Lucio Cornelio Sila, el poder de la voluntad (I) 14


Lucio Cornelio Sila es uno de los personajes más importantes de la etapa final de la república romana, un hombre al que sólo se recuerda por las listas de conscriptos y por haber sido el primer romano en entrar con legiones armadas en la mismísima ciudad de las siete colinas. Pero Sila fue mucho más, peligroso pero audaz, cruel y a la vez noble, asesino en la sombra y sin embargo un grandísimo general, poliédrico como pocos supo hacerse así mismo y labrarse un camino hacia lo más alto, aunque tuviera que llevarse a toda Roma por delante.

Sila nació en Roma en el año 138 a.c., perteneciente a la gens Cornelia pero de una rama venida a menos, sus antepasados ocuparon altos cargos en la vida política y religiosa de la ciudad. Pero esos días gloria habían pasado generaciones atrás y la familia de Sila no contaba precisamente con una economía saneada, y si además le añadimos el alcoholismo crónico que sufría su padre tenemos un cóctel nada halagüeño, quizá por eso tuvo que aprender desde bien joven a sobrevivir en aquella Roma donde el apellido contaba pero si venía respaldada con una buena bolsa llena de denarios.

Sabiéndose sin posibilidades para iniciar el cursus honorum, Sila explotó los recursos con los que contaba: su físico y su encanto. Lucio Cornelio Sila era pelirrojo, todas las fuentes coinciden en señalar que poseía un físico arrebatador, una piel blanquísima y sobre todo una mirada azul fría y cautivadora, pero temible. Solía frecuentar compañías de dudosa reputación relacionadas con el mundo del teatro y la farándula que amenizaban sus disolutas noches y le proporcionaban contactos con ricas matronas romanas que se deshacían en presentes con él.

Busto de Lucio Cornelio Sila.

Busto de Lucio Cornelio Sila.

La diosa fortuna por fin visitó a Lucio Cornelio Sila cuando su padre se casó por segunda vez con una adinerada mujer que le dejó como único heredero al morir, lo mismo que una meretriz que frecuentaba el pelirrojo desde hacía años y que estaba totalmente enamorada de él. Con este “botín” heredado, Sila iniciaría su carrera política en el senado, y su oportunidad de destacar llegaría con el conflicto que enfrentaría a Roma contra el rey de Numidia, Jugurta.

El rey de los númidas que antaño había sido un fiel aliado, llegando a combatir junto a Escipión Emiliano, se había vuelto demasiado ambicioso. El senado envió legiones, pero tras unas tímidas victorias romanas, Jugurta sobornó a cónsul y senado respectivamente para que todo quedara en un correctivo. Jugurta cometió el error de creer controlar al senado con dinero y aunque gran parte del patriciado estaba podrido surgió otro personaje clave para la historia romana, Cayo Mario.

Conseguido su primer consulado, Mario se puso al mando de las operaciones en Numidia y Sila le acompañó como cuestor del ejército desempeñando un trabajo perfecto pese a las primeras reticencias de Mario, que lo consideraba un ser afeminado y disoluto (Sila fue un confeso bisexual, lo cual no era infrecuente en la época), pronto se dio cuenta de que había mucho más en Sila, era inteligente, audaz y un gran combatiente. Y lo demostró con creces cuando valiéndose de su amistad con Bocco, rey de Mauritania y yerno del propio Jugurta tendieron una trampa al escurridizo rey númida. Es cierto que Bocco dudó mucho de entregar a su suegro, pero la habilidad diplomática de Sila fue crucial.

El mérito de la guerra se lo llevo Mario, y bajo mi opinión justamente, antes de que Sila ejecutara su plan, Mario había acosado durante dos años al correoso Jugurta prácticamente acorralándolo. De esta manera dos personalidades tremendas se habían encontrado y el choque de ellas haría temblar toda la república.

Moneda que representa la entrega de Jugurta a Sila.

Moneda que representa la entrega de Jugurta a Sila.

Pero no fue un choque de trenes desde el principio, conscientes cada uno de ellos del provecho que podían sacarse mutuamente. Así durante la invasión de Cimbrios y Teutones en el año 105 a.c. Sila sirvió bajo las órdenes de Mario, y de nuevo demostró su valía como comandante de hombres salvando al ejército al mando del cónsul Cátulo de repetir un desastre como en Arausio. Con la batalla de Vercelae acabó el peligro germano y Mario recibió un nuevo triunfo, Sila, harto de hacer méritos sin recompensa exigió más honores por su intervención, y aunque sus hazañas fueron aclamadas por el populacho, su propia clase patricia se deshacía en halagos con Mario. A medida que los éxitos de Sila y Mario crecían, su desconfianza y envidia les seguían de cerca, la chispa ya había surgido, solo era cuestión de tiempo ya.

Sila se dio cuenta que sin un cargo con imperium no sería capaz de conseguir sus objetivos a largo plazo, y ya llevaba retraso en edad respecto a sus congéneres patricios, así pues en el año 100 a.c. se presentó al cargo de Pretor, pero no salió elegido, bien porque se “saltó” el cargo de Edil o como el propio Sila creía, que la plebe esperaba verle como Edil para disfrutar de los mejores juegos de la historia, pero lo más seguro es que se debiera a algo más mundano, simplemente no gastó demasiado en sobornos. Por supuesto este pequeño escollo no iba a suponer un impedimento para que Sila siguiera intentándolo, y así el año 95 a.c. se le concedió la pretura de Capadocia.

El objetivo de Sila era restaurar en el trono a Ariobarzanes, un monarca prorromano que permitiría seguir influenciando la zona por parte de Roma, pero existía un problema, un problema llamado Mitridates VI rey del Ponto. Mitridates que se creía la mismísima encarnación de Mitra en la tierra quería hacerse con el control de toda Anatolia, no podía dejar Capadocia en manos de un monarca que estuviera bajo la protección de Roma, aprovechando la inestabilidad interna en la república apoyó a su yerno Tigranes (rey de Armenia) para que derrocara del trono a Ariobarzanes. Roma envió a Sila con escasas tropas, ya que la tensión con los aliados itálicos cada vez era mayor y la disponibilidad de efectivos era precaria, aunque la verdad es que Sila no necesitó más. En un rápido movimiento venció a Armenios y Capadocios y antes de que Mitridates pudiera reaccionar ya había restaurado a Ariobarzanes. Si analizamos a Sila como militar es fácil encontrar muchos paralelismos con el propio Julio César, la celeridad de los movimientos, atacar donde más duele, sin dudar, sin piedad.

Tras la campaña en Anatolia, Sila marchó hacia el río Éufrates, siendo el primer militar romano en llegar al mítico río. Allí se encontró con una embajada de los partos dirigida por Orobazo, enviado del rey Arsaces. Sila dispuso tres sillas curules, una para Ariobarzanes, otra para Orobazo y otra para él. Las colocó a la misma altura y de paso se sentó en la de en medio tratando a rey y embajador como un igual, más tarde los seguidores de Sila aplaudirían esta acción como diplomáticamente audaz, mientras sus detractores alegarían que solo fue ego puro y duro. Se llegó a un acuerdo de amistad con los partos, siendo también el primer romano en conseguirlo y como regalo se llevó una predicción de un místico Caldeo que mirando sus ojos fríos y penetrantes vaticinó el más grande de los futuros para él, lo cito con las propias palabras de Plutarco:

“Dícese así mismo que uno de los Caldeos, que fue de la comitiva de Orobazo, habiendo reparado en el semblante de Sila y estado atento a los movimientos de su ánimo y de su cuerpo, examinando por las reglas que él tenía y cual debía ser su índole y carácter, había exclamado que necesariamente aquél hombre debía de ser muy grande, y aun se maravillava como podía aguantar no ser ya el primero de todos.”

Legión de finales de la república.

Legión de finales de la república.

Cuando Sila volvió a Roma se encontró con una acusación de haber recibido más dinero y presentes de los permitidos por parte de Ariobarzanes, Gayo Marcio Censorino presentó oficialmente la acusación instigado sin duda por Cayo Mario que en pleno declive físico no soportaba ver como Sila podía conseguir sus objetivos, finalmente Censorino no se presentó al juicio con lo cual quedó anulado, pero el objetivo de desacreditar a Sila surtió efecto y lo conseguido en Asia no dio los frutos que el Cornelio esperaba.

Pero Sila devolvería el golpe de efecto a Mario y lo haría ante toda Roma. La ocasión la brindó el aniversario de la victoria sobre Jugurta, Boco, rey de Mauritania y amigo de Sila, hizo un regalo a la ciudad de Roma que consistía en unas imágenes esculpidas que representaba la entrega de Jugurta (hecha de oro puro) a Sila, Mario general victorioso de la campaña no aparecía. El siete veces cónsul no se lo tomo muy bien y la tensión en el senado entre optimates y populares alcanzó cotas solo vistas en época de los Graco, sólo un peligro mayor pudo detener las hostilidades: las guerras sociales.

Hasta aquí la primera parte sobre la serie de artículos sobre Lucio Cornelio Sila, espero que hayáis disfrutado con ella, la semana que viene continuaremos con la vida de este gran personaje clave para el futuro de Roma.

Bibliografía y fuentes:

Plutarco, Vidas paralelas.

Karl Christ, Sila.

 

Acerca de Rober

Me llamo Roberto y nací en el año 1979 en Madrid. Apasionado de la historia desde siempre, mi única intención es que compartamos y divulguemos en este espacio cada pedacito de la antigüedad que tanto nos gusta. Me encantaría que recorrieras conmigo este periodo. ¿Te apuntas?, pues bienvenido a Historia o leyenda.


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14 Comentarios en “Lucio Cornelio Sila, el poder de la voluntad (I)

  • José Manuel Oller

    Buen artículo y muy interesante el personaje. ¿Porqué esa aureola de cruel?. ¿No es de la época de un tal Cinna- creo que Cornelio también-? En general, me parece que hay un prejuicio contra los optimates extendido entre los historiadores.
    En todo caso, veo bien reflejada la polémica del personaje (Oí una vez que de joven era despreocupado de la política, por lo que veo en el texto, más bien que no tenía posibles para pagársela).
    Estoy deseando que llegue la parte de la famosa “carga sobre Roma”, habrá que ver sus motivos y la situación de la época tado-republicana.
    Un Saludo!

     
    • Rober Autor

      Hola José Manuel.

      Realmente a Sila no le temblaba el pulso a la hora de las ejecuciones sumarias y muchas veces arbitrarias. Es cierto que pertenecía a la facción de los optimates, que por otro lado eran senadores de rancio abolengo que no querían perder sus privilegios para que la plebe viviera mejor. Realmente la facción de Sila era el mismo Sila, simplemente se valió de una posición que le correspondía por gens para hacer valer sus propias ideas.

      Fue cruel, sobre todo al final de su vida. Una de las frases que le describe mejor era: El mejor de los amigos, el peor de los enemigos.
      Me alegra que te gustara el artículo, no te pierdas los otros tres que ya están publicados. Saludos.

       
    • Rober Autor

      Hola Antonio.

      No sabes cuanto me alegra leer tus palabras. Sila es un personaje muy controvertido que merece una descripción a fondo para hacerse una idea de sus pretensiones y anhelos. Sin duda carecía de escrúpulos, pero en el fondo no era muy diferente de muchos patricios, simplemente él se atrevió a hacer lo que muchos querían. Un saludo y espero que los demás artículos te gustaran igual.

       
    • Rober Autor

      Hola Willy.

      Si no me falla la memoria creo que es la serie más larga de artículos sobre un personaje del blog. A mi me parece un personaje muy interesante y fundamental para entender el final de la república.

       
  • liliana

    muy buenos tus articulos si tenes algo para ver en Youtube seria bueno Dios te bendiga y gracias por tu esfuerzo lindo de verdad me encanta lo leo todos los dias y me llega mi face gracias Liiana.

     
    • Rober Autor

      Hola Liliana, primero agradecerte tus palabras, siempre es energía extra para poder seguir creando contenido. La verdad es que no tengo canal en youtube, el blog ya ocupa casi todo mi tiempo jajaja, de todas formas a través de los comentarios siempre podré resolver cualquier duda que tengas o petición sobre un tema en concreto. Un saludo desde Madrid.