Guerras cántabras, el sacrificio de un pueblo 12


En el año 218 a.c., los íberos y demás pueblos de la península vieron como los romanos ponían pie en Hispania por primera vez, a partir de entonces comenzó una relación entre estas dos culturas que tendría su fin casi dos siglos después. Y es que Hispania se reveló como una de las provincias más leales, prósperas y queridas de todo el imperio. Pero hasta que esto sucedió miles de vidas fueron segadas en atroces guerras, implacables asedios y genocidios de tribus enteras. Las guerras cántabras fueron el último halo de libertad de estos pueblos, que recogían el testigo de otras hazañas como la de Numancia, o la resistencia de Viriato, y dan fe de por qué Iberia era el Vietnam de los romanos.

El 16 de Enero del año 27 a.c., Cayo Octavio pasaba a ser César Augusto, Prínceps, el primero entre iguales, el primer emperador de Roma. Había derrotado a todos sus rivales en la guerra civil, pero no tenía ninguna victoria sobre un pueblo extranjero, debía afianzar su liderazgo sometiendo algún pueblo bárbaro.

Muchos pensaron que lo correcto sería continuar las gestas de su padre adoptivo, Julio César, por lo tanto germanos y britanos tenían todas las papeletas para ser conquistados. Pero Augusto quería una victoria totalmente suya de principio a fin, y el escenario perfecto era el norte de Hispania, el último reducto de libertad de toda la península.

Realmente las hostilidades ya habían comenzado dos años antes, en el 29 a.c. Statilio Tauro realizaba una expedición de castigo contra los vacceos que estaban apoyados por cántabros y astures. Los últimos reductos de los vacceos fueron tomados y “pacificados” quedando toda la Celtiberia sometida, el propio Statilio Tauro recibió el título de Imperator por el propio Augusto. Los cántabros y astures se retiraron a sus oppida (oppidum en singular) en las montañas del norte, conocedores de que la derrota de los celtíberos dejaba a los romanos en una buena posición desde donde lanzar una campaña contra ellos.

 

Aspecto de un legionario de principios del siglo I, ilustración de Johnny Shumate.

Aspecto de un legionario de principios del siglo I, ilustración de Johnny Shumate.

Cayo Calvisio Sabino y Sexto Apuleyo consiguieron sendas victorias los dos años siguientes, los escritos nos dicen que contra pueblos del norte, pero realmente no hay prueba de ello, se conjetura actualmente que astures y cántabros realizaban incursiones al sur de sus tierras probablemente para conseguir grano, por lo tanto podemos suponer que estas victorias se deben a combates en tierras de los recién expulsados vacceos, que disponían de reservas de grano.

En el año 26 a.c. el propio emperador decidido a conseguir una gran victoria se puso al mando de la campaña. Llegó a Tarraco, que se convirtió en capital imperial durante dos años, y de ahí marchó a Sasamón (Burgos) que sería la base de operaciones desde la que lanzar la ofensiva. Sería un avance en forma de tridente que pretendía arrasar todo lo que se pusiera por delante, para ello disponía de siete legiones…, si, si, siete legiones para someter a lo que ellos creían una panda de pastores que no sabían guerrear. Legiones tan famosas como la IX Hispana, VI Victrix, X Gémina y V Alaudae se encargarían de astures y galaicos, y la I Augusta (que perdería este título en la guerra), II Augusta y IV Macedónica se las verían con los cántabros.

Pero no encontraron la batalla que ansiaban, lo que encontraron fue un territorio sin infraestructura, con un paisaje cada vez más agreste, penoso para el avance y con emboscadas, continuas emboscadas. Los cántabros y astures preferían la táctica de la guerrilla, mermando poco a poco las fuerzas invasoras, minando su moral ya que preferían la noche para atacar, con el rostro pintado, aullando como lobos, ciertamente los romanos pensaban que eran demonios (experiencia que ya habían sufrido anteriormente con celtíberos y lusitanos). Uno de los caudillos que lideraba este tipo de ataques era Corocotta, y debió ponerle las cosas muy difíciles a los romanos pues el propio Augusto ofreció la increíble recompensa de 200.000 sestercios por su captura. El líder cántabro ni corto ni perezoso se presentó en el castrum del emperador y exigió su propia recompensa. Augusto fascinado por el descaro del bárbaro le entregó el dinero y le dejó marchar.

Pero el año 26 a.c. no fue del todo infructuoso, se conquistaron dos oppida en Peña Amaya y el monte Bernonio, y se libró una batalla en llano a pie del monte Vellica. La IV Macedónica se empleó a fondo y tuvo que pedir refuerzos a la IX Hispana para rematar el enfrentamiento, incluso en batalla campal los cántabros eran enemigos temibles.

Castro de Santa Marina.

Castro de Santa Marina.

En el año 25 a.c. Augusto tuvo que retirarse a Tarraco enfermo por el frío. Suetonio comentaba un episodio de cuando era transportado en su litera, un rayo le rozó fulminando al esclavo que estaba junto a él para alumbrarle, esto le afectó profundamente pues era de carácter muy supersticioso. Sin embargo en lo militar fue el año de la iniciativa romana, recurrieron a su puerto de Aquitania para resolver el problema que tenían con el grano. Con el suministro asegurado, se lanzaron al ataque cerrando a los cántabros y astures en sus ciudades fortificadas. En Bergida y Attica los norteños presentaron batalla de nuevo, siendo ésta vez derrotados completamente, los supervivientes antes que ser capturados se inmolan en el fuego, familias enteras son pasadas a cuchillo por sus padres o madres para evitar la esclavitud, y los últimos en quedar se envenenan con el tejo.

Los astures por su parte, ya diezmados y acorralados se fortifican en su última defensa: la ciudad de Lancia. Comandados por Gausón presentan una fiera resistencia, pero la Legio I y IX, finalmente toman la ciudad a sangre y fuego y el líder astur no tiene más remedio que capitular y someterse a Roma. La I legión se quedó como guarnición en tierras astures y la IX fue enviada al monte Vindio donde se encontraban sitiadas más fuerzas cántabras, pero la dificultad de tomar la plaza debido a lo escarpado del monte obligó a los romanos a tomar los pasos y bloquearlos, iniciando un asedio que duraría todo el invierno, los sitiados murieron famélicos o se arrojaron por la ladera despeñándose.

En el año 24 a.c. los cántabros deciden dar un golpe de efecto. Ofreciendo un tributo de trigo engañan a una gran columna de romanos (unas 8 cohortes, casi una legión) a la que prácticamente aniquilan, aprovechando la confusión y la ayuda de los astures, arrasan los campos de la meseta. Pero no contaban con los refuerzos que vendrían desde Aquitania, los cántabros sorprendidos vuelven lo más rápido posible a sus fortificaciones. En Aracillum llegarían a confluir hasta 5 legiones, Cayo Antistio Veto, el magister al mando, realizó el típico asedio romano con ballistas y catapultas. Los legionarios formando en testudo avanzaban hasta las empalizadas donde serían recibidos por todo tipo de proyectiles, la lucha una vez tomada las murallas debió de ser terrible, pues apenas quedaron supervivientes cántabros, cada calle era una fortaleza defendida por demonios encolerizados, pero finalmente la campaña acabó con la conquista de Aracillum, y César Augusto victorioso, cerró las puertas del templo de Jano, pero me temo que las cerró muy pronto.

 

Guerreros del norte de la península, astur, cántabro y galáico. Ilustración de Ángel García Pinto.

Guerreros del norte de la península, astur, cántabro y galáico. Ilustración de Ángel García Pinto.

En el año 22 a.c. sintiéndose recuperados, los cántabros y astures se rebelan de nuevo, y lo hicieron a lo grande cortando la vía Carisa y asediando el campamento romano de Monte Curriel, ocupado mayormente por tropas auxiliares. Cercanos a los 5.000 hombres, se dispusieron a aguantar la cometida de unos 15.000 astures y cántabros, que con gran violencia masacraron a la guarnición entera, fue una gran victoria para los autóctonos. Aunque valientes y aguerridos, los pueblos del norte de la península no podrían aguantar una guerra larga contra Roma, que parecía multiplicar sus fuerzas pese a los esfuerzos de los invadidos. Los Astures fueron totalmente derrotados y ya no serían capaces de movilizar ninguna fuerza, pues a todos sus hombres en edad de combatir se le cortaron las manos, fueron crucificados o esclavizados.

Pasaron 2 años, todo parecía ir bien para Roma, el norte estaba asolado, los pocos insurrectos que quedaban libres se habían escondido en lo profundo de las montañas, pero Roma ya no los consideraba una amenaza, pronto descubrirían las “bondades de la Pax” y se olvidarían de su bárbara existencia. Pero no contaban con la increíble voluntad de este pueblo, parecía que preferían ser exterminados antes que sometidos y de nuevo se levantaron en armas. Hasta los esclavos cántabros de la Galia asesinaron a sus amos y volvieron a centenares a sus montañas a luchar. Fue tal este último ímpetu de libertad, que la legión I Augusta perdió su sobrenombre al huir frente a una hueste de cántabros. El Prínceps harto de la situación, y de los recursos en hombres y suministros que se tragaba ese pozo que era el cantábrico, decidió mandar a Agrippa, general de confianza y amigo personal del mismísimo Augusto.

Agrippa no tuvo piedad, arrasó todo a su paso y la guerra pasó a ser exterminio, los pocos focos de resistencia que quedaban vendían cara su derrota, sin rendición, hasta el último hombre. Cuando Agrippa ordenó crucificar a todos los hombres en edad de combatir, éstos cantaban himnos de victoria mirando a los ojos de sus enemigos, hasta ahí llegó la valentía de este pueblo. En el año 19 a.c. acabó toda resistencia, como medida de precaución 3 legiones se quedaron acuarteladas para prevenir posibles conflictos, pero no hizo falta, pues ya no quedaba nadie para alzarse.

Si fuéramos anglosajones ya hubiéramos hecho varias películas o series de este conflicto épico, pero desde éste humilde blog rendimos homenaje a la última resistencia de éste gran pueblo, que supo enseñar a la más engrasada máquina bélica de la época el significado de la palabra libertad.

 

Bibliografía y fuentes:

Ross Cowan, El ejército de César Augusto.

Rafael Palacio, Narciso Herreros, Rafael Guerrero, Los Cántabros. Desde los orígenes a las Guerras Cántabras.

Floro, Guerra contra cántabros y astures. 

 

Acerca de Rober

Me llamo Roberto y nací en el año 1979 en Madrid. Apasionado de la historia desde siempre, mi única intención es que compartamos y divulguemos en este espacio cada pedacito de la antigüedad que tanto nos gusta. Me encantaría que recorrieras conmigo este periodo. ¿Te apuntas?, pues bienvenido a Historia o leyenda.


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12 Comentarios en “Guerras cántabras, el sacrificio de un pueblo

  • Pedro

    Rober, supongo que mucho antes, éstos o sus antepasados, debieron sufrir también el paso de Aníbal por esa región cuando éste iba rumbo a Roma. Saludos!

     
    • Rober Autor

      Hola Pablo.

      Astures y cántabros no estaban en la ruta de Aníbal hacia los Alpes. En sus conquistas por Iberia llegó hasta Salmantica (Salamanca), pero nunca hasta la costa cantábrica.

      Un saludo y gracias por tu comentario.

       
  • Javier

    Puede que la etnia en si se perdiera, pero esos aires de libertad se seguiran respirando y de esas tierras saldran las batallas mas importantes de españa, su nacimiento y posteriores reinos astur, leon y castilla. Aunque algunos les duela solo hay que ser riguroso con la historia y las fronteras.

     
    • Rober Autor

      Hola Javier.
      Los diversos pueblos de la península ibérica siempre han sido galantes de un sentimiento de libertad muy profundo. Dicho esto estamos hablando de épocas diferentes con contextos muy diferentes también (doy por hecho que te refieres a Don Pelayo y la posterior reconquista). En la guerras cántabras se trata de una sociedad castrense que resiste a otra muy militarizada y con un sistema pujante como era el principado (dejemos a parte las cuestiones morales o éticas), y la otra se trata de una sociedad en declive como eran los reinos visigodos a la cual le faltó la puntillita, estas se la dieron los musulmanes con un contingente no muy numeroso.

      Por otra parte es cierto que sin la resistencia de los reinos del norte no estaríamos hablando en un idioma derivado de aquellos que ganaron las guerras cántabras, no deja de ser curiosa la historia. Gracias por tu comentario, espero leerte más por aquí.

       
    • Rober Autor

      Hola Rodrigo, tienes que fijarte en el contexto en el que lo he escrito, como si los romanos dieran por hecho la total derrota de los cántabros y astures, cuando en realidad quedaba la última resistencia que llevaría incluso a los esclavos que residían en la Galia a escapar y volver a su tierra para defenderla hasta el final. Lo de las bondades de la pax evidentemente es desde el prisma romano, no creo que muchas de sus conquistas pensaran eso por lo menos al principio, aunque también es cierto que Hispania, una vez “pacificada” sería de las provincias más tranquilas y prósperas del imperio. Muchas gracias Rodrigo por seguirnos, un saludo.

       
  • Pedro López

    Muy interesante, siempre fascinante, didáctica…la Historia de la Humanidad ; personalmente me atrae la Antigüedad y la Historia de nuestra Península Ibérica. Las Guerras Cántabras, me resultan irresistibles, y todo lo que voy aprendiendo (gracias a los profesionales, que comparten sus conocimientos, como en este caso), todo lo que leo, me estimula todavía más, me surgen nuevas y múltiples cuestiones. En este interés personal, creo que me ha influido toda mi vida, el vivir en esta Comarca de El Bierzo, lugar donde se desarrollaron acontecimientos históricos durante el impulso militar definitivo romano. Ni más ni menos que el propio Augusto desembarcó en Tarraco, con sus mejores generales y sus Legiones, encabezando la marcha hacia estos rebeldes territorios, que no sólo rechazaban la “civilización”, sino que periódicamente, se lanzaban al saqueo, produciendo daños y perjuicios a los intereses del naciente y poderoso Imperio. Resultaba humillante para Roma y sus Senadores, que tras varias insultantes derrotas, en una provincia que no conseguían someter completamente pese a los 200 años de romanización y explotación.
    Esta era la campaña definitiva : sus mejores militares atacarian (con 7 legiones?) por tierra y por mar.
    No resulta difícil ponerse en la piel de un habitante de esta comarca semi-aislada entre montañas circundantes, cuando conocieron lo que se les venía encima. El ingente número de soldados desembarcados, nunca antes visto, ya indicaba la determinación de Roma, y que ni las escaramuzas y emboscadas oportunistas, que habían conseguido frenar en otras ocasiones a esos soldados acostumbrados a luchar formados, en campo abierto. Esta vez, los muros naturales que les protegían, serían insuficientes…yo me sentiría aterrado, no por tener los días contados en este mundo, sino porque no habría piedad (ellos tampoco la tuvieron con los romanos vencidos), aniquilarían a todos los pueblos, a todas las comunidades, hasta la extinción. Y los desafortunados que sobrevivieran, su destino sería más terrible que la muerte: la esclavitud. Lo más angustioso debieron de ser los días de espera, antes del día en que por el Este se alzase el Sol junto a un bosque de lanzas con picos destelleantes.
    ¿Cómo se prepara un Pueblo, una Cultura de muchas generaciones de existencia, ante una situación como esta? Sí, como guerreros, se prepararán con la mayor fiereza (la de la desesperación) y determinación del mejor de los guerreros que harán gala de sus mejores armas, valentía y lucidez que los dioses le permitan, y que les hagan dignos de las promesas, que ofreció el día en que se hizo guerrero y ofreció su vida a su Régulo y a los dioses. Pero ¿Cómo se prepararian personal e íntimamente, con sus allegados familiares, con su propia alma y sus deidades ¿Cuáles serían sus creencias y rituales? ¿Cómo se afrontaría y se prepararian socialmente, en común? ¿Mantendrían la tranquilidad y la dignidad; se produciría “kaos”,desacuerdos,huidas, desafecciones, deserciones, traiciones para intentar salvarse…¿Haría, el Hombre, gala de honestos ideales, hoy perdidos, o saldrían a relucir las “miserias” capaces, por no controlar su instinto de conservación que también hacen humano al hombre (aunque quizás no tan marcado en una época en que la muerte, era tan común y habitual como la vida misma)

     
    • Rober Autor

      Hola Pedro!
      Desde luego has descrito muy bien la catástrofe que es en sí una guerra, y más en aquella época. La historia de las guerras cántabras en particular tiñe todavía más de negro la campaña, ya que, prácticamente fueron exterminados por la maquinaria bélica romana. Es cierto que posteriormente Hispania fue una de las perlas del imperio, pero sin duda costó miles de vidas y mucha sangre hasta llegar a ese punto.
      Me alegra mucho que te guste el blog, espero seguir leyéndote, saludos.

       
      • Pedro López

        Me encanta el blog, y sobre todo poder aprender de forma tan accesible y didáctica. Qué gran invento Internet! Lo que hubiese dado por tener acceso a tanta información, a tantas personas con inquietudes comunes, a tantos buenos maestros…en mi época de estudiante!
        Solo tengo palabras de agradecimiento por ideas, iniciativas y trabajo tan brillantes como esta. Y que existan personas dispuestas a compartir sus conocimientos de forma tan generosa con todo el que esté dispuesto a aprender y aportar humildemente todo lo que, aficionados como yo, podamos aportar.
        Tenéis en mí un amigo agradecido, con el que podéis contar y compartir la pasión por la Historia de la Humanidad.
        Un afectuoso saludo.

         
        • Rober Autor

          Muchísimas gracias Pedro, en eso consiste Historia o leyenda, abrir el apetito por saber un poco más de como fue el mundo hace siglos, y con un poco de suerte entendernos a nosotros mismos, gracias por tus palabras y espero que sigas con nosotros mucho tiempo.