Filipo II de Macedonia. Guerra sagrada (II) 6


En el anterior artículo habíamos dejado a Filipo preparado con un ejército en pleno cambio, con tácticas nuevas y muy motivado por las primeras victorias del Argéada. El reciente botín de guerra estaba costeando nuevo equipo, y sólo necesitaba un nuevo objetivo para continuar con la expansión macedonia.

A pesar de haber “pagado la paz” con los peonios recientemente, Filipo sabía que sólo era cuestión de tiempo que empezaran a hacer incursiones desde el norte. Era la primera frontera que debía afianzar por la fuerza si realmente quería controlarla. No lo dudó, en una rápida campaña derrotó a los peonios y quedó posicionado para enfrentarse al que consideraba su verdadera presa, Bardílis I, rey de Iliria quién había derrotado y dado muerte a su hermano Pérdicas.

Bardílis era un hueso más duro que roer que los inconstantes peonios, contaba con un ejército experimentado y con varios miles de duros mercenarios. Filipo reunió todo lo que tenía para enfrentarse a los Irilios, 10.000 infantes y 600 jinetes. Atrajo a Bardílis hacia una llanura donde poder desplegar sin problemas a la nueva falange. Bardílis aceptó el reto y se acercó con su infantería formada en cuadro para contrarrestar la superioridad en caballería de los macedonios.

Sin embargo Filipo utilizó la táctica que había aprendido de Epaminondas, la formación oblicua, que había demostrado ser realmente útil en combate.

El choque de las infanterías debió ser brutal, el combate se generalizó por toda la línea implicando a todas las unidades escalonadamente. Ninguno de los dos ejércitos parecía ceder, las mejores tropas de Bardílis (situadas en el centro) chocaban una y otra vez contra el bosque de sarisas macedonias.

Fue entonces cuando la caballería de Filipo entró en juego cargando contra los debilitados cuadros de Bardílis. Los flancos y la retaguardia eran constantemente atacados hasta que finalmente cedieron y los ilirios se retiraron.

Lo que en principio era un repliegue con cierto orden se convirtió en una desbandada que derivó en una masacre. Filipo había triunfado donde su hermano Pérdicas III había perdido la vida tan sólo dos años atrás. Sus reformas sin duda daban resultados, los campesinos macedonios se estaban convirtiendo en una fuerza a tener en cuenta. Y no faltarían ocasiones para demostrarlo.

La paz con Bardílis se selló con el matrimonio entre Filipo y Eurídice, nieta del rey Ilirio.

Un año después (357 a.C.), Filipo apoyó a los tesalios en su enfrentamiento contra los tiranos de Feras, granjeándose una alianza que le proporcionaba la mejor caballería de Grecia a su lado. De nuevo un matrimonio dio forma a esta alianza, Filina de Larisa se convirtió en su esposa. Vamos, casi casi, Filipo tenía una mujer en cada polis (llegó a casarse en siete ocasiones).

Llegaba la hora de aumentar los ingresos. El oro que necesitaba se encontraba en el monte Pangeo, situado cerca de la ciudad de Anfípolis. Esta ciudad estaba controlada por Atenas, pero a Filipo no le dio ningún reparo en hacerse por la fuerza con ella.

Atenas continuaba aspirando a la hegemonía de Grecia y no puede permitirse perder un enclave tan importante. Intenta devolver la moneda a Macedonia instigando a sus vecinos para que atacasen a Filipo. Peonios, tracios e Ilirios vuelven a estrellarse contra el muro de sarisas macedonias.

Filipo al frente de su ejército. Ilustración de Johnny Shumate.

Filipo al frente de su ejército. Ilustración de Johnny Shumate.

Otro matrimonio más aseguró la frontera occidental con los molosos. Este matrimonio era especial, pues dicen que Filipo quedó rendido ante la belleza de Olimpia de Epiro. La futura madre de Alejandro Magno sin duda es un personaje que merece su propio artículo, pero podemos adelantar que no era una griega dócil y apaciguada. El matrimonio de sus padres marcaría profundamente el carácter del Magno, y muchos culpan la dualidad de su carácter a este evento. Pero no adelantemos acontecimientos, que este artículo está dedicado a Filipo.

Un nuevo conflicto se cernía entre los griegos (que raro, ¿verdad?), la llamada guerra sagrada.

En Grecia existía una liga llamada de los anfictiones. Estos anfictiones se encargaban de proteger el suelo sagrado de Delfos. Allí se encontraba el oráculo más importante de la Hélade.

La liga también era responsable de organizar la defensa y festividades del oráculo, prometiendo a cualquiera que violara la santidad del lugar caer bajo el hierro y el bronce.

Hay que remontarse hasta el año 362 a.C. para comprender los motivos del “casus belli”. En ese año los focidios fueron acusados de labrar tierra sagrada destinada para las reses de los sacrificios. En principio la sanción quedaba en un pago de quinientos talentos. En caso de no pagarlos sus tierras serían expropiadas y consagradas a Apolo.

Los focidios no podían o no querían pagar la multa. Aparte de considerarla excesiva, creían que era una maniobra para debilitar su posición. Así pues, su manera de presentar su desacuerdo fue designar a Filomelo como strategos autokrator y presentarse en Delfos con un ejército de hoplitas mercenarios en el año 356 a.C.

Los locrios intentaron recuperar el enclave, pero fueron derrotados estrepitosamente. Filomelo hizo despeñar a muchos de los cautivos por un barranco para mandar un mensaje a los anfictiones.

El strategos se autoproclamó protector del templo e inmediatamente envió emisarios a las principales polis para que ratificaran su nombramiento. Esparta y Atenas fueron de las primeras en aceptar la nueva condición del templo.

Pero por supuesto hubo otras que no aceptaron el ultraje de los focidios. Se formó una nueva alianza para expulsar a Filomelo de Delfos y declararon la guerra oficialmente.

Fueron los tesalios los primeros en encabezar las nuevas fuerzas de los anfictiones. Se logró reclutar un ejército de 6.000 hoplitas, que debían unirse a otras unidades de diferentes aliados antes de marchar hacia Delfos. Filomelo fue hábil y rápido en responder, y decidió ocupar los caminos y acosar a cada hueste por separado.

Cuando por fin aparecieron los tesalios, Filomelo les estaba esperando con 3.500 focidios y 5.000 mercenarios. Los tesalios fueron derrotados en Argolas, y su famosa caballería tuvo que huir con el rabo entre las piernas.

Parecía que Filomelo era una roca enquistada en el terreno, no había manera de hacerlo retroceder. Los tebanos dieron un paso adelante y enviaron a uno de sus mejores generales: Pamenes. Esta vez los anfictiones tenían un ejército de 13.000 hombres para echar a Filomelo de la Lócride.

Aunque el focidio también recibió refuerzos de los aqueos, éste se vio superado ampliamente en número y decidió retirarse hacia Delfos. Pamenes no quería desperdiciar su ventaja y persiguió a Filomelo, dándole caza cerca de la ciudad de Tithorea.

En la batalla de Neon (nombrada así por la acrópolis de Tithorea), los focidios fueron derrotados finalmente tras una encarnizada lucha. El propio Filomelo, herido y sin posibilidad de huir, se despeño desde la ladera del monte Parnaso. Esa fue la última morada de los focidios que no pudieron escapar.

Onomarco quedó entonces al mando de los supervivientes que lograron llegar a Delfos. Pamenes pensó que había desarticulado la capacidad combativa de los focidios, nada más lejos de la realidad. Tras ser nombrado como nuevo strategos autokrator, Onomarco saqueó los tesoros del templo. Después de fundir el oro y la plata consiguió suficientes monedas para reunir un ejército de 20.000 infantes y 6.000 jinetes. Como podéis comprobar la apuesta subía cada vez más.

Para colmo Pamenes se encontraba en Asia menor apoyando al sátrapa Artabazo, que se había rebelado contra el rey de reyes persa.

Aun así Onomarco sobornó a los tesalios para poder marchar contra Beocia sin oposición de los primeros. Poco tiempo estaría en tierra de los tebanos,  pues sus nuevos aliados tesalios pedían su ayuda para mediar en su conflicto interno contra la antigua dinastía de los Alévadas.

Los Alévadas sabían que no podían contar con los tebanos, y el ejército de Onomarco no era para tomárselo a broma. No tenían tiempo para organizar una alianza entre pequeñas polis, debían buscar a alguien que tuviera el suficiente poder para plantar cara a los focidios.

Habéis acertado, ese alguien era Filipo y su renovado ejército que no conocía la derrota. Filipo aceptó prestar ayuda e irrumpió en Tesalia con su ejército.

Batalla del campo de Azafrán. Ilustración de Ángel García Pinto.

Batalla del campo de Azafrán. Ilustración de Ángel García Pinto.

Onomarco envió a su hermano Failo para intentar derrotar a Filipo, pero cayó derrotado. El strategos autokrator no tuvo más remedio que ocuparse personalmente del asunto, y vaya si lo hizo.

Derrotó a Filipo en dos ocasiones, la segunda de ellas ocasionó grandes bajas a los macedonios. Esperó a Filipo en una estrechez de un valle, haciendo ver a los macedonios que huía. Al apretar las filas de la falange, ésta se convirtió en un fácil objetivo para los petroboloi (catapultas). Con las filas desordenadas y con cientos de muertos en el suelo, los focidios dieron la vuelta y cargaron contra las maltrechas filas macedonias. Es curioso que este combate se tiene como el primero documentado donde se usa artillería contra infantería en un campo de batalla griego. En palabras del historiador Polieno:

«Eligiendo una posición frente a una montaña con forma de media luna, y escondiendo sus catapultas con su munición de piedras y sus artilleros en la zona alta de cada flanco, (Onomarco) dirigió a su ejército hacia el terreno llano. Cuando los macedonios les salieron al encuentro y les disparaban de lejos, los focidios fingieron huir hacia la zona central de la montaña. Los macedonios cargaron con ánimo e ímpetu, pero la falange macedónica fue lanzada al desorden por el fuego de las catapultas desde terreno superior. Entonces Onomarco mandó a sus focidios girarse y cargar contra el enemigo. Cogidos entre el fuego de la artillería y la carga desde un terreno más elevado, las tropas macedónicas se retiraron con grandes dificultades y pérdidas en su huida»

Fue tal la derrota que Filipo vio peligrar su trono. Pero como sabéis no era un tipo que se amedrentara con cualquier cosa, y lleno de ira anunció a sus súbditos que él era igual que los arietes, retrocedía para embestir con más fuerza.

Recuperó la confianza de los tesalios y reunió un formidable ejército de 20.000 soldados y 500 jinetes. Decidió poner sitio a la ciudad portuaria de Pasagas para llamar la atención de Onomarco. Éste decidió advertir a sus aliados atenienses para que movilizaran su flota, pero a la vez se acercó con su ejército para acabar con el rey tuerto.

La batalla se decidió en una llanura anexa a la bahía de la ciudad, llamada el Campo de Azafrán. Filipo no tuvo piedad esta vez, rodeó los flancos de los focidios con su superior número y la caballería tesalia rompió su formación como un cuchillo corta la mantequilla.

Filipo se vengó de su anterior derrota causando una mortandad muy elevada. Más de 6.000 bajas en la propia batalla, más 3.000 prisioneros que fueron posteriormente ahogados como ladrones del templo de Delfos. No tuvo piedad ni con el propio Onomarco. Al hallar su cuerpo sin vida en el campo de batalla, Filipo ordenó colgarle como a cualquier vulgar delincuente.

Filipo se retiró hacia el norte para ocuparse de sus propios asuntos, aunque no olvidaría la ayuda ateniense a los focidios. Durante los siguientes seis años, el macedonio estuvo ocupado en la frontera Tracia, siempre inestable. Y de paso acosar a Olinto cuya posición pro ateniense era muy evidente.

Podríais pensar que a los focidios se le habían quitado las ganas de combatir, pero como suele pasar en la historia griega, la paz no es más que un descanso para continuar con la guerra.

Otro nuevo strategos se encargó de saquear de nuevo el templo y pagar una verdadera fortuna por un ejército de mercenarios. Se trataba de Failo, hermano de Onomarco, que ya había sido derrotado por Filipo en una ocasión.

Failo no pensaba ir a la batalla solo con sus focidios y mercenarios. Maniobró hábilmente para conseguir apoyo militar de Esparta, Atenas, que colaboraron con 1.000 y 5.000 infantes respectivamente.

Un total de 10.000 hombres Failo irrumpió en Beocia, pero demostró ser mejor diplomático que general. Fue derrotado en varias ocasiones y finalmente murió de una enfermedad mientras se retiraba de Beocia.

Reconstrucción facial de Fillipo II.

Reconstrucción facial de Fillipo II.

El relevo lo tomó su sobrino Faleco, que se enquistó en las Termópilas con 8.000 hoplitas. Los tebanos enviaron entonces una embajada a Macedonia, querían que el terrible Filipo acabara de una vez por todas con la guerra.

Filipo aceptó de buena gana y movilizó todo su ejército para avanzar contra Faleco. Pero los atenienses no tenían muchas ganas de enfrentarse a él, y enseguida se movilizaron para firmar una paz unilateral con Macedonia.

El tratado fue llamado la paz de Filócrates y supuso una zancada gigantesca a las pretensiones de Filipo para el panhelenismo. Faleco llegó a un acuerdo con el rey macedonio y abandonó las Termópilas y cualquier intento de acción ofensiva. Se convirtió en un mercenario más y sus días acabaron combatiendo en Creta.

El pueblo focidio pagó la terquedad de sus comandantes siendo excluidos de los anfictiones. Los macedonios y sus aliados tesalios saquearon sus ciudades, y muchos de sus hombres en edad militar fueron exiliados. Filipo “heredó” el puesto en la anfictionía de los focidios y fue nombrado protector del santuario.

Era el 346 a.C. y por fin la guerra sagrada había terminado. Y realmente quien había ganado era Filipo, casi en exclusividad. Los Tebas a pesar de estar en el bando vencedor quedó prácticamente arruinada, tanto en recursos humanos como económicamente. Y Atenas había quedado muy tocada diplomáticamente hablando. Las dos potencias de la Hélade parecían palidecer ante el sol de Vergina macedonio.

El sueño de Filipo de una Grecia unida bajo su “protección” estaba cada vez más cerca. Pero Atenas, a pesar de haber firmado la paz con Macedonia, no quedaría pasiva durante mucho tiempo. La batalla que decidiría el panhelenismo se acercaba, pero os la contaré en el último artículo dedicado a Filipo, que será la semana que viene.

Bibliografía y fuentes:

Arturo Sánchez Sanz, Filipo II y el arte de la guerra.

Revista Desperta Ferro Nº 21, Filipo II de Macedonia.

Plutarco, Vidas paralelas.

Jorge Juan Moreno Hernández, La táctica macedónica en tiempos de Filipo.

 

Acerca de Rober

Me llamo Roberto y nací en el año 1979 en Madrid. Apasionado de la historia desde siempre, mi única intención es que compartamos y divulguemos en este espacio cada pedacito de la antigüedad que tanto nos gusta. Me encantaría que recorrieras conmigo este periodo. ¿Te apuntas?, pues bienvenido a Historia o leyenda.


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6 Comentarios en “Filipo II de Macedonia. Guerra sagrada (II)

  • Adolfo

    Vaya nada mal Rober! Me gusto mucho este capítulo del padre del magno, del semibarbaro que nadie imaginó que dominaría a la helade entera.
    Por cierto Rober, me gustan mucho tus artículos que es imposible que me decepcionen 😁👍🏼

     
    • Rober Autor

      Hola Adolfo.

      Filipo al igual que Amílcar, palidecen por la grandeza de sus hijos. Pero sin ellos hubieran carecido de una base fundamental para sus grandes logros.

      Todavía falta un artículo que se centrará en la batalla de Queronea y su tumba en Anfípolis, espero que también disfrutes con ello.

       
  • RENE Quiroz

    Primero muchas gracias por compartir tu pasión y hacerla nuestra al sembrar semillas que espero germinen en muchos niños a lo largo del mundo, recibe saludos de la familia Intelimundo Educación desde la Ciudad de México.

     
    • Rober Autor

      Hola Rene.

      Siempre es un honor cada vez que recibo comentarios positivos del otro lado del charco. La historia es una pasión que nos une a muchos y pienso que su divulgación es importante para conocer el presente. Saludos desde Madrid.