Iberos, comercio y mercenarios del mediterráneo 4


La historia de nuestro país debe mucho a los romanos, desde nuestro castellano,  catalán y gallego, hasta la legislación y la forma de entender la civilización. Pero habitualmente nos olvidamos (o no le prestamos tanta atención) a como éramos antes de la pax, que Iberia era el antiguo El Dorado de la antigüedad, una tierra llena de bosques y guerreros indómitos en la que abundaba la plata y el oro. Hoy hablamos de íberos.

Los íberos eran un conjunto de pueblos o tribus de costumbres y lengua similares que se desarrollaron entre el siglo IV y II a.C. La zona de influencia íbera se situaba aproximadamente desde los Pirineos bajando por el litoral levantino hasta llegar a Huelva y sur de Portugal, y en el interior hasta la meseta central y parte del valle del Ebro. Las evidencias arqueológicas sugieren que los íberos pueden ser descendientes de pueblos del este del Mediterráneo, otras hipótesis dejan ver un posible origen norteafricano, aunque ésta ha perdido fuerza los últimos años. Finalmente también podrían ser los descendientes autóctonos de la cultura megalítica de Europa occidental, lo cual daría veracidad al famoso mito de Tartessos, un pueblo mítico que pudo existir cerca de la desembocadura del Guadalquivir sobre el siglo IX – X a.C. y que aparece en los relatos de Homero.

Los griegos aseguraban que los turdetanos (pueblo íbero asentado en lo que hoy es Andalucía) eran los legítimos descendientes de los Tartesios, ya que decían que sus leyes se remontaban a 5.000 años atrás. Se trata de una clara exageración por supuesto, pero da pie a pensar que su cultura ya estaba asentada antes de las migraciones celtas que llegaron por los Pirineos mezclándose con los pobladores de la meseta y dando lugar a un nuevo pueblo: los celtíberos.

No sabemos cómo se llamaban a sí mismos, pues la denominación de íberos fue gracias a los comerciantes griegos, siendo los primeros en llamarlos así por el gran río Iber (Ebro) que cruzaba las tierras de estos pueblos. Aunque poseían un alfabeto y sabemos cómo suena fonéticamente, no podemos traducirlo ya que nos falta la referencia para poder hacerlo, en definitiva nos falta la piedra rosetta ibérica. Algunos historiadores y lingüistas creen que el euskera puede ser descendiente de la lengua íbera, pero tampoco ha habido resultados concluyentes al respecto.

"Bicha de Bazalote", museo arqueológico nacional.

“Bicha de Bazalote”, museo arqueológico nacional.

 

La religión íbera era parecida a la celta en algunos aspectos, teniendo muchísimos animales que gozaban de estatus divino. El toro, lobo o lince son algunos de los más importantes, y representaban la fuerza, lo sobrenatural o la muerte respectivamente. Sin embargo a diferencia de sus primos de la meseta, los íberos si tenían templos donde se realizaban sacrificios para diferentes fines, ya fuera para asegurar la fertilidad (sacrificando cerdas preñadas) o para inaugurar un nuevo oppidum (ciudad fortificada).

También veneraban otros dioses “prestados”, por ejemplo la dama de Elche y otras figuras femeninas aladas, son el equivalente íbero de la diosa fenicia Astarté o la versión cartaginesa Tanit. Creían en el más allá, de hecho les preocupaba mucho el bienestar del difunto. Sacrificaban perros para que éste les guiara por el otro mundo hasta encontrarse con una deidad de forma femenina que les juzgaría, probablemente una versión ibérica de Perséfone la diosa griega del inframundo. Practicaban el enterramiento y la incineración, existen urnas funerarias y túmulos en cerros, quizás dependiendo del estatus del fallecido.

La estructura social era la típica de pueblos celtas, es decir clientelar, gobernada por un reyezuelo o caudillo, figura que poseía los mejores contactos y clientes de toda la tribu. Y es que era patente la influencia de diversos pueblos comerciantes del este del Mediterráneo. Primero llegaron los fenicios que fundaron colonias comerciales como Gadir (Cádiz) o Malaka (Málaga), introduciendo productos orientales, algunos de imitación como en la actualidad, pero que eran muy apreciados por los indígenas. Más tarde llegarían los griegos que se asentaron en el levante y Cataluña fundando ciudades como Emporiae (Ampurias). Finalmente llegaron los cartagineses, legítimos herederos de los fenicios, que también fundaron colonias tan conocidas como Kart- Hadast  (Cartagena).

 

Guerreros íberos. Ilustración de Ángel García Pinto.

Guerreros íberos. Ilustración de Ángel García Pinto.

 
Los íberos a cambio de estos artículos podían ofrecer plata, oro y estaño, quizás los metales más codiciados de la antigüedad. Y los tenían en cantidad, tanto que corría la leyenda que dentro de sus casas de adobe y paja los techos estaban forrados del áureo metal, nada más lejos de la realidad claro. No obstante la explotación sistemática de los yacimientos de Iberia está más que demostrada, habiéndose encontrado minas de oro agotadas ya desde el siglo I de nuestra era.
 
La famosa falcata.

La famosa falcata.

Eso sí, no penséis que éstas tribus se dedicaban sólo al intercambio, les gustaba guerrear, si, y lo hacían muy muy bien. No era el típico pueblo bárbaro que se lanzaba como perros rabiosos sin orden ni concierto, los íberos formaban una especie de muro de escudos desde donde lanzaban estocadas y tajos con la famosa falcata. Una espada de un solo filo que causaba terribles heridas en el enemigo, cercenaba miembros y cabezas, desparramaba tripas por el suelo causando en la moral un gran impacto.

Otra arma típica era la falárica, una lanza de unos 90 cm de madera de tejo que se recubría de estopa y pez. Al impacto con el escudo enemigo, la lanza prendía y el guerrero se tenía que deshacer de su defensa, quedando vulnerable. Era una infantería mercenaria muy valorada en el mundo antiguo, se les vio en Sicilia, en las guerras griego-cartaginesas, combatieron al lado de Aníbal, permaneciendo muchos de ellos junto a él décadas, incluso las legiones de Roma contaban con ellos como auxiliares.

Pero desde que Cneo Cornelio Escipión puso pie en Hispania en año 218 a.C., empezaría un proceso de romanización con sus idas y venidas, guerras y alianzas con los latinos, pero un proceso inexorable al fin y al cabo que terminaría convirtiendo a Hispania en una de las joyas del imperio, que sería capaz de dar tres emperadores nacidos en la península y se convertiría en uno de los últimos bastiones del imperio occidental,  pero eso como sabéis, es otra historia.

 

Bibliografía y fuentes:

Apiano, Las guerras ibéricas.

Estrabón, Iberia.

Rafael Treviño, Enemigos de Roma: Los ejércitos íberos.

 

Acerca de Rober

Me llamo Roberto y nací en el año 1979 en Madrid. Apasionado de la historia desde siempre, mi única intención es que compartamos y divulguemos en este espacio cada pedacito de la antigüedad que tanto nos gusta. Me encantaría que recorrieras conmigo este periodo. ¿Te apuntas?, pues bienvenido a Historia o leyenda.


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4 Comentarios en “Iberos, comercio y mercenarios del mediterráneo

  • SrSospechoso

    Interesante artículo. Gracias por facilitar la divulgación de la historia. Y aprovecho el tema para hacer un poco de publi de mi pueblo, Andorra (Teruel) donde el primer fin de semana de Noviembre hacemos una feria de recreación Histórica ambientada en la época de los Íberos: Lakuerter. Aprovechamos que tenemos las ruinas de una poblado íbero muy bien conservadas.
    Invito a que se pase a cualquier amante de la historia antigua, allí le acogeremos y podrá participar de la historia en vivo.
    Saludos!!

     
    • Rober Autor

      Hola Sr Sospechoso.
      Gracias por tus palabras. Es perfecto que hagas “publi” de tu pueblo, gracias a iniciativas como la vuestra se puede conocer y divulgar aspectos de nuestro pasado que seguro muchos no conocen. Suerte con la feria y de nuevo gracias por tu comentario. Un saludo desde Madrid.