terreno, y de paso mantener a las tropas ocupadas en saqueos para evitar deserciones. De esta manera despojó de tesoros a diferentes templos griegos, robó ganado y cosechó tierras para poder seguir hacia su objetivo, Atenas. La ciudad estaba gobernada por el tirano títere de Mitrídates, Aristón. Encerrado tras las murallas de la ciudad, el tirano se mofaba de las fuerzas romanas que no disponían siquiera de material para el asedio, pero Sila como siempre pragmático, taló todos los árboles en cien millas a la redonda, dejando el Pireo completamente desforestado. Con un poco de paciencia la ciudad podía haber sido rendida por hambre, pero Sila no podía perder tiempo con un formidable enemigo delante de él (Mitrídates y sus generales) y un viejo conocido detrás (la facción popular). El 1 de Marzo del año 86 a.c., Sila tomó al asalto la ciudad, gracias a una mina que provoco un derrumbe en una sección de la muralla. El saqueo fue tal que Atenas jamás se recuperaría de este golpe, tal saña demostró Sila en las calles de la urbe, que los senadores que se hallaban en las legiones rogaron para que no la destruyera del todo, apelando a su antigua gloria y esplendor.

Sistema de defensas y muralla de Atenas.

Sistema de defensas y muralla de Atenas.

Seguidamente Sila marchó hacia Beocia, al encuentro del ejército póntico comandado por el general Taxiles al que se había unido Arquelao con su propia hueste. Los asiáticos disponían de una mole compuesta por 100.000 infantes, 10.000 jinetes y 90 carros falcados, contra los apenas 40.000 legionarios de Lucio Cornelio Sila.

Los ejércitos se encontraron en un valle dominado por una elevación que tomaron los romanos para asegurarse la mejor posición, pero ante el poderío del ejército asiático no tuvo más remedio que ir cediendo terreno. Los soldados de Mitrídates, carentes de disciplina, se dieron al saqueo de la zona, perdiendo así su ventaja numérica al estar dispersados. Sila aprovechó el momento y se enfrentó a Arquelao por una posición en un collado escarpado, ideal para un campamento fortificado. Los romanos ganaron el terreno, pero Arquelao antes de sufrir demasiadas bajas se retiró a las inmediaciones de Queronea. Sila persiguió a Arquelao hasta las llanuras del río Cefiso, a pesar de que el enemigo prácticamente triplicaba en número a sus legiones.

Una vez acampados, ordenó que se construyeran fosos y empalizadas para cubrir sus flancos de la caballería póntica que era muy superior en número y podía decidir el curso de la batalla. Para contrarrestar los carros, erigió filas de estacas afiladas intercaladas en las filas de los legionarios. El propio Sila se encargaría del flanco derecho con parte de la caballería, Murena del flanco izquierdo con el resto de los jinetes, y las legiones en el centro con una pequeña reserva al mando de Galba y Hortensio. Por su parte Arquelao dispuso los carros falcados al frente, seguidos de la infantería ligera, una segunda línea de infantería pesada con la falange de escudos de bronce esperaba para entrar en acción, y la temible caballería cubriendo los dos flancos.

Arquelao desató la batalla lanzando a los carros falcados para desbaratar la línea romana, pero los legionarios igual que en Gaugamela o Zama, abrieron filas y dejaron al descubierto las líneas de estacas que, junto a la lluvia de flechas y proyectiles de honda dispersó la carga de vuelta a al ejército póntico. Los carros desordenaron totalmente la formación de falange, Arquelao intentó entonces una carga de caballería para que la infantería tuviera tiempo de recomponerse, pero esta carga también fue rechazada dejando sola a la infantería para acabar con los romanos, que, atrincherados esperaban su acometida. De nuevo la falange contra las legiones, y de nuevo las legiones aguantaban el avance del muro de picas.

Arquelao divisó una debilidad en la línea romana, y es que el flanco izquierdo estaba al descubierto, era la oportunidad de vencer a esos obstinados latinos. Se lanzó con toda la caballería que pudo reunir, atento, Sila se percató del movimiento y en una carga desesperada interceptó el ataque asiático aguantando en el combate hasta que las legiones desbarataron el avance de la infantería que empezó a ceder terreno, ahora era Sila el que podía cargar por el flanco, y acabar con la batalla.

Estatua de Lucio Cornelio Sila.

Estatua de Lucio Cornelio Sila.

La matanza fue terrible, decenas de miles de soldados pónticos perdieron la vida en Queronea, algunas fuentes afirman que sólo 10.000 de los 120.000 soldados de Arquelao sobrevivieron, probablemente sea una cifra exagerada, pero lo cierto es que la hueste invasora quedó totalmente desarticulada y Arquelao tuvo que huir a Calcis a esperar nuevos refuerzos enviados desde Asia.

Sila había conseguido una victoria impresionante, pero no tuvo tiempo para deleitarse con ella. Cina había enviado desde Roma dos legiones al mando de Lucio Valerio Flacco para hacer la guerra a Mitrídates por su cuenta, y si de paso se deshacía de Sila pues mejor que mejor. Otro enemigo con el que batirse, pero esta vez no le haría falta su eficacia militar, su carisma y persuasión lograron que del ejército de Flacco desertaran a su favor cientos de legionarios. El popular, viendo que podía quedarse sin ejército se retiró a Macedonia buscando un enemigo extranjero que no le robara los soldados.

En este precioso tiempo perdido para Sila, Arquelao había recibido refuerzos, Dorilao desembarcó con 80.000 infantes para reiniciar las hostilidades y acabar de una vez por todas con Sila. De nuevo Beocia sería el escenario para la batalla, y de nuevo Sila era superado ampliamente en número. Escogió para el enfrentamiento una llanura situada cerca de la ciudad de Orcómeno, ésta, pese a su aparente amplitud se prestaba perfecta para construir defensas. El plan de Sila consistía en que Arquelao pensara que podría desplegar todo su ejército en la llanura para aprovechar la potencia de la caballería. El póntico mordió el anzuelo y acampó prácticamente en la orilla del lago Capais.

Sila ordenó entonces construir una serie de fortificaciones cercando paulatinamente al ejército asiático como si se tratara del asedio de una ciudad. El segundo día, Arquelao contempló horrorizado los diques, empalizadas y defensas que anulaban su ventaja. Colérico atacó con todo lo que tenía para arrasar por el simple peso de los números a su favor, y al principio surtió efecto, los legionarios cedían terreno a pesar de las fortificaciones, de seguir así solo era cuestión de tiempo que cayeran aplastados. El retroceso de las legiones cada vez se hacía más difícil por la estrechez que iba tomando el valle, entonces, Sila, en uno de esos momentos épicos que tienen a veces los generales enarboló un estandarte, a la vista de todos, y voz en cuello bramó: “Cuando lleguéis a Roma, si se os pregunta donde habéis abandonado a vuestro general responded: ¡En Orcómenes!

Las legiones aguantan la carga de la caballería.

Las legiones aguantan la carga de la caballería.

El orgullo herido de los legionarios fue bastante para que embistieran como un jabalí herido, rechazaron el ataque causando gran mortandad en los súbditos de Mitrídates. Los supervivientes que se retiraron al campamento, contemplaron aterrorizados como los legionarios terminaban el cerco a su fuerte. Por la mañana se realizó el asalto final, muy pocos pudieron escapar de la trampa de Sila, se cuenta que sólo cientos. El propio Arquelao escapó “in extremis” en un bote que encontró en la laguna.

Con el ejército expedicionario póntico destruido, Sila pudo recuperar todo el territorio perdido en Grecia. Mitrídates se vio obligado a firmar una paz para recuperar fuerzas, pese a su temperamento sabía que Sila tenía que volver a Roma para encargarse de sus enemigos internos, así que devolver los territorios conquistados y una indemnización de dos mil talentos no le suponía una derrota tan desastrosa. Por su parte Sila permaneció casi un año más en Grecia para gestionar y rehacer la maquinaria romana en la provincia. Cuando tuvo todo atado a su gusto volvió la mirada hacia Roma. Era hora de volver y poner las cosas en su sitio, la campaña en Grecia había agriado más si cabe su carácter, y su piel castigada por el sol y la sarna parecía de pergamino. Todos sus enemigos pagarían caro por lo que había tenido que pasar, que se preparen, el dictator vuelve a casa.

Bibliografía y fuentes:

Plutarco, Vidas paralelas

Apiano, Libro XII Guerras Mitridáticas

Theodor Mommsen, Historia de Roma

Karl Christ, Sila

 

Acerca de Rober

Me llamo Roberto y nací en el año 1979 en Madrid. Apasionado de la historia desde siempre, mi única intención es que compartamos y divulguemos en este espacio cada pedacito de la antigüedad que tanto nos gusta. Me encantaría que recorrieras conmigo este periodo. ¿Te apuntas?, pues bienvenido a Historia o leyenda.


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6 Comentarios en “Lucio Cornelio Sila, Grecia a sus pies (III)

    • Rober Autor

      Muchas gracias Alberto, es reconfortante que el trabajo que uno realiza tenga su recompensa, y si está es la divulgación y causar interés en estos temas, pues encantado.
      Gracias por seguirnos.

       
  • Osea…. Me ha encantado. Muy bien redactado. Aparte Grecia contra Roma. El atractivo y valeroso Sila, tan enigmatico. Pues esperando más partes. Felicidades Rober por tu trabajo. ?

     
    • Rober Autor

      Muchas gracias!, Sila es un personaje muy interesante y fundamental para entender el final de la república romana, poliédrico como pocos reúne lo mejor y lo peor del carácter latino, me alegro mucho que te gustara. Saludos