Lucio Cornelio Sila, dueño de Roma (II) 4


En el anterior artículo habíamos dejado a Lucio Cornelio Sila librándose de una acusación por corrupción de su primer viaje a oriente. Salió airoso sí, pero su reputación quedó dañada por los rumores, y es que no era extraño que un miembro del senado se aprovechara de su situación para beneficiarse económicamente, de hecho la república estaba bastante podrida y desde la muerte de los hermanos Graco (unos treinta años antes) la división de la clase senatorial era cada vez más profunda. Optimates y populares se enfrentaban continuamente, quizás con los Graco por un pensamiento ideológico diferente, pero después declinó en un juego de influencias para sacar un provecho personal. El evento final que lo cambiaría todo fue la llamada guerra social, preludio de varias decenas de años de lucha intestina.

A principios del siglo I a.c., Italia no estaba unificada bajo un mismo gobierno como en época del principado, sino que existía una confederación liderada por Roma. El senado concedía autonomía interna a sus componentes a cambio de impuestos, tributos y hombres para engrosar el ejército romano. Muchas de estas ciudades itálicas llevaban siglos federadas y habían sufrido las mismas derrotas que Roma frente a Aníbal, sin embargo muchas de ellas se mantuvieron fieles, a pesar de ello, su subordinación política era total y todavía carecían de la ciudadanía romana. Leyes como la lex Licinia Mucia aprobada en el año 95 a.c., que eliminaba de las listas de ciudadanos a aquellos de los que se tuviera sospecha de haber conseguido la misma de manera fraudulenta, pues no ayudaba a rebajar la tensión.

Los populares, abogaban por concedérsela, ya que en la práctica tenían las mismas obligaciones pero no así en los beneficios. Paradójicamente el personaje que intercedería por ellos como tribuno de la plebe fue Livio Druso, hijo del antagonista de Cayo Sempronio Graco. Druso intentó impulsar una reforma agraria aún más profunda que la de los Graco, por supuesto a los patricios de rancio abolengo que engrosaban las filas de los optimates no les hacía ninguna gracia, como terratenientes que eran no estaban dispuestos a perder beneficios por gente que no era romana. La solución fue la estándar en estos casos, Druso fue asesinado en su propia casa.

Situación en la guerra social.

Situación en la guerra social.

Fue la chispa que detonó la guerra, los socii habían llegado a un acuerdo secreto con Druso, que les había prometido la ciudadanía a cambio de correr con los gastos de la reforma agraria. Las ciudades hasta entonces aliadas comenzaron a sublevarse, marsos, picentinos, apulios, lucanos, campanios y samnitas, fundaron una república a la que llamaron Italia y fijaron su capital en Corfino, rebautizándola Itálica. A la semejanza romana nombraron dos cónsules, Pompedio Silón y Papio Mutilo, formaron un senado y reunieron un ejército de casi 100.000 hombres.

El senado romano respondió con un ejército formado por catorce legiones a toda prisa y lo puso a las órdenes de los dos cónsules electos, Publio Rutilio Lupo y Lucio Julio César (tío del divino). El primer año se sucedieron las derrotas, Roma parecía no poder contra sus antiguos aliados, los cónsules necesitaban legados capaces de dar la vuelta a la situación. Era la oportunidad que Sila había estado esperando, con una guerra en la propia península itálica podría destacar y conseguir la gloria que él pensaba que tanto merecía. Pero Mario no se iba a quedar de brazos cruzados, aunque mermado ya por la edad y las enfermedades, no podía permitir que su Némesis triunfara.

En la zona norte del conflicto, el cónsul Publio Rutilio Lupo perdió la vida combatiendo y aunque Mario fue asignado a la zona, después de unas victorias iniciales contra los marsos, no brilló especialmente. Todo lo contrario que Sila, que ejerciendo de legado en la zona sur, zona asignada  a Lucio Julio César, consiguió victoria tras victoria, haciendo retroceder una y otra vez a los samnitas. A pesar de estas victorias, las bajas eran cuantiosas, y el propio cónsul Lucio Julio César aprobó una ley (lex Iulia) que concedía la ciudadanía a todas las ciudades que se hubiesen mantenido leales a Roma, recompensando así la fidelidad y evitando a la vez posibles sediciones.

En el año 89 a.c., los dos nuevos cónsules, Cneo Pompeyo Estrabón y Lucio Porcio Catón (hijo del conocido censor Marco Porcio Catón) fueron enviados a dirigir la guerra en la zona norte, quedando Mario relegado a un segundo plano. Las operaciones de guerra en el sur, la zona más conflictiva, recayeron en Sila, que no dejó de acosar a los samnitas y demás insurrectos, tomando ciudades como Stabia o Pompeya. Pero la mayor hazaña en el campo de batalla la consiguió frente a las murallas de Ñola, donde después de casi veinticuatro horas de combate consiguió derrotar definitivamente a los samnitas y salvar de la destrucción a una legión entera. Se le concedió por esta acción la distinción militar de mayor grado, la corona gramínea. En el año 88 a.c. sólo quedaban grupos aislados de rebeldes, los socii habían sido derrotados, pero sólo en el campo de batalla, pues finalmente consiguieron la ciudadanía que tanto anhelaban, se ratificó con la lex Plautia Papiria que concedía la legalidad civil a todos los itálicos.

Cayo Mario y Lucio Cornelio Sila, dos rivales con un carisma enorme.

Cayo Mario y Lucio Cornelio Sila, dos rivales con un carisma enorme.

Aunque a Sila todo esto le importaba poco, él ya tenía lo que quería, la gloria frente a los suyos, sólo tenía que rubricarlo con el consulado, que, después de las victorias conseguidas estaba al alcance de la mano. Y así sucedió en el mismo año 88 a.c.. Sila, aquél que llamaban afeminado, aquél que solamente era un patricio venido a menos inmerso en la decadencia, él había conseguido el consulado, y ya nadie podría arrebatarle eso, ¿nadie?, no os olvidéis de Mario, que todavía tenía mucho que intentar.

Muerto de celos, Mario todavía anhelaba más gloria para sí mismo, con la ayuda de su aliado, Sulpicio, que era tribuno de la plebe, promulgó leyes para hacerse con el control de las asambleas y procesos electorales y arrebatar así a Sila la orden que le había dado el senado de marchar a oriente contra Mitrídates. La crispación y la tensión en la ciudad se elevaban por momentos, grupos de simpatizantes de cada bando se enfrentaban en las calles, los seguidores de Sulpicio llegaron a tomar el foro por la fuerza. Plutarco cita que eran tres mil hombres armados y llegaron a dar muerte al mismo hijo del otro cónsul Quinto Pompeyo Rufo, el cual tuvo que huir para no encontrarse en la misma situación que su vástago. Sila también tuvo que escapar a la carrera, y refugiándose en casa de mismísimo Mario, que le dio cobijo frente a la turba que quería lincharle (que cosas tiene la historia ¿verdad?).

Sulpicio retiró el consulado a Pompeyo, pero a Sila lo mantuvo, eso sí, el mando de la expedición contra Mitrídates sería para Mario. A tal efecto se mandaron dos tribunos para que tomaran el control del ejército consular de Sila que se hallaba en Nola y entregárselo a tercer fundador de Roma (Mario). Pero Lucio Cornelio Sila no aguantó más, hastiado y asqueado de la continua incertidumbre política de Roma, de la podredumbre en la clase patricia y en gran medida de la ecuestre también, de que le arrebataran lo que por justicia y favor divino se merecía, no iba a esperar más, si la clase senatorial no era capaz de defender la legalidad romana, él mismo sería la legalidad.

Adelantándose a los tribunos Sila se reunió con su ejército. Los enviados de Mario y Sulpicio fueron muertos allí mismo, y las seis legiones de las que disponía Lucio Cornelio Sila marcharon hacia Roma. Mario no daba crédito, pues sabía muy bien que Sila era capaz de entrar en la mismísima Roma por la fuerza. Como último recurso envió dos pretores para negociar con el pelirrojo, pero sus legionarios partieron sus fasces y les quitaron la púrpura con la que vestían. Si Sila tuvo dudas alguna vez mientras marchaba hacia Roma, esta se disipó cuando la mismísima Minerva se le apareció en sueños y le otorgó un rayo con el que abatir a todos sus enemigos.

Corona gramínea, la distinción militar más alta de la república.

Corona gramínea, la distinción militar más alta de la república.

Sila entró en la ciudad de las siete colinas al mando de su ejército, siendo el primer romano en conseguir esta dudosa hazaña. Mario que veía peligrar su vida, se encaminó al templo de la Tierra y dio la libertad a todos los esclavos para que detuvieran a Sila, pero fue un brindis al sol, ya no podía hacer nada más, solo correr y huir por su vida. Sila reunió al senado, decretó la pena de muerte para Sulpicio y puso precio a la cabeza de Mario (gesto muy ruin para quién le salvó la vida días antes), el senado no pudo hacer otra cosa que acatar las órdenes de Sila.

Tan seguro estaba del poder que ejercía, que permitió el nombramiento de cónsul a Lucio Cinna, partidario declarado de Mario. Éste, humillado por ser nombrado cónsul por una especie de broma de Sila, juró desde lo alto del Capitolio entre dientes que si no cumplía con los intereses de Sila se despeñaría igual que una piedra, y rubricó su juramento lanzando un guijarro al suelo. Sila no se sorprendió cuando al poco de tomar posesión del puesto, Cinna abrió una causa para enjuiciarle. Sin hacer caso de las acusaciones, Sila terminó los preparativos de la campaña en oriente y marchó con sus legiones.

Ya era el dueño de Roma, y nuevas hazañas le esperaban en el Ponto, sólo tenía que hacer lo que siempre había hecho, ver lo que quería e ir a por ello, pobre del que se cruzara en su camino.

La semana que viene el último artículo sobre Lucio Cornelio Sila, guerra contra Mitrídates, guerra civil y muerte del dictador.

Bibliografía y fuentes:

Plutarco, Vidas paralelas.

Karl Christ, Sila.

Isaac Asimov, La república romana.

 

 

Acerca de Rober

Me llamo Roberto y nací en el año 1979 en Madrid. Apasionado de la historia desde siempre, mi única intención es que compartamos y divulguemos en este espacio cada pedacito de la antigüedad que tanto nos gusta. Me encantaría que recorrieras conmigo este periodo. ¿Te apuntas?, pues bienvenido a Historia o leyenda.


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4 Comentarios en “Lucio Cornelio Sila, dueño de Roma (II)

  • José Manuel

    Buen artículo! éste y toda la saga. Solo me lía una cosa: ¿Quinto Pompeyo es padre de Cneo?, ¿era cónsul de la parte Norte?.
    (por cierto, me atrevo a pensar que en la política española actual hay parte del cainismo de la época tardorrepublicana)

     
    • Rober Autor

      Hola José Manuel.

      Quinto Pompeyo era primo del padre de Pompeyo “Magno” y yerno de Sila.

      Respecto a tu comentario sobre la política actual, depende del prisma que lo mires. Es indudable que hay gente con muchos privilegios que no quieren perderlos (optimates), se valen del miedo para que la gente piense: mira, mejor como estoy antes que arriesgarme a estar mejor.
      El problema es que no hay voluntad real de cambiar las cosas o de mejorar lo que tenemos, claro pero esto es una opinión personal.

      No obstante el tema de política actual no me gusta tratarla en el blog porque luego te encasillan y se pierde la esencia de lo que quiero hacer, que es divulgar historia antigua. Saludos.