Gránico, la primera victoria de Alejandro en Persia 6


La historia antigua está repleta de personajes que de una manera u otra influyeron en el devenir de la misma, pero si tuviéramos que elegir al más importante o conocido, sin duda muchos elegirían a Alejandro Magno. Sus conquistas se extendieron desde Grecia hasta la India, iniciando un periodo de helenización de oriente que perduraría por siglos. Hoy voy a relatar su primera gran victoria en territorio persa, la batalla del río Granico.

Después de la muerte de Filipo II, asesinado en el año 336 a.c., Alejandro III heredó el trono de Macedonia a la edad de veinte años. Su juventud hizo pensar al resto de los estados griegos que la mano de hierro con que Filipo había sometido a la Hélade por fin podría abrirse. Pero Alejandro demostró que no sólo era tan buen militar como su padre, sino que no le temblaba el pulso a la hora de demostrar fuerza, Tebas dio ejemplo de ello.

Los atenienses, al enterarse de la derrota y destrucción de Tebas, enviaron ante Alejandro una delegación de diez ciudadanos conocidos por ser afines a los Argéadas (dinastía de Alejandro y su padre Filipo). El joven rey no tuvo problemas en aceptar el sometimiento de Atenas, eso sí, a cambio exigió la entrega de Demóstenes y otros partidarios suyos, claramente contrarios al gobierno de su padre y por lo tanto al suyo. Los acusaba de haber provocado la batalla de Queronea y de instigar la revuelta de Tebas.

Los atenienses le suplicaron que les perdonara la vida y juraron fidelidad a Macedonia. Alejandro finalmente aceptó, quizás por la profunda admiración del Magno por Atenas, o porque no quería empezar la campaña de Asia dejando posibles sediciones atrás.

Con los asuntos de Grecia aparentemente resueltos, Alejandro se puso manos a la obra para ultimar los preparativos de su campaña en Asia. Dedicó sacrificios a Zeus Olímpico para que le fuera propicio en su empresa, organizó unos juegos en Egas y designó a Antípatro como regente en Grecia.

En Abril del año 334 a.c., los macedonios cruzaron el Helesponto con una flota de 160 navíos y cerca de 40.000 hombres. Al acercarse a la playa, Alejandro arrojó una lanza hacia tierra declarándose conquistador de Asia, y luego desembarcó el primero ataviado con la panoplia de combate, emulando a los antiguos aqueos que llegaron para conquistar Troya. Erigió altares a Zeus, Atenea y Heracles y se dispuso a visitar la ciudad que tantas veces había leído en las palabras de Homero. Frente a la tumba de Aquiles y Patroclo, Alejandro y su compañero Hefestión, honraron la memoria de los héroes griegos colocando guirnaldas y bailando desnudos alrededor de los sepulcros.

Estatua de Alejandro, museo de Estambul.

Estatua de Alejandro, museo de Estambul.

Los persas no llegaron a tiempo para interceptar el avance de los macedonios, y decidieron establecerse en los alrededores de Zelea. Allí, el estado mayor del ejército discutía la mejor manera de enfrentarse a los macedonios. Memnón de Rodas, comandante de los mercenarios griegos, era partidario de una retirada organizada, privando a los griegos de suministros con una política de tierra quemada. Así, si la flota persa bloqueaba su regreso a la Hélade podrían cercarlos y matarlos de hambre.

Pero Arsites, gobernador de Frigia no quería ni oír hablar del tema, no estaba dispuesto a dejar que sus tierras fueran arrasadas por culpa de un jovenzuelo con ínfulas de gloria, bueno, también podía sospechar que Memnón quisiera alargar la campaña y cobrar más. Grave error por parte del gobernador, pues no se encontraban en superioridad numérica y Darío (rey persa) se encontraba muy lejos, en Susa, recluido en su corte, sin embargo a la cabeza de los macedonios se encontraba Alejandro, que por muy joven que fuera, inspiraba a las tropas con su presencia. Sea como fuere, las tropas persas se encaminaron hacia el Gránico para esperar a los griegos.

El rey macedonio avanzaba con sus tropas en formación de combate. Por precaución, envió una partida de reconocimiento compuesta por caballería con sarisas (sarissophoroi) y un pequeño contingente de tropas ligeras. La respuesta no tardó en llegar, los exploradores informaron de que el enemigo se encontraba formado en la orilla opuesta del Gránico, dispuesto para la batalla.

Podéis imaginar a un Alejandro eufórico, ansioso por entrar en combate con los persas. Sin embargo Parmenio, segundo al mando y fiel lugarteniente de su padre Filipo, le indicó que quizás la prudencia debía tomar las riendas de la situación y esperar a vadear el río hasta el alba, cuando los persas fueran más vulnerables. ¡Pobre Parmenio! Todavía no se imaginaba hasta donde les iba a llevar Alejandro, y el triste final que le aguardaba, pero bueno, no nos desviemos del asunto. Alejandro desde luego no iba a retrasar lo que él veía como una oportunidad de oro para asestar el primer golpe y elevar todavía más la moral de los suyos, con las palabras de Arriano cito su respuesta al veterano general:

“Reconozco la fuerza de los argumentos que has dado, Parmenión, pero me avergonzaría si, después de cruzar el Helesponto con tanta facilidad, un riachuelo nos fuera a dificultar el paso. No creo que actuáramos conforme con el prestigio de los macedonios, ni con mi propia forma de reaccionar con decisión ante los peligros. Lo que es más, creo que los persas volverán a armarse de valor, mientras sigan creyendo que en la guerra están a la par de los macedonios, ya que hasta ahora no han sufrido ninguna derrota ante nosotros que justifique el miedo que nos tienen”.

Mapa táctico de la batalla.

Mapa táctico de la batalla del río Gránico.

Alejandro dispuso en el centro de la formación a 9.000 falangistas y 3.000 hypaspistas. El flanco izquierdo lo cubría la caballería tesalia y griega, todo ello bajo las órdenes de Parmenio. En el flanco derecho se encontraba Alejandro con la caballería peonia, los sarissophori, caballería aliada de diferentes polis y su guardia personal de compañeros, flanqueados a su vez por el contingente de infantería ligera y arqueros. En total un ejército cercano a los 20.000 efectivos.

Los datos de los persas son sin embargo más confusos, ninguna fuente tiene un dato fiable del número exacto de su ejército, lo que sí se puede asegurar es que superaban ampliamente en caballería a los macedonios y la disposición táctica de los persas.

Arsites decidió formar la caballería al frente con la intención de asaetear a las falanges cuando cruzaran el río. La infantería quedó en segunda fila al mando de Memnón, con los mercenarios griegos en posición central, protegidos por arqueros persas. Como he comentado antes las fuentes son muy dispares, desde 100.000 efectivos hasta solamente 15.000. Pero tiendo en cuenta que en el ejército persa se encontraban un gobernador, un sátrapa y varios generales podemos asumir que se pudo reunir un contingente entre 35.000 y 40.000 hombres.

La idea de Arsites no era del todo mala, pero tenía un fallo: Alejandro tenía por costumbre hacer lo que menos esperaba el enemigo, normalmente con una acción rápida y audaz capaz de inclinar la balanza a su favor, y eso es exactamente lo que ocurrió.

Seguramente la arenga de Alejandro fue épica, invocaría a los dioses y a la gloria e indicaría a sus soldados que ante ellos se abría todo un imperio, listo para ser sometido por Grecia, por Alejandro.

La batalla dio comienzo cuando Alejandro ordenó a Sócrates (no el filósofo, evidentemente) que cargara con la caballería peonia y aliada las posiciones que se encontraban en frente suya. Los griegos cruzaron el río bajo la esperada lluvia de proyectiles y demás armas arrojadizas, pero un pequeño contingente de hypaspistas cruzó para socorrer a Sócrates y mantener ocupada todo el flanco izquierdo persa, momento que aprovechó Alejandro para lanzarse con la caballería de compañeros y las tropas ligeras agrianas y flanquear el ala izquierda de los persas.

Arsites no se atrevía a responder con su flanco derecho, pues en la orilla contraria un muro de picas permanecía impasible protegiendo su parte del río. Y con la caballería tampoco podía arriesgarse, si cruzaba el río, su homónima tesalia, más pesada le impediría el paso. Lo único que podía hacer era reforzar la zona donde se estaba combatiendo.

Carga de la caballería macedonia en el Gránico. Ilustración de Radu Oltean.

Carga de la caballería macedonia en el Gránico. Ilustración de Radu Oltean.

Durante un rato el combate era confuso en el flanco izquierdo persa, un “toma y daca” continuo, cuando Sócrates conseguía ganar unos metros, Arsites enviaba refuerzos y detenía el avance macedonio. Alejandro vio la oportunidad durante la confusión, y arremetió con toda la fuerza de sus compañeros y de los agrianos al ver a Mitrídates, yerno del mismísimo rey Darío al mando de un contingente de caballería que se acercaba al galope. Con un terrible ataque hirió mortalmente al príncipe persa en la cara que, cayó exangüe al suelo. Alejandro recibió un tremendo golpe en la cabeza que su casco pudo mitigar en gran parte, al girar vio a Resaces, hermano del sátrapa Espitídrates que intentaba darle muerte. Con la misma lanza con la que dio muerte a Mitrídates, atravesó el cuerpo de su atacante dejándolo sin vida. Fue el siguiente golpe el que no vio venir, Espitídrates loco de furia por la muerte de su hermano, alzaba el brazo dispuesto a terminar con la vida de aquel jovenzuelo con su espada curva, pero Clito, hijo de Drópidas (al servicio de Filipo) cortó el brazo del noble persa salvando la vida de su rey.

Mientras Alejandro mantenía ocupado ese flanco, el resto de la línea persa iba quedando cada vez más desguarnecida, propiciando que el resto del ejército macedonio cruzara el río sin apenas bajas. Rodeados por todos lados, la caballería persa empezó a batirse en retirada de forma desordenada, siendo los mercenarios griegos de Memnón los únicos en mantener su posición sin ceder. Finalmente diezmados poco a poco, fueron destruidos completamente.

Al no saber el tamaño de la hueste persa con cierta exactitud, el número de bajas también es muy relativo e inexacto. Se sabe que en la batalla murieron el sátrapa de Lidia, Espitídrates, el yerno del rey, Mitrídates, Mitrobúzanes, que era gobernador de Capadocia, Farnaces, cuñado de Darío y por lo menos tres generales más. También se hicieron dos mil prisioneros entre los mercenarios griegos de Memnón.

Arriano eleva las bajas macedonias a poco más de cien, algo impensable cuando la batalla tuvo varios puntos álgidos y se combatió cuerpo a cuerpo durante gran parte de ella. Lo que está claro es que Alejandro consiguió una victoria contundente, la primera de muchas que se sucederían hasta llegar a la India ocho años después. En el afán de gloria en ocasiones enfermizo, arrastró consigo una marea humana de más de cien mil almas con arquitectos, artistas, filósofos, etc, todos con el objetivo final de su rey: conquistar el mundo conocido y helenizarlo. Pero como muchos sabréis no todo fue gloria para el Magno, protagonista de episodios oscuros que empañaron sus éxitos, sus propios hombres acabaron hastiados de su carácter dual, pero bueno eso lo dejaremos para otra ocasión ya que, como sabéis, es otra historia.

 

Bibliografía y fuentes:

John Warry, Alejandro “La conquista de Persia”.

Lucio Flavio Arriano, Anábasis de Alejandro Magno.

Claude Mossé, Alejandro Magno “El destino de un mito”.

 

Acerca de Rober

Me llamo Roberto y nací en el año 1979 en Madrid. Apasionado de la historia desde siempre, mi única intención es que compartamos y divulguemos en este espacio cada pedacito de la antigüedad que tanto nos gusta. Me encantaría que recorrieras conmigo este periodo. ¿Te apuntas?, pues bienvenido a Historia o leyenda.


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