Issos, Alejandro se mide contra Darío 5


Después de su primera victoria en territorio persa, el río Gránico, Alejandro se veía a sí mismo como el libertador de las poleis griegas de la costa de Anatolia. Y ciertamente era así por muchas de las ciudades por las que el ejército macedonio pasaba, pero, paradójicamente eran las urbes con gobierno persa las que se mostraban más satisfechas con la nueva situación. Sin embargo había un número nada desdeñable de ciudades jonias que gozaban de un buen estatus en el imperio persa, y no veían con buenos ojos un cambio de gobierno bajo el manto de un joven impetuoso y belicoso.

Para diferenciarse de un mandato puramente regio, Alejandro instauró una democracia en algunas de estas ciudades, como por ejemplo Efeso. Eso sí, democracia a medias, pues siempre estarían en la órbita de influencia macedonia. Los persas intentaron sacar provecho de esas ciudades menos proclives al cambio de dueño.

Memnón, general mercenario de origen griego que sobrevivió a la batalla del Gránico, merodeaba la costa del Egeo oriental dando soporte a estas ciudades. La idea era cortar el suministro de las tropas de Alejandro, pero realmente sólo funcionó a medias. Aunque pudieran cortar el suministro por mar, los macedonios ya tenían una línea de provisiones estable en tierra.

No obstante, Alejandro veía en Memnón una amenaza en la retaguardia pues era un comandante capaz y no podía permitirse avanzar dejando al general mercenario con libertad de actuación.

Después de asediar la ciudad de Mileto, que había permanecido fiel a los persas, Alejandro marchó hacia Halicarnaso, urbe donde se encontraba Memnón. Fue un asedio en toda regla, y la resistencia fue mucho mayor de lo esperado. Las tropas al mando de Memnón aguantaban como podían el envite macedonio, pero la determinación del joven rey era imparable y finalmente Memnón tuvo que escapar del ímpetu del ejército de Alejandro.

El comandante mercenario llegó a la ciudad de Chios, donde intentó hacerse fuerte y reunir tropas, pero la enfermedad se adueñó de su cuerpo y finalmente murió entre espasmos y dolores. Algunos historiadores se decantan por un envenenamiento, quizá sea así, pero conociendo el proceder de Alejandro no creo que éste tuviera algo que ver. Otra cosa es que alguno de sus generales actuara por cuenta propia ahorrando muchos quebraderos de cabeza a la campaña de su rey.

Alejandro continuó con su campaña por el interior de la península de Anatolia, “liberando” y conquistando ciudades. Aunque no sólo utilizó la fuerza, también explotó la diplomacia para conseguir territorios aprovechando las desavenencias locales entre gobernantes. Un buen ejemplo es el de la reina Ada, cuyo marido gobernaba el territorio de Caria.

Al morir su marido el gobierno de la provincia pasó a manos persas dejando a la madura reina de lado. Cuando Alejandro llegó a la zona, la reina le adoptó como hijo y le entregó el gobierno voluntariamente.

Así caía un territorio tras otro, Licia, Panfilia, Frigia, Pisidia, todos eran anexionados de una manera u otra. Por su puesto estos movimientos son en sí una gran campaña, pero en este caso solo quiero situaros en el contexto previo a la batalla de Issos.

Eso sí, no puedo saltar la conocida anécdota del nudo gordiano. En la ciudad de Gordio, capital de Frigia, se encontraba la corte del rey Midas. Allí reposaba un carro con un nudo que se decía imposible de deshacer, la leyenda contaba que quien pudiera deshacer el nudo se convertiría en el amo de Asia.

Panoplia del ejército macedónico, hipaspista. Ilustración para Desperta Ferro de Pablo Outeiral.

Panoplia del ejército macedónico, hipaspista. Ilustración para Desperta Ferro de Pablo Outeiral.

Como podéis imaginar Alejandro no se pudo resistir a la tentación de tener el beneplácito de los dioses y decidido se presentó ante el nudo para deshacerlo. El nudo era de un tamaño descomunal, lleno de vueltas y giros imposibles, de hecho no se veía ni el principio ni el final del mismo. Alejandro después de estudiarlo durante un rato, viendo que era imposible de deshacer, sacó su espada y de un solo mandoble cortó el nudo. Satisfecho, se declaró dueño de toda Asia. Las crónicas cuentan que aquella noche Zeus desató una tormenta eléctrica aprobando así la proclamación del macedonio.

La campaña no obstante debía continuar, y Alejandro ahora quería marchar sobre Siria y entrar en los territorios ancestrales de los persas. Pero la enfermedad le alcanzó en la ciudad de Tarso, unas terribles fiebres se apoderaron de él. Síntomas que se agravaron cuando al rey no se le ocurrió otra cosa que adentrarse en la corriente del río Cidno, cuyas frías aguas bajaban de los montes Tauro. Fueron tales las convulsiones que sufrió que todos pensaron que la vida del rey se terminaba en aquella ciudad de Capadocia.

Mientras, el rey Darío no perdía el tiempo después de la derrota de sus sátrapas en Gránico. Empezó a reunir un ejército ingente con el que enfrentarse a los macedonios, según Flavio Arriano y otros historiadores clásicos el número ascendía a los 600.000 efectivos, un número a todas luces exagerado. Aun contando con los civiles que pudieran llevar los nobles persas y/o esclavos asignados a las tropas, una masa de tal calibre es más que dudosa.

Sin embargo investigadores modernos como John Warry estiman que el ejército persa podía triplicar fácilmente a los 40.000 macedonios de Alejandro, un tamaño que asustaría a cualquier general.

Darío había decidido permanecer en una extensa llanura en las puertas de Siria. Esta llanura era lo suficientemente grande como para desplegar su temible ejército al completo, y sacar provecho de su caballería superior en número. La idea no era mala desde luego pero los acontecimientos provocaron que cambiara de parecer e intentar una estrategia que destrozaría los anhelos del macedonio de un plumazo.

Alejandro dejó atrás las montañas del Tauro para adentrarse en Siria, y lo hizo bordeando el golfo de Issos, dejando allí a los heridos y una base de suministros para alimentar la larga columna griega. Darío fue informado de los movimientos de su enemigo, y decidió realizar un movimiento de flanqueo para sorprender a los macedonios por la retaguardia, y vaya que lo consiguió.

Cuando Alejandro se encontraba en los primeros kilómetros de tierra Siria se enteró que Darío se encontraba en el golfo de Issos, que había cortado su línea de suministros, pasando a cuchillo a los heridos y mutilando a otros. Alejandro, excitado con la idea de enfrentarse al rey persa ordenó dar la vuelta y dirigirse hacia el norte, al encuentro del enemigo. Y debía hacerlo rápido antes de que los persas se adentraran de nuevo en las llanuras y adquirieran la ventaja táctica de los números.

Los dos ejércitos se encontraron a la altura del río Pinaro, que bajaba con poco caudal en esa época del año. Era otoño del año 333 a.C., y los dos reyes más poderosos de la tierra se iban a enfrentar cara a cara.

Darío quedó pertrechado al norte del lecho del río, construyendo empalizadas y defensas varias. Para proteger las obras envió al otro lado del río un gran contingente de 30.000 jinetes y 20.000 infantes. Mientras, él mismo se puso al frente de una fuerza combinada de 30.000 mercenarios griegos y 60.000 infantes persas, medos y demás pueblos asiáticos bajo su dominio.

Cuando Darío vio el avance ordenado de los macedonios, formó a su ejército en dos líneas. La primera línea constaba de los infantes mencionados en el párrafo anterior a este, dejando a los mercenarios griegos en el centro y con los infantes asiáticos a cada lado del contingente. Todo ello flanqueado por la derecha con caballería persa al mando del sátrapa Nabarzanes.

La segunda línea constaba de más infantería diversa y de más unidades de caballería en el flanco derecho. El rey Darío ocupaba el centro, lugar habitual de los comandantes persas para impartir órdenes a todo su ejército.

Por su parte Alejandro dispuso su ejército de una manera muy similar a la del Gránico. Una sola línea compuesta por un centro con la falange al mando de Crátero y de los hipaspistas. Parmenio se situó con la caballería tesalia en el flanco izquierdo, y Alejandro a la derecha con los hetairoi, más una pequeña fuerza de caballería ligera combinada con infantería agriana y otras unidades con armas arrojadizas.

Ilustración de Milek Jakubiec inspirada en el mosaico de la domus de Fauno, Pompeya.

Batalla de Issos. Ilustración de Milek Jakubiec inspirada en el mosaico de la domus de Fauno, Pompeya.

Fueron precisamente estas unidades las que comenzaron el combate, expulsando a la infantería persa apostada en el flanco izquierdo. Rápidamente fueron derrotados y los asiáticos se perdieron entre las elevaciones más cercanas. Para evitar un repliegue, Alejandro avanzó con la caballería y destrozó lo que quedaba de ese flanco.

Pero el éxito de Alejandro puso en peligro a todo el ejército. El rápido avance de la caballería contrastaba con el pesado ritmo de la falange, dejando un hueco que podían aprovechar los mercenarios griegos para avanzar. Por su parte Parmenio poco podía hacer desde el flanco izquierdo, pues estaba a la defensiva intentado evitar que la caballería persa le desbordase.

Hay que destacar la resistencia del centro macedonio que aguantó el envite persa hasta que Alejandro se aseguró de haber destrozado el flanco izquierdo enemigo. Una vez libre, Alejandro, a la cabeza de los hetairoi se lanzó a la carga desde el flanco. Poco a poco la presión de los compañeros fue facilitando el trabajo del resto de la línea, los mercenarios griegos atacados por el frente y flanco se desmoronaron. Darío al ver como sus líneas caían como un castillo de naipes huyó en su cuadriga a uña de caballo, y la superior caballería persa que se enfrentaba a Parmenio hizo lo mismo que su rey.

La bajas durante la fase final de la batalla fueron terribles, de nuevo hay que ser cauto con las fuentes, las más conocidas (Ptolemeo, Arriano, Plutarco) contabilizan hasta 20.000 bajas en las filas persas. Los macedonios pudieron llegar hasta las 5.000 bajas, siguiendo la misma prudencia, claro.

Alejandro había vuelto a conseguirlo, pero esta vez ante el mismísimo rey persa. Fue una victoria total sin tapujos.

Después de la batalla, Alejandro entró en la tienda real encontrando allí a la esposa de Darío, a sus hijas y a la reina madre. Las trató con respeto, y a partir de entonces se forjaría una curiosa relación entre la madre de Darío y Alejandro. Tanto fue así que al morir el rey macedonio se dejó morir de hambre.

Por su parte Darío se retiró al interior de su imperio a lamerse las heridas y reunir un nuevo ejército para acabar de una vez por todas con Alejandro.

Pero el rey macedonio decidió arrebatar a Persia todos sus puertos en el Mediterráneo, y comenzó una marcha que le llevaría hasta Egipto, donde se le reconocería como hijo de Zeus Amón. El viaje sólo ha comenzado, las tropas de Alejandro recorrerán miles de estadios hasta llegar a la India, pero bueno, eso como sabéis es otra historia.

Bibliografía y fuentes.

Flavio Arriano, Anábasis de Alejandro

John Warry, Las campañas de Alejandro Magno.

Plutarco, Vidas paralelas.

Desperta Ferro Nº 27, De Pella a Issos.

 

Acerca de Rober

Me llamo Roberto y nací en el año 1979 en Madrid. Apasionado de la historia desde siempre, mi única intención es que compartamos y divulguemos en este espacio cada pedacito de la antigüedad que tanto nos gusta. Me encantaría que recorrieras conmigo este periodo. ¿Te apuntas?, pues bienvenido a Historia o leyenda.


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5 Comentarios en “Issos, Alejandro se mide contra Darío

  • Adolfo

    Cuanto tiempo Robert! Hacía tiempo que extrañaba tus publicaciones. Ciertamente el rey persa pudo haber continuado la lucha pero al ver el gran Alejandro cargando con sus hetairoi contra el, este huyó despavorido. Al menos las tropas macedonias se llevaron un buen botín con las lanzas de los kardakes, tengo entendido que tenían una esfera de oro como contrapeso al extremo de una de las puntas. Saludos.

     
    • Rober Autor

      Hola Adolfo.

      Parece que ya voy recuperando algo de tiempo, y claro hay que aprovechar para publicar jajaja.

      Efectivamente, se denominaba a esa esfera como manzana, y era el distintivo de los kardakes o inmortales, que como bien sabrás se llamaban así porque las bajas era sustituidas en el acto; con lo cual su número siempre era 10.000.

      Y no sólo rapiñaron las armas enemigas, todo el tesoro de Darío para la campaña estaba en su tienda junto con su familia. No tuvo miramientos en dejar todo atrás, quizá porque pensaba que era una derrota temporal o porque simplemente era un cobarde, eso lo dejo a criterio de cada uno.

      Un gran saludo, me alegro mucho de volverte a leer.

       
  • Antonio

    Mas pareció el sacrificio de los heridos que no podían seguir la marcha del ejército, eso hizo que los macedonios luchasen enfurecidos no solo con deseo de vencer sino de vengarse de los persas, aún así como en casi todas las victorias el Gran Alejandro, en inferioridad numérica contra toda previsión y en clara desventaja siempre supo aprovechar la mejor manera de vencer a todos los que se le ponían por delante, ¿hasta dónde hubiese llegado si sus tropas agotadas de años de lucha no se hubiesen negado a seguirle? ¿China, Japón?.

     
    • Rober Autor

      Hola Antonio.

      También creo que influyó, incluso me atrevería a decir que Alejandro lo utilizó a su favor. También pienso que el movimiento hacia la retaguardia de los macedonios enfureció y excitó al rey, podría haber sido una derrota definitiva si Darío no hubiera escapado.

      Un saludo enorme.