Gladiadores, la diversión y la muerte 6


Durante más de 600 años la lucha de gladiadores cautivó a la sociedad romana. Miles de estos hombres y mujeres dieron su vida a lo largo de los siglos para entretenimiento de la plebe de Roma. La industria de Hollywood en su afán por seguir divirtiendo a las masas, ha realizado diversas películas creando una serie de mitos que ya hemos adoptado como verdaderos; ¿eran realmente los gladiadores como nos lo muestran en las producciones para cine y tv?

El comienzo de las luchas de gladiadores se cree que es de origen etrusco, un acto para honrar la muerte de algún personaje más o menos ilustre allá por el siglo VI a.c., aunque historiadores modernos como Stephen Wisdom estiman que ese origen no es tan claro. Lo que si podemos datar con seguridad es que en el año 264 a.c. los hijos de un tal Bruto Pera (ciudadano romano), organizaron para su funeral un combate de tres parejas de gladiadores en el foro boario.

Puede que los orígenes de esta práctica sirvieran para fines rituales, pero con el paso de las décadas se fue convirtiendo en un instrumento para ganar estatus social a la vez que se ajusticiaba a los reos. Pero podemos ir más allá, ya que en el último siglo de la república y sobre todo en la época del imperio, los gladiadores se convirtieron en ídolos de las masas, llevando su fama hasta el último rincón del imperio. Las paredes se llenaban con dibujos de los gladiadores más afamados,  eran el tema de conversación de los patricios en sus atrios y las mujeres de éstos suspiraban por tal secutor o cual reciario.

En las casas de los patricios era habitual este tipo de mosaicos con las estrellas del momento.

En las casas de los patricios era habitual este tipo de mosaicos con las estrellas del momento.

Paradójicamente, estos celebrities de la antigüedad pertenecían al extracto más bajo de la sociedad,  eran infamis es decir, al mismo nivel de las prostitutas pues vendían su cuerpo por dinero, pero cumplían perfectamente su función, representaban la virilidad  y el honor que definía al pueblo romano y si en vida no lo demostraron (por algo estarían en la arena) podrían morir con la dignidad que se esperaba de cualquier ciudadano ejemplar, aunque ¿eran todos los gladiadores esclavos, delincuentes o prisioneros de guerra?. Pues no, ya fuera por fama o por dinero (un buen gladiador podía ganar por combate lo mismo que un centurión en un año) muchos hombres libres se comprometían por varios años a sufrir los rigores de esa vida tan dura. Durante el siglo I de nuestra era se calcula que dos de cada diez gladiadores eran hombres libres.

Aunque lo más normal era que los candidatos a gladiadores fueran adquiridos en los mercados de esclavos o traídos directamente de las campañas que las legiones tenían por medio mundo, así se podían encontrar gladiadores de cualquier rincón del mismo, un galo, un tracio, un salvaje númida o un indómito íbero. Una vez comprados por el lanista, eran llevados al ludus (escuela de gladiadores), donde vivirían y se prepararían hasta el día de su debut en la arena. Una de las partes más famosas es la del juramento de gladiador: “Uri, vinciri, uerberari, ferroque necari“, soportaré que me quemen con fuego, que me pongan grilletes, que me azoten con varas y me maten con el hierro, así ya sabían lo que se les venía encima.

El gladiador se sometía a un duro entrenamiento físico durante todo el día, los luchadores más noveles practicaban golpes y estocadas con una estaca de madera de 1,70m llamado palus, a medida que mejoraban se cambiaba la estaca por un hombre de paja, y finalmente cuando adquirían destreza suficiente ya podían entrenar con otro gladiador. En este entrenamiento no había concesiones, entrenaban como si estuvieran combatiendo pero si alguno resultaba herido, el combate se detenía y el gladiador perjudicado era inmediatamente atendido por el médico de la escuela. La dieta del gladiador estaba compuesta principalmente por cereales, sobre todo cebada, que era una comida barata y proporcionaba la energía suficiente que demandaban los luchadores. Cuando su jornada terminaba los gladiadores volvían a sus celdas, que pese a lo que se cree no eran de tan baja condición (al menos no la mayoría). Los esclavos y noveles poseían las más básicas, pero a medida que conseguían victorias y mejoraban su rentabilidad  su alojamiento también mejoraba, algunos llegaron a tener el tamaño y las comodidades que cualquier ciudadano desearía para él mismo.

Gladiadores en la arena.

Gladiadores en la arena.

Naturalmente no todos los gladiadores tenían las mismas habilidades, por eso había muchos tipos de combatientes, los necesarios para ofrecer un buen espectáculo, vamos a enumerar algunos:

Scissor: Un gladiador bastante acorazado, que portaba un arma peculiar, la llamada tijera romana (de ahí su nombre), este arma iba incrustada en el antebrazo a modo de garfio, sólo que en su extremo llevaba un filo terminado en luna creciente.

Essedarius: Éste era un gladiador que combatía en carro, se popularizaron a partir de la conquista de Britania de donde llegaban celtas experimentados en ese tipo de vehículo (esseda).

Secutor: Armado con un gladius y un scutum, el secutor es el típico gladiador polivalente y uno de los que más asociamos a Hollywood, su gran casco exageradamente adornado en su penacho lo podemos ver en cualquier película o serie del género.

Murmillo: Muy parecido al secutor en cuanto armamento, cubierto por una greba completa en su pierna izquierda y una protección en su brazo, era temible.

Reciario: Quien no conoce a este gladiador equipado con su red emplomada y tridente, uno de los más queridos por el público.

Samnita: Equipados con indumentaria y armas equivalentes a sus homónimos de la península itálica, representaban la superioridad romana frente a otros pueblos.

Tracio: Combatían con una pequeña rodela y una espada corta, muy rápidos en la arena, su punto débil era su escasa armadura, Espartaco era de este tipo de gladiador.

Por supuesto también había mujeres gladiadoras (Gladiatrix) tan expertas y mortíferas como sus compañeros masculinos.

fotograma spartacus

Fotograma de la serie de tv Spartacus.

El día de la inauguración de los juegos venía precedido por semanas de publicidad dando a conocer al patrocinador y los protagonistas del evento. Los gladiadores acudían al anfiteatro a pie o montados en carromatos pero siempre a la vista del público, que respondía con auténtico fervor al paso de sus ídolos. En la sesión matinal se ejecutaban a los condenados a muerte ya sea enfrentándoles entre ellos o echándoles a las fieras. Cuando llegaba la tarde y los romanos ya habían entrado en la espiral de sangre con las ejecuciones matutinas, llegaba el plato fuerte, los gladiadores salían a la arena y daban una vuelta para exhibirse, luego se detenían ante la tribuna y realizaban su saludo,  que por cierto no era la famosa frase: ave, los que van a morir te saludan, probablemente realizaran un saludo formal y poco más.

Los combates se sucedían durante toda las tarde haciendo las delicias del público asistente,  vibraban con cada estocada, con cada revolcón en la arena y con cada contraataque,  pero al final sólo uno de los dos era el vencedor, ahora esperaba el juicio del público o del patrocinador, este dependía de la forma del luchar del vencido y su arrojo en la arena. No obstante otro mito de Hollywood es que todos los combates eran a muerte, por el contrario un gladiador tenía un 80% de posibilidades de salir con vida del combate, pero si había perdido el favor del público aceptaba la muerte con honor.

Si un gladiador sobrevivía lo suficiente como para llegar al final de su contrato (en el caso de ser un hombre libre) o ganaba la gloria con sus hazañas, finalmente se le concedía la rudis, una espada de madera que simboliza la tan ansiada libertad. Pero no todos aquellos hombres estaban preparados para una vida “normal”, así que terminaban siendo lanistas, o directamente continuaban con su vida de gladiador hasta que Némesis (diosa predilecta de los gladiadores) les retirase su favor.

Así era la vida de estos ídolos de la antigüedad,  que sufrían solo para la diversión de los ciudadanos del imperio que les oprimía. Representantes de la libertad, provocaron revueltas en varias ocasiones, algunas de ellas tan famosas como la que protagonizó el indomable Espartaco, que puso en jaque a la república, pero bueno eso como sabéis es otra historia…

Bibliografía y fuentes:

Stephen Wisdom, Los gladiadores.

Alfonso Mañas, Gladiadores, el gran espectáculo de Roma.

Daniel P. Mannix, Breve historia de los gladiadores.

 

 

Acerca de Rober

Me llamo Roberto y nací en el año 1979 en Madrid. Apasionado de la historia desde siempre, mi única intención es que compartamos y divulguemos en este espacio cada pedacito de la antigüedad que tanto nos gusta. Me encantaría que recorrieras conmigo este periodo. ¿Te apuntas?, pues bienvenido a Historia o leyenda.


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