Juliano “El apóstata”, los antiguos dioses mueren en Persia (III) 15


En el anterior artículo dejamos a un Juliano victorioso en la batalla de Argentoratum. Una victoria que sorprendió al mismo emperador cuando el caudillo de los alamanes llegó como prisionero a Roma.

Pero Juliano no se conformó con expulsar a los germanos de la Galia, en el año 357 fue más allá y cruzó el Rin con sus legiones para acosar a los supervivientes. Los alamanes, aterrorizados por la determinación del César, se rindieron prometiendo devolver todos los prisioneros y aceptando la entrega de diversos rehenes “amistosos”.

Una vez sofocado el problema alamán, Juliano se disponía a volver a su cuartel general en Lutecia (París) cuando recibió noticias de uno de sus legados. Severo se había topado con un pequeño contingente de francos, que aprovechando la ausencia del César se habían dado al pillaje y al saqueo.

Al ser descubiertos, los francos tomaron dos fuertes abandonados a las orillas del Mosa. No era un grupo muy numeroso, unos ochocientos guerreros, lo suficiente para poder aguantar hasta la llegada de refuerzos o esperar a que el río se helara y pudieran escapar.

Severo puso sitio a los fuertes hasta que llegara Juliano y decidiera que hacer. Una vez allí, el César quiso tomar los fuertes por asalto, pero la resistencia de los francos era admirable. Decidido a no dejarlos escapar, Juliano ordenó que todas las noches navegaran un par de barcos por el río para romper el hielo y evitar así la huida de los sitiados. Durante los meses de diciembre y enero los francos aguantaron a duras penas hasta que finalmente se rindieron.

Con este último golpe a las incursiones bárbaras y la victoria en Argentoratum, Juliano logró lo que podemos definir como la victoria romana más importante de todo el siglo III (en cuanto a pueblos extranjeros se refiere), ya que evitó nuevos ataques durante bastante tiempo.

Las legiones de la Galia al mando de su César por fin pudieron llegar a Lutecia para descansar de la dura campaña vivida. Allí le esperaban más enfrentamientos, pero no de corte militar, sino burocráticos.

El Prefecto del pretorio Florencio, cargo designado por el Augusto Constancio, quería aprobar una serie de impuestos extra para resarcir las arcas de la provincia, resentidas por los saqueos y pillajes de los bárbaros. Juliano se negó en rotundo, y para dejar clara su postura le rebatió con una serie de cuentas que demostraban que la capitación (el impuesto sobre la renta) era más que suficiente para pagar costes y ahorrar.

No tardó Florencio en enviar una misiva al emperador exigiendo algún tipo de reacción para bajarle los humos al impetuoso Juliano. Poco podía hacer Constancio directamente contra su primo, sus constantes victorias y su progresivo aumento de carisma le hacían ir con pies de plomo. No obstante decidió darle un pequeño correctivo enviándole un escrito sugiriéndole que mejorara el trato hacia Florencio, que no era más que uno de sus enviados. Para darle un poco más de severidad a la misiva, ordenó que Salustio (cuestor y amigo de Juliano) fuera enviado a la corte para servir directamente a la figura del augusto.

El año 359 iba a ser uno de los más importantes en la vida de Juliano. No empezó con buenas noticias la verdad, pues la emperatriz Eusebia murió. Ella había sido defensora de Juliano desde que era niño, la emperatriz sentía aprecio o quizás pena por todo lo que le fue arrebatado y sin duda gracias a ella salvó el pellejo en más de una ocasión.

Juliano es proclamado Emperador por sus tropas. Ilustración de Radu Oltean, Desperta Ferro Nº29.

Juliano es proclamado Emperador por sus tropas. Ilustración de Radu Oltean, Desperta Ferro Nº29.

Los eunucos y conspiradores en palacio se frotaban las manos pensando que por fin se iban a deshacer de aquél chico desaliñado admirador de griegos. Pero Constancio no tenía tiempo para dedicar a las venenosas lenguas de palacio, Sapor II, rey de reyes sasánida había atacado y tomado la importante ciudad fronteriza de Amida. Dispuesto a repeler el ataque persa, Constancio necesitaba de las mejores tropas del imperio.

Sin duda Juliano tenía bajo su mando a una de las fuerzas más letales, experimentadas y motivadas de todo el imperio. Como Augusto que era, Constancio tenía derecho a reclamar soldados a su César, pero la manera de hacerlo y las peculiares circunstancias de dicho ejército precipitaron una serie de acontecimientos que desencadenaría una nueva situación política en todo el territorio romano.

Petulante y soberbio, Constancio exigió estas tropas dirigiéndose a dos subordinados de Juliano, saltándose la dignidad de César de su primo. Eso sí, se aseguró que le llegara un mensaje conminándolo a que no se interpusiera en sus planes y quedara en un segundo plano.

Con lo que no contaba Constancio era con la fidelidad de las legiones de la Galia a su César Juliano. Muchos de estos legionarios eran de origen celta o germano y se habían enrolado en la campaña contra los alamanes con la condición de no abandonar la provincia. Además éstos sabían la cantidad de trabas que el emperador había puesto a Juliano para el desempeño de dicha campaña, lo cual añadía más leña al fuego de la sedición.

De todas formas Juliano poco podía hacer, si el Augusto ordenaba que le cediera tropas era lo que tenía que hacer. Se encargó la tarea de agilizar el traspaso a Decencio, secretario de confianza de Constancio. Los preparativos se llevaron a cabo en Lutecia, pero los ánimos estaban más que caldeados y el motín tomó forma cuando las legiones de la Galia rodearon el palacio de Juliano y a pleno pulmón le nombraron Augusto.

Juliano intentó aplacar la ira de sus soldados asegurando que no tendrían que abandonar la provincia, que escribiría a Constancio explicando la situación y que le ayudaría a reclutar nuevas levas que sí quisieran viajar hasta el este. Pero ya no había vuelta atrás, los soldados estaban tan determinados a ascender a su comandante a la posición de emperador que incluso llegaron a amenazar su vida si no aceptaba.

Juliano no tuvo más remedio que aceptar y en febrero del año 360 fue alzado por sus tropas y coronado como Augusto. Enseguida envió a Constancio una misiva explicándole lo ocurrido y asegurándole que no debía temer, que su fidelidad al imperio seguía intacta y que seguiría aceptando sus órdenes. Como podéis imaginar Constancio no se creyó ni una sola palabra, montó en cólera y maldijo el día que le nombró César.

Aquí he de recalcar que la versión de la proclamación como Augusto de Juliano viene de mano de sus propios seguidores, como pueden ser Amiano y Libanio. Es decir, puede tratarse meramente de propaganda del nuevo orden imperial. Otras fuentes (curiosamente “projulianas”) citan que Juliano decidió rebelarse en un momento dado contra Constancio e hizo venir a Lutecia al hierofante de Eleusis para iniciarse en uno de sus misterios con el apoyo de agentes afines al César filósofo.

Sea como fuere, Juliano ya era emperador y Constancio no podía quedarse de brazos cruzados. No obstante estaba el problema de Sapor II, que no era moco de pavo ni mucho menos. Constancio decidió centrarse en su campaña en Persia mientras dilataba el conflicto con Juliano mediante una negociación continua por correo.

Juliano le pedía con cortesía (falsa o no, quien sabe) en cada escrito que se le reconociera la dignidad de Augusto, mientras que por su parte Constancio le conminaba a abandonar el título bajo la premisa de ser perdonado de toda falta. Realmente lo único que hacían era dilatar en el tiempo el seguro enfrentamiento que se iba a producir por el control del imperio, si realmente lo deseaban o no paso a ser secundario el día que los soldados proclamaron a Juliano como Augusto.

En la frontera persa Sapor parecía retroceder ante los preparativos de Constancio para la defensa. Ya le costó muchas vidas al rey persa la toma de Amida, quizás por eso decidió dar un descanso a sus ejércitos retirándose al interior de su territorio; o quizás su red de espías le informó que se fraguaba otra guerra civil en el seno del imperio romano y prefirió guardar tropas para enfrentarse al vencedor de la contienda.

Al liberar presión sobre la frontera oriental, Constancio pudo empezar a acumular víveres y pertrechos en la zona colindante a los Alpes para asestar un golpe definitivo a Juliano, que de nuevo se encontraba en inferioridad numérica respecto a las tropas de Constancio. Decidió que la fortuna favorece a los audaces (como citó Virgilio en la Eneida), y se lanzó en un rápido movimiento hacia la provincia de Iliria. Esta provincia era un punto clave ya que marcaba la delimitación entre las dos partes del imperio.

Tomando como referencia a Julio César, se plantó con sus tropas en Iliria en un abrir y cerrar de ojos. Tomó dos importantes ciudades como eran Sirmium y Nassium. Constancio no tuvo tiempo de reaccionar, casi todos los pertrechos y víveres cayeron en manos de Juliano y su ejército.

Pero cuando parecía que otra guerra civil era inevitable, el emperador Constancio enfermó de camino a occidente y murió en Cilicia el 5 de octubre del año 361. En su lecho de muerte reconoce a Juliano como heredero al trono, parece ser que el buen juicio se apoderó de Constancio en aquellos últimos momentos.

Juliano entró en Constantinopla como único emperador del imperio romano el 12 de diciembre. De inmediato comenzó a dictar leyes y a promulgar edictos. Limpió la corte de aduladores y cargos inútiles, saneando así las cuentas imperiales que no gozaban de buena salud precisamente.

Persiguió a los que tanto daño le hicieron durante años, como al chambelán Eusebio al cual condenó a muerte. Ciertamente Juliano demostró en este aspecto que era igual de humano que los demás, pues no escapaba a un sentimiento tan humano como es la venganza oculta en la justicia. Incluso partidarios acérrimos del ahora Augusto le reprochaban en privado tal conducta.

Con la redistribución del erario público pudo invertir dinero en la conservación y restauración de los fuertes y guarniciones del limes danubiano, asegurando que la intendencia y los salarios fueran a parar a los soldados que defendían las fronteras.

Pero sin duda la reforma más polémica y la que finalmente le acarrearía más enemigos fue la religiosa. Sin nadie por encima de él que pudiera detenerle, por fin pudo mostrar sus inclinaciones religiosas sin ningún pudor. Declaró la libertad de culto, reinstauró los antiguos templos y de nuevo comenzaron a oficiarse sacrificios en los altares. Promulgó la igualdad entre las diferentes vertientes cristianas, y aunque a priori pueda parecer una ley igualitaria, la realidad es que Juliano esperaba que los cismas entre los “galileos” terminaran por minar la devoción al de Judea. La guinda del pastel a estas reformas fue que prohibió la docencia a cualquier religioso cristiano para evitar a los jóvenes el adoctrinamiento al que él mismo fue sometido.

Visto desde el prisma de hoy podemos pensar que las leyes en materia de religión eran lógicas, cada uno podía adorar al dios que quisiera pero la educación debía de ser laica. Pero en aquél tiempo hay que pensar que el cristianismo ofrecía algo que ninguna otra religión podía dar: la salvación eterna a cambio de la fe. No iba a ser tan fácil retornar a los tiempos de Júpiter Óptimo Máximo ni de Mitra.

Cuando Juliano creyó tener todo atado en casa comenzó a preparar la empresa que Constancio había dejado inacabada, había que recuperar las plazas fronterizas perdidas ante los sasánidas. Partió hacia el este, recorriendo diversas ciudades importantes de la zona de Anatolia. Su objetivo era llegar a Antioquía desde donde lanzaría la expedición punitiva que pretendía arrasar la cuenca del Éufrates y la capital sasánida Ctesifonte.

Ruta de la expedición de Juliano a Persia.

Ruta de la expedición de Juliano a Persia.

El emperador llegó a Antioquía el día 18 de julio de año 362, y su estancia en la ciudad fue mucho peor de lo que jamás llegó a imaginar, tanto que juro no volver a pisar la ciudad en lo que le quedara de vida. Fueron dos las principales razones para que la población de Antioquía no comulgara con su emperador. La primera fue un percance en un antiguo templo de Apolo abandonado que Juliano reabrió, la cosa no hubiera ido a más si no es porque allí reposaban los huesos de un mártir cristiano llamado Bábilas. Los huesos del mártir fueron retirados para no profanar el suelo sagrado de Apolo. Misteriosamente, a los pocos días el templo sufrió un sospechoso incendio que redujo a cenizas el lugar. Juliano culpó a la población cristiana de la ciudad.

La otra razón de importancia fue la escasez de alimentos que afectaba a la zona. Juliano había intentado poner remedio al problema asegurando que llegaran modios de trigo procedente de Egipto, pero las autoridades (cristianas en su mayoría) acapararon el envío y la población, indignada con los constantes sacrificios de animales llevados a cabo mientras ellos pasaban hambre culparon a Juliano de la misma. Insultos, abucheos, incluso lanzamiento de comida podrida acompañaban los paseos del Augusto por la ciudad.

Finalmente abandonó la ciudad sintiéndose totalmente incomprendido por sus súbditos, tomó dirección Jerusalén donde tenía pensado reabrir el templo de los judíos, pero un pequeño terremoto dio al traste con este nuevo plan y tomó la decisión de no entretenerse más y marchar sobre Persia.

La campaña de Persia de Juliano era sin duda muy muy ambiciosa, y aunque su intención no era conquistar todo el imperio sasánida, quería darles una lección que nunca olvidarían y de paso aupar al trono persa a un rey pro romano como era Hormisdas. Para ello acumuló tropas hasta sumar 65.000 efectivos, la flor y nata de oriente y occidente, un ejército con el que emular a Trajano o ¿Por qué no? Al mismísimo Alejandro.

Sin embargo todos los augurios le eran desfavorables, incluso los libros sibilinos decían que el emperador no debía salir de las fronteras aquél año si quería sobrevivir. Juliano hizo oídos sordos, a estas alturas ya pensaba que gozaba del favor divino y con su gran ejército marchó hacia la ciudad de Carrae, de infausto recuerdo para los romanos.

Juliano es herido de muerte. Ilustración de Milek Jakubiec. Desperta Ferro Nº29

Juliano es herido de muerte. Ilustración de Milek Jakubiec. Desperta Ferro Nº29

Allí decidió dividir sus fuerzas, enviando al general Procopio con 30.000 hombres hacia Armenia con la esperanza de reunirse con su aliado armenio Arsaces para posteriormente bajar por el curso del Tigris y reunirse con el cuerpo principal al mando de Juliano, que haría lo mismo por la ribera del Éufrates.

Juliano avanzaba sin apenas oposición, los sasánidas habían adoptado una política de tierra quemada para dificultar el avance romano. No obstante Juliano había tomado precauciones y le acompañaba una gran flota cargada de víveres por el gran río persa. Tras unos enfrentamientos que se pueden calificar casi de escaramuzas, el ejército imperial llegó a la capital persa, pero allí no se encontraba el ejército real de Sapor II. En su lugar se encontraba su general en jefe Surena, a los pies de las imponentes murallas con un ejército superior en número (las fuentes no especifican). Las fuerzas persas se componían de catafractos y clibanarii en los flancos, cubriendo a la infantería y elefantes que formaban el centro.

Lo que a priori parecía que iba a ser una prueba dura para los romanos, Juliano lo supo solventar con un rápido movimiento de sus flancos que rodeó el ejército enemigo impidiendo la capacidad de maniobra de su caballería y sobre todo de sus elefantes. Amiano comenta que sólo murieron 27 romanos a cambio de más de 2.000 bajas sasánidas, ya sabéis lo que digo siempre de este tipo de cifras.

El caso es que Juliano no pudo poner sitio a Ctesifonte. Una ciudad tan imponente iba a costar muchos meses sino años rendirla, además Sapor se encontraba quien sabe dónde con su ejército, no podía arriesgarse a ser sorprendido. Para colmo el ánimo en las legiones empezaba a decaer, los legionarios cristianos cada vez estaban más resentidos con el emperador.

Procopio continuaba sin dar señales de vida y Juliano no podía esperar más, era hora de volver a casa. En una controvertida decisión Juliano ordenó quemar las naves para ir más deprisa, con la esperanza de encontrarse con Procopio por el camino, optó por seguir el curso del Tigris. Sin embargo quien estaba en el camino acechando eran los sasánidas, que hostigaban continuamente la columna romana, minando la moral y evitando su reabastecimiento.

El 26 de junio del año 363 se decidieron a hacer un ataque a mayor escala. Los romanos fueron sorprendidos en las cercanías de Samarra, muchos de los legionarios no pudieron ni ponerse la cota de malla o defensa pertinente. En la refriega Juliano fue alcanzado por una jabalina que le atravesó el vientre dejándolo muy malherido, hay quien asegura que fue una jabalina lanzada por algún legionario cristiano.

Horas después, tras mucho sufrimiento, último emperador pagano de Roma murió. Sus últimos momentos los dedicó a hablar con sus amigos más íntimos y con los filósofos Prisco y Máximo. No llegó a designar heredero y se nombró prudentemente a Joviano, que, aunque era cercano a Juliano era cristiano. Así la lealtad y la cohesión de la expedición se asegurarían en la deshonrosa retirada que pactó el nuevo emperador con Sapor II.

En este acuerdo cedía varias ciudades importantes de Mesopotamia a control Sasánida. El otrora orgulloso ejército de Juliano volvía a occidente derrotado y sin su glorioso emperador. Juliano quizás hubiese sido más dichoso naciendo doscientos años antes, su alma de filósofo encendió por última vez la llama de la antigua Roma. Después de él, el cristianismo recuperó su influencia y acrecentándola cada vez más, hasta que unos cien años después occidente se derrumbara por completo, pero bueno eso como sabéis, es otra historia.

 

Acerca de Rober

Me llamo Roberto y nací en el año 1979 en Madrid. Apasionado de la historia desde siempre, mi única intención es que compartamos y divulguemos en este espacio cada pedacito de la antigüedad que tanto nos gusta. Me encantaría que recorrieras conmigo este periodo. ¿Te apuntas?, pues bienvenido a Historia o leyenda.


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15 Comentarios en “Juliano “El apóstata”, los antiguos dioses mueren en Persia (III)

    • Rober Autor

      Hola Martín.

      Muchas gracias. Juliano es uno de mis personajes favoritos del imperio, creo que es una figura importante y que de cierta manera marcó el final de un ciclo en el imperio. Gracias por tu comentario, un saludo.

       
  • Chose

    Hace mucho me lei la novela historica “Juliano el Apostata” y he de decir que me dejó huella en ese intento de recuperar el pasado y la laicidad del estado. Antes no lo entendí bien, por mi juventud, pero ahora surgen las comparativas con el presente, que es muy similar.
    Magnífico articulo y me voy a releer dicha novela.
    Saludos

     
    • Rober Autor

      Hola Chose.

      Juliano para mí ofrece esa visión romántica de como pudo ser el imperio con un buen emperador al frente. No sé si es por todo lo que tuvo que pasar de joven, o por su creencia de que todo ser humano es bueno por naturaleza, pero Juliano hubiera sido un buen perteneciente a la dinastía de los Antoninos. Un saludo y me alegra mucho que te gustaran los artículos.

       
  • Sergio

    El último emperador que adoraba a los antiguos dioses. Lástima que su reinado fuese tan breve porqué lo que hizo luego el cristianismo no fue nada Bueno. Una vida complicada hasta su llegada al trono y una muerte prematura que trunco las esperanzas de un resurgir del esplendor del Imperio. Buenos artículos Rober, como siempre, gratitud por versarnos sobre los grandes personajes de la historia de Roma.

     
    • Rober Autor

      Hola Sergio.
      Juliano es un personaje que ha suscitado mi interés desde hace mucho y creo que se merecía una pequeña serie de artículos. Si hubiera nacido un par siglos antes, hubiese sido el hombre más feliz del mundo sin duda. Muchas gracias por tus comentarios, un abrazo.

       
  • María del Mar

    Cree que el cristianismo fue el germen de la decadencia del imperio ? Considero que todo tiene su comienzo y su final, semejante a la vida y muerte como las personas. Nada escapa de este devenir, incluso la materia…pero sí es verdad que desde que se institucionalizó el cristianismo apareció la decadencia humana en todos los ámbitos: expansión , cultura, humanismo….para luego emerger de nuevo con el Renacimiento precisamente con la reelectura de los filósofos clásicos griegos…y hoy , en la actualidad son los cristianos precisamente lo que ponen veto a todos los derechos que la humanidad demanda: divorcio, aborto, matrimonios gay, eutanasia,, pero la mayoría no son consecuentes con la doctrina de Cristo. Gracias.

     
    • Rober Autor

      Hola María del Mar.
      No creo que el cristianismo en sí fuera el germen, creo que habría que remontarse hasta la crisis del siglo III. No obstante el abandono de su tradición religiosa milenaria, la iglesia, ojo, digo la iglesia que no el cristianismo y los flujos migratorios de pueblos germanos, formaron un cóctel difícil de digerir.
      Muchas gracias por tu comentario, un saludo.

       
  • Alf

    Como bien dices, Rober, a Juliano lo perdió la hibris, se creyó un elegido imitador de Alejandro y para su desgracia y creo que para desgracia de la Humanidad, encontró su némesis y murió. Por cierto, lo de intentar imitar las grandezas de Alejandro realmente fue una plaga en la Antigüedad

    Gran artículo. Resaltar sólo que gracias a sus victorias y a sus reformas la Galia estuvo más de un siglo bajo el Imperio cuando parecía perdida

     
    • Rober Autor

      Efectivamente Alf, se puede decir con seguridad que las victorias de Juliano en occidente fueron totales. Además los limes del Rin estuvieron también muy tranquilos hasta finales de siglo.

      Muchas gracias por tus palabras, siempre suman.

      Un Abrazo.

       
  • Adolfo

    ¡Increíble artículo Rober! Me ha gustado mucho las entregas dedicadas a juliano, tristemente llamado “el apóstata” por los cristianos. Si no mal recuerdo Joviano cedió territorios a los sasanidas en la rendición para volver a Constantinopla y asegurar la púrpura no le fuese arrebatado.
    ¡Saludos!

     
    • Alf

      Hola Adolfo. Es que el término de renunciar a una religión se denomina apostasía, no es que le llamaran así para denigrarlo. De hecho para ser apóstatas con ir a tu parroquia y decir que te borren del registro de bautizados hoy en día vale. Hasta hace poco te crucificaban o quemaban. Hoy no pasa nada, jeje

       
    • Rober Autor

      Hola Adolfo, Juliano me parece uno de los emperadores más interesantes por su historia personal y su alma de filósofo. Es una alegría saber que he logrado transmitir algo de la esencia de este personaje. ¡Saludos!