Educación espartana, nacidos para combatir 6


¿Quién no conoce a estas alturas alguna gesta de estos griegos indómitos? Termópilas o Platea son ejemplos de la efectividad en combate de la falange espartana. Pero para llegar a ese punto casi de “excelencia” en la guerra, el espartano era adoctrinado desde los siete años para convertirse en parte del engranaje social y militar de su ciudad.

Desde su nacimiento el espartano ya era puesto a prueba, pues en caso de malformación o de algún tipo de deficiencia se lanzaba al recién nacido desde el monte Taigeto, donde moría por la caída o por las alimañas de la zona, así se aumentaba la eficiencia de la ciudad evitando futuros lastres. Al bebé no se le ponía pañal para acostumbrarlo al rigor del clima, no dudaban en dejarlo solo en la oscuridad para que perdiera el miedo, incluso le bañaban en vino para fortalecer su salud. No se andaban con chiquitas desde luego.

A los siete años el niño tenía que abandonar su hogar y empezaba oficialmente su agogé (educación). Era llevado a unos barracones dónde viviría con otros niños de su edad. Se les enseñaba a leer y escribir lo indispensable, practicaban continuamente bailes y juegos que tonificaban y preparaban sus cuerpos, no se les permitía llevar calzado de ningún tipo y para resguardarse del frío sólo tenían una capa de lana.
Jovenes espartanos. Autor, Edgar Degas.

Jovenes espartanos. Autor, Edgar Degas.

Su alimentación era escasa, no sólo para mantener la forma física sino para obligarlos a robar para comer utilizando su ingenio y astucia. Claro que si eran descubiertos sufrían un terrible castigo, no por haber robado pero sí por ser torpes al no conseguirlo. Existe una leyenda que cuenta que un niño espartano hambriento robo un zorro cazado por un tutor, el niño fue atrapado intentando escapar y se escondió el zorro bajo la capa, mientras el tutor le interrogaba el zorro empezó a desgarrar y roer el estómago del niño, que prefirió morir antes que ser descubierto. Como he comentado es sólo una leyenda pero deja constancia del temperamento espartano incluso desde la infancia.

A los quince años se convertía en efebo (adolescente) y digamos que “pasaba de curso”, ya no tenía que llevar la cabeza rapada y se le permitía cuidar un poco más su higiene personal, pues hasta entonces apenas les dejaban bañarse. El entrenamiento se intensificaba y hasta los veinte años perfeccionaría la formación de la falange, su destreza con las armas y su obediencia ciega a sus superiores.

Otra “curiosidad” de la enseñanza en esta parte de la agogé eran los apaleamientos aleatorios, un efebo era llevado a un sitio apartado donde se le encadenaba a un árbol sujetando una especie de estaca clavada en el suelo, dos compañeros le apaleaban mientras que otros dos le sujetaban, el entrenamiento se detenía cuando el efebo con la piel en carne viva perdía el conocimiento o le fallaban las fuerzas y se soltaba de la estaca. Algunos debido a su orgullo llegaron a desangrarse antes que soltarse delante de compañeros o rivales.

Después de trece años de convivencia, de entrenamiento y de penurias, el espartano estaba casi listo para convertirse en homoioi (igual entre iguales) ciudadano de pleno derecho y hoplita del ejército, sólo restaba una última prueba, la krypteia. En esta prueba tenían que poner en práctica todo lo aprendido,  pues se trataba de dejar en libertad a varios ilotas (esclavos) para “cazarlos” posteriormente. Al espartano solo se le dejaba un cuchillo y su pequeña capa de lana para la persecución.

Espartanos en las Termópilas. Ilustración de Jhonny Shumate.

Espartanos en las Termópilas. Ilustración de Jhonny Shumate.

La krypteia podía durar varios días dependiendo de la astucia y habilidad de los espartanos y del número de ilotas a perseguir, como podéis comprobar los espartanos no eran precisamente adalides de los derechos humanos, pues pensaban realmente que eran superiores a los demás hombres y con las krypteias se aseguraban que los hoplitas hubieran vertido sangre antes de marchar a cualquier campaña.

Desgraciadamente los espartanos no eran tan idealistas como nos pintaba Frank Miller en su 300. Heroicos sí, pero también temibles dentro y fuera de su hermética sociedad, con una forma de vida tan exigente que finalmente sucumbieron a ella. Para despedirnos os dejamos con la misma frase que recitaban las madres cuando sus hijos partían a la guerra y les hacía entrega de su hoplón (escudo): hijo, regresa con esto o sobre esto.

 

Bibliografía y fuentes:

Juan Miguel de Casillas, La antigua Esparta.

Nicholas Sekunda, Guerreros espartanos.

Heródoto, Historia.

 

Acerca de Rober

Me llamo Roberto y nací en el año 1979 en Madrid. Apasionado de la historia desde siempre, mi única intención es que compartamos y divulguemos en este espacio cada pedacito de la antigüedad que tanto nos gusta. Me encantaría que recorrieras conmigo este periodo. ¿Te apuntas?, pues bienvenido a Historia o leyenda.


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