El muro de Adriano, el límite de la civilización 12


Es más que probable que hayáis escuchado alguna vez sobre la guardia de la noche y su interminable deber de proteger el “muro” de las huestes salvajes del norte y de otras cosas peores más allá de las tierras de poniente, situado en el fantástico mundo de Canción de hielo y fuego (Juego de tronos) creado por el genial escritor y guionista George R.R. Martín. Lo que no sé si sabréis es que la invención de éste descomunal muro de hielo está basado en una de las construcciones más imponentes del imperio romano: El muro de Adriano.

Un muro que delimitaba literalmente (por lo menos para los latinos), el mundo civilizado de la barbarie y que atraviesa por 117 kilómetros el norte de Inglaterra, de este a oeste, entre Pons Aelius (Newcastle) y el golfo de Solway. Pero, ¿por qué Roma decidió fabricar una mole defensiva de ese tamaño en una provincia ya pacificada?… sencillo, porque no estaba tan pacificada como a los sureños les hubiese gustado.

Britania era para los romanos un auténtico interrogante, muchas leyendas alimentaban su imaginación sobre la nubosa isla. No sería hasta los años 55-54 a.c. que el mismísimo Julio César “tanteó” la belicosidad de las tribus britanas y sentó un precedente para una posterior invasión a gran escala que no se produciría hasta el gobierno de Claudio, concretamente en el año 43 de nuestra era. Al principio nada hacía suponer que la invasión de la isla fuera a ser diferente de cualquier otra provincia conquistada, las victorias, aunque algunas eran costosas se iban sucediendo y la “pax” fue declarada por el divino Claudio, que necesitaba una victoria militar para consolidar su reinado en la capital.

Extensión del muro. Fuente Google Earth.

Extensión del muro. Fuente Google Earth.

Pronto se descubriría lo apresurado de la declaración de pacificación, pues constantemente había insurrecciones, levantamientos o alianzas entre tribus; los años pasaban y los emperadores se sucedían y ninguno de ellos se libró de sufrir algún quebradero de cabeza en aquella húmeda y fría isla. Nombres como Carataco, Boudica o Calgaco resonaban como maldiciones en la residencia imperial.

En el año 122, el emperador Adriano en uno de sus múltiples viajes por el imperio, quiso saber de primera mano la situación real de Britania. Como ya sabréis, Adriano no impulsó grandes campañas de conquista, pero si asentó diversas limes en todo el imperio y salvaguardó lo conseguido por su antecesor y tío Trajano. Debió de pensar que con tres legiones de guarnición en la isla eran más que suficientes y que a la larga el coste de hacer un muro tan inmenso sería más barato y provechoso que reponer pérdidas constantes en material y hombres. Así aparte de tener un sistema defensivo, se pudo controlar los movimientos de tribus y establecer un control “aduanero” y de mercancías.

No penséis que solo era un simple muro de piedra, el “Vallum Aelium”  (nombre original del muro) era un complejo defensivo extraordinario con diferentes tipos de fortificaciones que cumplían diferentes funciones. El muro en sí se erigió en su mayor parte de piedra, aunque en el tramo final occidental se utilizó turba, quizás porque apremiaba el término de la construcción, en años posteriores se sustituiría paulatinamente por piedra. En algunas localizaciones se han encontrado restos de yeso y cal, así que probablemente en sus mejores tiempos era un muro de color blanco (por lo menos en parte del recorrido).

Su altura máxima era de 4,40 metros, y su grosor rondaba entre 2,96 y 3,00 metros en la parte más ancha, y de 1,83 a 2,35 metros en su parte más estrecha. En la cara norte del muro también se cavó un foso para dificultar posibles asaltos, una zanja en forma de V de 9 a 12 metros de anchura y casi 3 metros de profundidad, como imaginaréis no era tan fácil de saltar como cuando nos colábamos en el cole a jugar de pequeños.

Antes comentaba que no era una simple pared y ya está, en el muro se iban intercalando diversos sistemas de defensa y vigilancia, que permitían tanto vigilar el norte, como patrullar a través de la calzada que marchaba más o menos paralela a la línea de piedra en la cara sur y que por supuesto enlazaba todas estas construcciones anexas al muro.

Fase de construcción del muro. Ilustración de Donato Spedaliere.

Fase de construcción del muro. Ilustración de Donato Spedaliere.

A cada milla romana (1,40 km) se situaban los castillos miliares de 18m², que permitían el paso a ambos lados mediante puertas de arco. Dentro cabía una pequeña guarnición de entre 8 y 12 soldados, estaba equipado con horno de pan, lo cual quiere decir que bien era una fuerza permanente o, bien pasaban largas temporadas coincidiendo con la primavera o el verano, estaciones que solían ser épocas de campañas militares. La parte superior del castillo terminaba en torre para realizar trabajos de vigilancia o defensa si llegara el momento.

Entre castillo y castillo miliar se encontraban dos torres de vigilancia que hacían la función de la típica garita que todavía se ven en los cuarteles de nuestro país. La guardia de esta torre se compondría de auxiliares que se hospedaban en los castillos miliares.

Y como colofón, repartidos a lo largo del muro (o cerca de él), 17 fuertes permanentes con capacidad de albergar 800 auxiliares o legionarios, aunque varios de esos fuertes se dedicaron a guarnecer unidades enteras de caballería. La estructura de estos fuertes es la típica que conocemos de cualquier  campaña romana, con la vivienda para el legado o prefecto, el cuartel general o Pricipia, barracones divididos en habitáculos para un contubernium y sus cuatro puertas Praetoria, Decumana, Dextra y Sinistra.

En total a lo largo del muro pudo haber de guarnición fija cerca de 9.000 auxiliares, y es más que probable que también hubiera una legión de forma permanente en alguno de estos fuertes o a pocas horas de marcha de la propia línea de defensa.

Pero por muy formidable que fuera el muro se tiene constancia que sufrió ataques de diversa consideración, brigantes, caledonios y posteriormente pictos, asaltaban con cierta asiduidad las defensas, incluso Amiano Marcelino nos relata sobre la Barbarica Conspiratio, en el año 367 parte de la guarnición auxiliar se sublevó permitiendo el paso a los pictos, a los que se unieron tribus de Hibernia (Irlanda) y partidas de guerreros sajones, causando la desolación en la parte norte romana de la isla.

El muro hoy en día.

El muro hoy en día.

No obstante podemos decir que el muro de Adriano cumplió perfectamente su cometido, siendo hoy en día la huella más visible de los romanos en Britania. El yacimiento de Vindolanda es un ejemplo claro con las pequeñas joyas que se encontraron allí, una serie de tablillas y cartas, algunas conservadas en perfecto estado que nos muestran como era la vida en el muro. Os dejo un ejemplo:

Saludos de Claudia Severa a Lepidina.

El tercer día antes de los idus de septiembre, hermana mía, para el día de celebración de mi cumpleaños te hago llegar una cálida invitación para asegurarme de que vengas a vernos, y hagas más agradable esta jornada con tu presencia. Saluda de mi parte a tu Cerial. Mi Aelio y mi hijo os envían sus saludos.

Te esperaré hermana.

Adiós hermana mía, mi alma querida, a quien deseo prosperidad y salud.

A Sulpicia Lepidina, esposa de Cerial, de parte de Severa.

Con el declive del imperio, las guarniciones, los suministros y las reparaciones sufrieron una merma importante, hasta que en el año 407 se inició el abandono de la isla por parte de Roma. La piedra del muro se utilizó en tiempos posteriores para crear iglesias y castillos medievales como en el resto de Europa, dejó de ser una serpiente de piedra que recordaba al extranjero y al ciudadano que ahí acababa la civilización, pero bueno eso como sabéis, es otra historia.

Fuentes y bibliografía:

Nic Fields. El muro de Adriano

Tácito. Historias, Agrícola

 

Acerca de Rober

Me llamo Roberto y nací en el año 1979 en Madrid. Apasionado de la historia desde siempre, mi única intención es que compartamos y divulguemos en este espacio cada pedacito de la antigüedad que tanto nos gusta. Me encantaría que recorrieras conmigo este periodo. ¿Te apuntas?, pues bienvenido a Historia o leyenda.


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