Juliano “El apóstata”, de superviviente a César (I) 18


Flavio Claudio Juliano es uno de los emperadores que más interés ha suscitado a los estudiosos y amantes de la historia de Roma. Puede que sea por representar a una Roma que ya había dejado de existir, el último resquicio de las antiguas tradiciones del gran imperio. Juliano tuvo una infancia muy complicada, en la que temió por su vida casi constantemente, pero supo adaptarse y sobrevivir en un imperio donde el cristianismo empezaba a controlarlo todo y a todos.

Flavio Claudio Juliano nació en Constantinopla el día 11 de mayo del año 330. Hijo de Basilina y Julio Constancio, que a su vez era hijo de Constancio Cloro y su mujer legítima Teodora. Por lo tanto sobrino de Constantino el grande, que era hijo de Constancio Cloro y Helena, de la que los historiadores no se ponen de acuerdo si era la primera mujer del tetrarca o una concubina del César occidental, un poco enrevesado ¿no?, bueno, pero es importante para que entendáis porqué Juliano temió por su vida durante tantos años.

Helena instigaba constantemente contra la rama familiar descendiente de Teodora, quería que la única dinastía válida fuera la que provenía de su vientre. No obstante esta tendencia cambió a la muerte de la madre del emperador, parece que Constantino tuvo remordimientos o que simplemente quería apaciguar los ánimos de sus familiares incluyéndolos en la vida imperial. Nombró pues Cónsul a Julio Constancio y César a su hermano Dalmacio que gobernó en las provincias más orientales del imperio.

Pero el “gran” Constantino murió en el año 337 y sus tres hijos, Constantino II, Constancio II y Constante se repartieron el imperio. Constancio, que tenía la misma ambición que su abuela, hizo correr el rumor que en el testamento de su padre se acusaba a sus primos de haberle envenenado, se había abierto la veda contra los descendientes de Teodora. En la purga contra sus familiares Constancio ordenó o instigó la muerte de seis primos de Juliano, su padre, de su tío Dalmacio y Anibaliano además de un hermano mayor. Sólo sobrevivieron Juliano y su hermano Galo, probablemente por ser aún niños de corta edad y no suponer un peligro inmediato, para acabar con ellos siempre había tiempo.

El imperio a la muerte de Constantino I. Fuente Truttafario.com

El imperio a la muerte de Constantino I. Fuente Truttafario.com

Los hermanos fueron separados y Juliano fue enviado a Nicomedia para continuar su educación bajo la tutela de Eusebio, obispo de la ciudad. Como podéis imaginar fue iniciado en el cristianismo, pero aunque Juliano cumplía con las exigencias del arriano Eusebio no comulgaba con las creencias cristianas, y menos en un retiro forzoso a manos del asesino de toda su familia. La suerte cambió para el joven Juliano cuando Eusebio fue proclamado obispo de Constantinopla en el año 338, su preceptor a partir de entonces fue Mardonio, un eunuco escita que le abrió las puertas al helenismo y la filosofía. Juliano había encontrado su vocación, leía a los clásicos romanos, a Homero, a los grandes generales como Julio César, siempre con algún escrito en las manos deambulando por la ciudad aprendiendo de Mardonio que fue como un padre para él.

Las alegrías para Juliano duraban poco y en el año 341 (año en que murió el obispo Eusebio) Constancio decidió recluir a Juliano en la ciudad de Macellum cerca de Cesárea. La separación de Mardonio supuso para él un gran pesar, pues era de las pocas personas que le habían tratado con afecto.

En Macellum no estuvo solo, su hermano Galo fue trasladado allí para tener a los únicos descendientes de Teodora juntos, pero si pensáis que fue una alegría para Juliano, os equivocáis. Los hermanos no podían ser más diferentes, mientras que Juliano era un apasionado de la lectura, de la filosofía y de un carácter más… inocente podríamos decir, Galo era de temperamento irascible, violento y muy dado a las armas y la caza. Es cierto que tenían algo en común, su odio hacia Constancio y lo que había hecho a su familia procuraba los escasos lazos que unían a estos dos hermanos.

Eunucos y esclavos leales a Constancio se encargaban de la vigilancia perpetua a los dos jóvenes, que tenían prohibido recibir ningún tipo de visita o salir de la ciudad aun con vigilancia, Juliano recordaría con odio y tristeza su estancia en Macellum durante toda su vida. Su aprendizaje en la fe cristiana se redobló, haciéndoles participar en la eucaristía leyendo pasajes sagrados. Es más que probable que en esta época los dos fueran bautizados en la vertiente arriana que era la predominante en la parte oriental del imperio.

Pasaron los años en aquel forzoso retiro hasta que en el 347 el mismísimo emperador fue a visitar a los hermanos a Macellum, quería conocer cómo iba la educación de sus primos, aunque más bien podría ser que la falta de descendencia propia le impulsara a tomar en cuenta a los dos únicos familiares que le quedaban vivos. Según Amiano, Constante estaba convencido de que Dios le había castigado sin hijos por sus actos del pasado. Fuera como fuese el cautiverio de Juliano y Galo acabo al año siguiente.

Galo fue llevado a la corte de Constantinopla, y Juliano, que también fue llevado a la capital, se le permitió continuar con los estudios que tanto le apasionaban. Pronto el carisma y la cercanía del adolescente Juliano le proporcionó una gran popularidad entre los jóvenes de la ciudad. Constancio temeroso siempre por su trono y viendo que el muchacho ya no era un niño, decidió apartarlo de nuevo. Su destino fue de nuevo Nicomedia, donde aprendió retórica de manos de Libanio, un rector pagano nacido en Antioquia. Juliano recorrería alentado por el rector diferentes ciudades de Anatolia cómo Efeso o Pérgamo, donde perfeccionaría sus conocimientos de filosofía y otras disciplinas de corte helénico.

Toda esta influencia la mantenía debidamente oculta a los ojos del emperador y sus allegados, a sabiendas que sería la gota que colmaría el vaso para su destierro definitivo u otra cosa peor, aunque en su fuero interno, Juliano empezaba a verse a sí mismo destinado a preservar las viejas tradiciones grecorromanas e impulsar al imperio a otra edad dorada.

Escultura del que sería el emperador Juliano II, aunque sería más conocido como "El apóstata".

Escultura del que sería el emperador Juliano II, aunque sería más conocido como “El apóstata”.

En el 351 Galo es nombrado César y casado con Constancia, hermana de Constancio. Fueron enviados a Antioquia debido a la inestabilidad que reinaba en la parte occidental del imperio, donde Magnencio había derrotado a Constante (hermano de Constancio y Augusto de occidente) que controlaba toda la Galia e Italia. Pero el gobierno de Galo fue siniestro y despótico, aunque probablemente se haya exagerado todavía más por Amiano Marcelino influido por detractores de Constancio. El historiador llega a contar que el César salía disfrazado por las noches para conocer la opinión de sus súbditos sobre él, dando muerte a aquellos que lo criticaban. Es difícil de creer semejante afirmación, pero lo que si es cierto son las persecuciones a la oligarquía local procesándolos de dudosas acusaciones y confiscando sus bienes, y sabéis de sobra que este tipo de medidas suele tener mal final para el César que lo promulga.

Constancio fue alertado por sus seguidores en la corte de Galo, insinuando que su propia hermana instigaba a su esposo para que reclamara el trono y el titulo de Augusto. El augusto reclamó su presencia en Mediolanum (Milán), con la excusa de necesitarlo para cuestiones importantes, aunque ya os imagináis cuál era su intención real. Constancia murió por el camino y por lo menos se ahorró ser ejecutada por su hermano, pero Galo no tuvo tanta suerte y fue decapitado sin juicio previo.

Juliano a su vez también fue acusado por los funcionarios imperiales ávidos de reconocimiento del Augusto, y tuvo que defenderse de haber mantenido conversaciones secretas con su hermano justo antes de partir a la llamada de Constancio. Las acusaciones no prosperaron, pero de nuevo quedó relegado a un segundo plano siempre bajo la atenta mirada del chambelán de Constantinopla. Pero la emperatriz Eusebia que veía virtudes en Juliano además de la única posibilidad de perpetuar la dinastía, intercedió para que Constancio recibiera a su primo y la relación por lo menos fuera menos tensa. La reunión fue positiva por lo menos en apariencia, y en el año 355, cuando Juliano contaba con 25 años cumplió su sueño de ir a Atenas a finalizar sus estudios en apariencia cristianos. Su estancia allí duró apenas cuatro meses, en los que se inició en secreto en los misterios Eleusinos y mantuvo una estrecha relación con Prisco, filósofo de la vertiente neoplatónica.

En octubre Juliano fue llamado de nuevo a Milán, probablemente acudió aterrorizado pensando que su muerte había llegado, pero nada más lejos de la realidad. A Constancio se le acumulaban los problemas en los limes del imperio, el Rin y el Danubio sufrían ataques cada vez más osados a manos de los bárbaros del norte, y la frontera oriental siempre inestable con el gran enemigo persa. El emperador no podía con todo solo y Juliano era su último familiar vivo, que poco se imaginaba éste que iba a ser nombrado César, aunque de nuevo hay que destacar la intervención en su favor de la emperatriz.

La ceremonia de nombramiento se realizó en Milán el 6 de noviembre del año 355. Constancio reunió el ejército para tal evento y Juliano fue aclamado César por miles de gargantas al unísono. Para sellar el compromiso y afianzar su estatus le casó con su hija Helena, parecía que Constancio comenzaba a sentir un acercamiento sincero hacia Juliano, pues la personalidad humilde y agradable (y más que seguro temerosa de él) era casi irresistible como comentan las fuentes clásicas. Pero el círculo más cercano de funcionarios, chambelanes y eunucos del emperador siempre pusieron obstáculos a la relación, temerosos de las represalias del joven César por todo el daño causado a él y su familia.

Una nueva etapa comenzaba para el todavía joven Flavio Claudio Juliano, ¿Qué le depararía su nuevo cargo?, ¿sería su vida más fácil ahora que era el heredero del imperio? Bueno, para saberlo sólo tenéis que esperar al próximo artículo, pero os aseguro que la vida de este emperador fue intensa hasta su final.

Bibliografía y fuentes:

Amiano Marcelino, Historia del imperio romano del 350 al 378

Juliano, Discursos I-V

Desperta Ferro nº29, Juliano “El apóstata” 

 

Acerca de Rober

Me llamo Roberto y nací en el año 1979 en Madrid. Apasionado de la historia desde siempre, mi única intención es que compartamos y divulguemos en este espacio cada pedacito de la antigüedad que tanto nos gusta. Me encantaría que recorrieras conmigo este periodo. ¿Te apuntas?, pues bienvenido a Historia o leyenda.


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18 Comentarios en “Juliano “El apóstata”, de superviviente a César (I)

  • Alf

    Hola

    Además de los hechos, me tomo la libertad de sugerirte que intentes dar una impronta personal a la Historia, plasmando la personalidad de quien hablas, porque si no al final todo se queda en una simple enumeración. Y la Historia va de personas.

    Te lo comento proque Juliano era un enamorado de la cultura y la filosofía, de la ciencia y de la razón, de las grandes tradiciones de su patria, trabajador incansable dedicado al Imperio, estratega audaz, valiente, culto y justo (me remito a Gibbon), que entendía su vida como servicio al Imperio, en la línea de su admirado Marco Aurelio.

    Descubrí de jovencito a este gran emperador por mis lecturas: desde luego nunca me contaron que el primer emperador cristiano de verdad, Constancio (ya que Constantino no fue bautizado), en vez de entronizar el amor universal como le mostraba su galileo Cristo, era un asesino despótico y sangriento que eliminó a toda su familia (y a muchos más) excepto a Juliano (quizá siguiendo el ejemplo del “gran” Constantino) (Y te copio las comillas) 😉

    Quizá si hubiera vivido Juliano el cristianismo hubiera sido una religión más del Imperio, o hubiera desaparecido, y no hubiera ocasionado los mares de sangre que ha ocasionado en la Historia esta religión totalitaria, excluyente, embebida del racismo del judaísmo, religión ésta despreciada por su intolerancia y asociabilidad en la Antigüedad como bien nos dicen las fuentes clásicas.

    Curiosamente Juliano casi acaba con el cristianismo en 18 meses sólo con la prohibición de impedir que los “galileos” (o los “adoradores de tumbas” como acertadamente los llamaba), se matasen unos a otros y a los demás en su intransigencia sangrienta.

    Saludos

     
    • Rober Autor

      Hola Alf!!
      Por supuesto que se permite que des tu opinión, ¡para eso son los comentarios!. La verdad es que en historia hay que tener cuidado de no parecer demasiado “partidista” o parcial. Al exponer una serie de acontecimientos corremos el peligro de que se note si el personaje en cuestión nos gusta o no, creo que con Juliano se nota que es de mis personajes favoritos, pero a la vez he de ser objetivo y aunque la narración trate de ser amena para que como bien dices no sea simplemente una exposición de fechas y hechos, hay que cuidar ese detalle. Ahora bien, has tocado un tema muy interesante que es el del cristianismo en el bajo imperio. Realmente Constantino I sí fue bautizado, pero en su lecho de muerte, lo de Constancio es harina de otro costal, fue muy influido por su madre Helena y sus ganas de extirpar la otra rama familiar, no obstante en el siguiente artículo procuraré darle todavía más alma en el texto, saludos Alf, muchas gracias por tu comentarios.

       
        • Rober Autor

          Es muy posible Alf, pero mientras los clásicos (aun manipulados por los obispos cristianos de la época) y varios historiadores lo tengan en cuenta no podemos descartarlo.

           
          • Alf

            Amiano Marcelino, la fuente más fiable de todas de la época, niega su bautismo. Y se refiere al propio Juliano que lo confirma. Como bien sabes Juliano era un escritor prolífico además que era fiel a la verdad porque pensaba que con la razón se puede convencer y derrotar al enemigo.

            Desde luego, entre esas fuentes o las de los historiadores eclesiásticos más interesados en desvalijar el erario público que otra cosa, lo tengo claro. Así se manifiesta igualmente Gibbon.

            Además, y para horror del resto de las sectas cristianas, si hubiera sido bautizado, lo hubiera sido en la iglesia arriana

             
    • Alfonso González Jiménez

      Alf, sabes perfectamente que los “mares de sangre” los provoca la inclinación al mal de las personas, no la doctrina de Cristo. ¿ O acaso no hubo “mares de sangre” antes?. Como tú mismo has dicho, el cristianismo propone entronizar el amor universal al prójimo. El ser humano es libre para buscar eso o su propio egoísmo.

       
      • Alf

        “No hay mayor maldad que la que se disfraza de virtud” (Tim Burton, Sleepy Hollow)

        Desde luego, Alfonso. Pero ninguna gran religión de la Antigüedad (politeísmo romano y griego, Zoroastrismo, Budismo, Confuncionismo…) vierte en sus aras la sangre de tantos simplemente porque no comulgan con unas creencias. Creo que bajo su disfraz pocas cosas han causado tanto mal a tantos en la Historia de la Humanidad. Y hablo en porcentajes sobre población total de asesinados, torturados y masacrados por las diversas ramas de los cristianos. Lógicamente en número total las grandes masacres del S. XX son superiores, pero por número, repito, no en porcentaje

        Fuente: “Historia criminal del cristianismo” (10 tomos) Karlheinz Deschner

         
        • Adolfo

          Hola a todos, los comentarios son interesante, francamente concuerdo con Alf, pero creo que debo decir que los males causados son debidamente por la distorsión de la religión dado por aquellas personas que lo hicieron por motivos políticos y/o interés personal. Si no mal recuerdo un texto que leí hace tiempo, mencionaba que la iglesia romana fue creada como una institución, controlada por el estado romano para administrar las ciudades. Agradecería oír sus opiniones. Saludos.

           
          • Alf

            No sé si por tu comentario “iglesia romana” te refieres a la religión de la Antigüedad Clásica romana o a la Iglesia cristiana.

            La religión clásica romana tiene 2 conceptos que son claves para entender la historia de Roma, su crecimiento y su imperio del mundo:

            1.- El ¨pacto” con los dioses

            Todo tiene un precio y unas contrapartidas. P.ej., se entendía que a los que favorecía la diosa Fortuna tenían a cambio de su brillantez y éxito una vida breve o un final trágico.
            Los romanos eran eminentemente prácticos: los objetivos de sus sacrificios rituales intentan “comprar” la alianza de los Dioses.

            Y es demostrativo del espíritu práctico de los romanos el que en las ofrendas que por fin se entregan a los Dioses en sus rituales al final son los pellejos, los huesos y las vísceras de los animales sacrificados, pues los Dioses al no tener cuerpo físico no pueden comer como tal, y los que se comían lo mejor de los animales sacrificados eran los presentes en la fiesta.

            Este espíritu práctico lleva a que la religión clásica sea una cuestión de Estado desde el principio. Como buena timocracia, las clases dirigentes interpretan augurios y deciden la voluntad de los Dioses, copando todos los puestos sacerdotales, que al fin y al cabo son puestos del Estado.

            2.- La no existencia de vida más allá de la muerte

            La muerte era el fin. Algunas veces en la religión clásica se habla de la permanencia como sombras o espíritus, pero sin concretar demasiado. La única manera de pervivir es el ser recordado, el tener tal mérito personal dentro del Estado romano que las generaciones futuras te mantengan vivo porque te recuerden.

            Esto es muy positivo como mentalidad de un pueblo: el más pobre de los ciudadanos en Roma se consideraba superior a cualquier rey, y el mérito es reconocido, seguido y alabado. Pero la contrapartida es que la aristocracia gobernante deseapor encima de todo, todos y cada uno de ellos, ser “primus inter pares”, el mejor de todos. Los resultados para la República son desastrosos, y al final, el pueblo cansado de tanta guerra civil, renuncia a sus libertades y se postra ante el tirano.

            Estudiando la figura de Constantino hay un aspecto innegable para contemporáneos, historiadores, clérigos nicenos o arrianos… su olfato finísimo para todo lo que supusiera cimentar su poder, ampliarlo y defenderlo. Así se explican actos tales como la reforma de la estructura de las legiones (que lo que hizo fue destruírlas realmente) o incluso el asesinato (me niego a llamarla ejecución) de su primogénito.

            Cuando Constantino vió que alrededor del 15% del Imperio (segun estudios de Gibbon) seguía una religión que cifraba toda la esperanza en la otra vida, que la humildad y la servidumbre eran la máxima de comportamiento, “virtudes” que llevaban a no levantarse y a obeceder al poder establecido ovejunamente porque la recompensa se da en otro mundo que no es éste, encontró el instrumento ideal para culminar la conversión del Imperio en una Satrapía a imitación de las tiranías asiáticas comenzada por Diocleciano. E hizo a la Iglesia Cristiana el instrumento de opresión del Imperio.

            Porque si al Emperador le elige el mismo Dios, ¿quién osa decir nada en contra del elegido de Dios?

            No sé muy bien si te he contestado, pero al menos creo que te he dado una guía para que investigues el tema y saques tus propias conclusiones, que no tienen que ser las mías, que, como diría Juliano, no soy galileo 😉

             
          • Adolfo

            Hola, ¡muchas gracias por la respuesta Alf!. De hecho me refería a la iglesia cristiana, pero fue muy interesante que mencionaras sobre la tradicional religión romana y sus vínculos con el estado. Saludos y muchas gracias 🙂

             
          • Rober Autor

            Hola Adolfo,
            Con la tetrarquía implantada por Diocleciano se dividieron a su vez muchas de las provincias, una de éstas divisiones de carácter territorial y administrativa eran las diócesis, que un principio era como una subdivisión de la provincia para que nos entendamos. Paulatinamente con la aceptación de la fe cristiana como religión oficial, a estas diócesis se les asignaron obispos como parte de la burocracia. Con la caída del imperio y su continuación en los reinos germanos que los sustituyeron poco a poco se convirtió en una administración puramente eclesiástica.
            La iglesia, que al principio era una “subordinada” del emperador fue cambiando su rol controlando y orientando cada vez más a los gobernantes de occidente.

             
          • Adolfo

            ¡Hola Rober! Muchas gracias por la respuesta, muy interesante las medidas tomadas por Diocleciano para mejorar la administración del imperio, dando fin a la crisis del siglo III y comenzando el periodo del Dominado. Según un texto que leí, Diocleciano fue el primer emperador en admitir que era demasiado para un sólo hombre gobernar y defender el vasto territorio del imperio, dando el origen de la tretrarquía ¡Muchas gracias por compartir los emocionantes artículos en este increíble blog! ?

             
          • Rober Autor

            Efectivamente Adolfo, Diocleciano sabía que el solo no podía hacerlo y dividió el mando en dos Augustos (emperadores de facto en oriente y occidente) y dos Césares, que en teoría aprenderían de los emperadores y heredarían el imperio a su muerte o abdicación. La idea no era mala pero siempre que se eligiera como sucesores a personas capaces. Pero Constantino tuvo a bien repartir el imperio entre sus hijos, lo cual fue muy mala idea.

             
          • Alf

            El problema de la Tetrarquía es que multiplicó el gasto de la Corte por 4, con además 4 bandas de legiones que mantener con dádivas y regalos. Lo que supuso un incremento brutal de impuestos. Con las medidas además de “precios fijos” implantadas por Diocleciano, el desabastecimiento y la ruina económica general fueron el resultado.

            Zósimo escribe de que a causa de los terribles impuestos por primera vez en la historia se Roma se veía a ciudadanos traspasar el “limes” para ir a vivir entre los bárbaros

             
          • Rober Autor

            Totalmente de acuerdo Alf, al final el resultado fueron las bandas de bagaudas que campaban a sus anchas, llegando a formarse verdaderos ejércitos de desamparados, ladrones y buscavidas.