Druidas, la casta sagrada de los celtas 11


Si hay una figura genuina del pueblo celta y que representaba su forma de vida ancestral era la del druida. Su inconfundible imagen de blanco inmaculado en la mitad de un bosque hacía aflorar la curiosidad de los griegos y el temor en los romanos. Pero, ¿eran simplemente unos chamanes locos adoradores del roble? Pues la verdad es que no, los druidas influían mucho más en la vida de los que les rodeaban, pues su palabra era casi sagrada entre los suyos. Sus obligaciones iban mucho más a allá que realizar ritos en lo más profundo de los bosques europeos.

Las fuentes clásicas de las que disponemos son básicamente griegas y romanas, apareciendo por primera vez en textos de Aristóteles. Pero no sería hasta el siglo II a.c. que empezarían a ser descritos con más asiduidad en obras latinas. No obstante debemos suponer que éstos “hombres santos” tuvieron un papel destacado en el pueblo celta desde las migraciones de pueblos indoeuropeos, de donde se ramificaron por la mayor parte del viejo continente en la edad del hierro.

No sería hasta siglos más tarde que el aumento de población y la consiguiente expansión territorial llevara a los celtas ante las fronteras de las civilizaciones mediterráneas. Al no utilizar la escritura como tradición y conservación de su historia, las costumbres de los celtas fueron descritas por sus vecinos del sur que, como enemigos habituales tendían a tergiversar o a exagerar sus actos (siempre dependiendo del autor, claro está).

Incluso el mismo origen de la palabra druida no está claro. Los historiadores antiguos asociaban la palabra druida con el término griego “drus” (roble), con lo que se podía traducir como “los hombres del roble”. Aunque también existe la posibilidad que sea una modificación de la palabra celta dru-wid-es, que significa “los muy sabios”. Esta última puede que sea más precisa porque se sabe que el término druida no es una traducción al griego sino que ellos se llamaban así mismos con ese nombre.

Normalmente se piensa que los druidas se dedicaban básicamente a interpretar los designios de los dioses y hacer sacrificios en los lugares sagrados celtas. Pero simplemente era una de sus obligaciones. Los druidas eran una casta social, y como tal tenían un estatus dentro de la tribu muy definido, siendo sin duda la más importante.

Ilustración de un druida en su entorno habitual.

Ilustración de un druida en su entorno habitual.

Los druidas eran sacerdotes, sí, pero también jueces, médicos, profesores, consejeros de guerra, ayudantes políticos. Su influencia se extendía por todos los ámbitos de la vida celta, y ni si quiera un rey podía negarse a sus veredictos como juez.

Para acceder a este nivel, cualquiera que lo deseara podría presentarse para formarse como druida, pero la preparación era tan dura que sólo una pequeña parte conseguía su objetivo. Para que os hagáis una idea el aspirante debía consagrarse desde bien joven a una exhaustiva educación que podía durar hasta más de veinte años. Y no es de extrañar, pues sobre sus hombros residía la responsabilidad de salvaguardar todo el saber de su pueblo, literalmente. El “sabio” debía memorizar más de 350 historias que aglutinaban las sagas mitológicas y también las que tenían un trasfondo histórico real. Para ello utilizaban recursos mnemotécnicos como canciones y poesías, de hecho, los famosos bardos se podían encasillar en la casta druídica junto con los vates, que eran una especie de augures que adivinaban el porvenir y el designio de los dioses.

La adivinación podía conseguirse de diferentes formas dependiendo del asunto a vaticinar o si se le preguntaba directamente a una deidad. Las constelaciones y las estrellas eran un recurso habitual pero también podían hacerlo en las entrañas de los animales sacrificados, de una forma muy parecida a griegos y romanos en este aspecto.

Sin embargo la forma más sagrada y la más temible también era la de los sacrificios humanos. Un ejemplo lo encontramos en la fiesta de equinoccio de primavera, cuando se sacrificaba en algún lugar sagrado del bosque (arboleda, cueva o manantial) la vida de un joven sano y fuerte. Este “elegido” había vivido durante el último año a cuerpo de rey, preparando su alma para que al año siguiente la cosecha y por lo tanto la vida de la tribu estuviera asegurada.

Y es que en el mundo celta todo giraba alrededor de la naturaleza, y los druidas conocían muy bien lo mucho que influía ésta en su vida cotidiana. Sabían del efecto de la luna en las mareas, la influencia del ciclo estacional en las cosechas y como predecir con exactitud la llegada de cada estación.

Prácticamente cualquier capricho de la naturaleza era sagrado para ellos, sobre todo las grutas que parecían surgir de la nada o los robledales más viejos del bosque del cual cortaban el poderoso muérdago con una pequeña hoz de oro.

Sabían de las propiedades de las plantas y lo curativas o dañinas que estas podían ser. Tomaban de la naturaleza lo que necesitaban pero siempre con respeto y cautela, pues eran muy conscientes que la vida forma parte de un ciclo que no debían romper para sobrevivir.

De este conocimiento del entorno que les rodeaba adquirieron gran maestría como sanadores, llegando a ser elogiados por autores romanos como por ejemplo Plinio. Aunque los celtas achacaban los males del cuerpo a maldiciones o castigos sobrenaturales, intentaban poner remedio a estos con técnicas muy avanzadas para la época. Se han llegado a encontrar cráneos a los que se les había practicado la trepanación y el afectado había sobrevivido a la intervención. También se les atribuye otras cirugías como cesáreas o extirpaciones de tumores.

Por supuesto la intervención quirúrgica era la última opción, antes de tomar esa medida los druidas desplegaban una batería de remedios que se basaban en tratamientos medicinales con plantas (infusiones, emplastes), sangrías y conjuros destinados a mantener el equilibrio entre cuerpo y mente.

Una de las facetas menos conocidas de estos antiguos sabios es la de juez. No se sabe a ciencia cierta cómo realizaban sus juicios, si estos eran dirigidos por ellos o el caso en concreto se presentaba ante el noble o rey de turno y después de la exposición éste pedía consejo a su druida. La cuestión es que cuando el druida tomaba una decisión ni siquiera el rey podía cambiar su veredicto, quien osara a no cumplirlo se le excluía de la participación en los sacrificios, para ellos el peor de los castigos y deshonra.

Aunque no participaban directamente en la política interna de la tribu podían ejercer de emisarios o embajadores a otras tribus o pueblos, lo cual es lógico pues se trataba de los más cultos entre los celtas y normalmente conocían varias lenguas en las que expresarse. El propio Julio César relata en su De Bello Gallico como un druida llamado Diviciaco viajó a Roma para pedir ayuda a los latinos contra los secuanos, que eran aliados del germano Ariovisto.

Los lugares sagrados como las arboledas eran zona de culto para los celtas.

Los lugares sagrados como las arboledas eran zona de culto para los celtas.

La guerra tampoco les era ajena, aunque no tenían la obligación de participar en los conflictos como el resto de los hombres de la tribu. Simplemente se trataba de otra disciplina más de la que aprender y poner en práctica cuando se tenía ocasión. De nuevo César nos da el ejemplo de Diviciaco que, aparte de su función como druida también comandaba una unidad de caballería portando un escudo, una espada y dos lanzas.

Como muchos de vosotros ya sabéis, la mujer tenía una posición preponderante en la cultura celta, sobre todo si la comparamos con las civilizaciones griega y romana donde su papel quedaba relegado a señora de la casa y poco más. Por lo tanto no era de extrañar encontrar mujeres en la orden druida. Estas mujeres eran conocidas como dryades y eran muy apreciadas por sus conocimientos incluso comparado con sus homónimos masculinos, pues el hecho de otorgar la vida era muy importante para los celtas. Se conservan textos irlandeses del medievo que explicaban las tres fases que las dryades debían pasar hasta llegar al nivel más alto.

La primera fase era una especie de noviciado en el que se tenían que dedicar exclusivamente al aprendizaje en cuerpo y alma. Debían permanecer célibes en esta primera fase para mantenerse “puras”. En la segunda fase podían contraer nupcias, pero su deber las obligaba a seguir apartadas del poblado pudiendo acudir a su marido en ocasiones contadas para ejercer sus obligaciones maritales. Y en la tercera, una vez conseguido el saber necesario, serían libres de vagar por donde quisieran ejerciendo su posición como cualquier otro druida.

La casta druídica normalmente está asociada a la zona de la antigua Galia y Britania, siendo estos dos lugares los que se han documentado en textos antiguos y unas pocas inscripciones votivas. Pero últimamente se baraja la posibilidad de que en la península ibérica también existiera una casta parecida con obligaciones semejantes, pero probablemente se les conocía con otro nombre y vestirían otro atuendo diferente al blanco obligatorio de los pueblos celtas del norte. Se baraja también la posibilidad de que este puesto fuera algo temporal y no a “tiempo completo” como en la Galia o Britania, siendo más común la figura de la dryade en el norte de la península.

Con la expansión primero de la república y más tarde del imperio los druidas abandonaron el continente para recluirse en Britania a la espera de tiempos mejores. Pero la persecución de los romanos a esta casta fue implacable (ciertamente los latinos temían a los druidas), hasta que Agrícola tomó al asalto la isla de Mona, situada en la costa galesa. Los pocos druidas que sobrevivieron migraron al norte, a la única parte de la isla que no estaba sometida al imperio.

Con el cristianismo sus enseñanzas y sagas se fueron perdiendo en el tiempo hasta casi desaparecer. Paradójicamente fueron los monjes irlandeses descendientes de los antiguos celtas quienes recuperaron parte de su historia y la plasmaron en libros, mostrándonos un esbozo de estos curiosos personajes tan importantes para los suyos en la antigüedad. Pero bueno eso como ya sabréis, es otra historia.

Bibliografía y fuentes:

Cayo Julio César, “De Bello Gallico”.

Estrabón, “Geografía”.

Arturo Sánchez Sanz, “Druidas y dryades en la sociedad celta”

 

Acerca de Rober

Me llamo Roberto y nací en el año 1979 en Madrid. Apasionado de la historia desde siempre, mi única intención es que compartamos y divulguemos en este espacio cada pedacito de la antigüedad que tanto nos gusta. Me encantaría que recorrieras conmigo este periodo. ¿Te apuntas?, pues bienvenido a Historia o leyenda.


Deja un comentario

11 Comentarios en “Druidas, la casta sagrada de los celtas

  • Gladys Cuervo Marín

    Bueno, mi comentario fundamentalmente está orientado a expresar mis respetos a ti, por el buen juicio, madurez y dignidad con que asumes los comentarios, a veces duramente críticos y con un super ego, algo velado, porque sólo habla de tu independencia mental y emocional. Todo no está escrito y todo no lo sabemos. En cuanto al tema, he sabido de la existencia historia de los druidas, pero sólo eso, para mi es nuevo, todo un aprendizaje y te agradezco tu aporte que me ayuda a salir cada día un poco de la ignorancia. Muchas gracias!!!

     
    • Rober Autor

      Hola Gladys.

      Te agradezco los comentarios (los dos). En ningún momento he querido ser un mal anfitrión, si ha sido así (que no creo) te pido disculpas.

      Este es un espacio donde todas las opiniones tienen cabida siempre y cuando no se falte al respeto, por eso Gladys, te animo a que sigas expresando tu parecer aquí siempre que quieras, un saludo desde Madrid.

       
  • Begoña

    Hola ,muy interesante todo lo que cuentas aunque los de los sacrificios humanos es un tema en el que aún no se han puesto de acuerdo los historiadores y viendo cómo planteas esta página ( con seriedad) creo que deberías ser más cauteloso, porque es uno de los mitos más afianzados y menos documentado de lo que se afirma respecto a los druidas.

    De acuerdo, se han encotrado restos humanos que conducen a pensar que pudieron haber sido ·”ejecutados” pero lo más complicado es demostrar que lo fueron en un contexto de sacrificio como el que comentas y no, por ejemplo, haber cometido un crimen y ser condenados (un ajusticiamiento público).

    Tampoco hay evidencias de que esa imagen de restos humanos colgando de los árboles etc fueran ciertas y es mas, se piensa que a menudo los que la contaban (los romanos) confundían a pueblos germanos con celtas, que sí los practicaban.

    Al igual que aún no se sabe con certeza de si en España había druidas (aunque hay indicios que conducen a pensar que sÍ) tampoco está demostrado que los celtas y por extensión los druidas, sacrificaran a personas,mientras que los que les acusaban en sus escritos sí (los romanos y su famosa roca Tarpeya)

    Así que viendo que los mismso historiadores ingleses e irlandeses , que son los que más hallazgos arqueológicos han tenido de cuerpos “matados” no se atreven a afirmarlo, sugiero prudencia en un tema demasiado mítico que es importante acotar, ya que supone una contradicción en un pueblo tan admirador de la vida.

     
    • Rober Autor

      Hola Begoña.
      Antes de nada agradecerte tu comentario. Y decirte que no te falta razón en lo que dices, siendo los romanos (sus enemigos) los que más datos han aportado sobre el tema hay que ser cauteloso. No obstante como bien has comentado hay pruebas arqueológicas que lo corroboran, pero el matiz que he querido dar es precisamente el que revindicas en tu comentario, pues el sacrificio que comento era voluntario precisamente para seguir con el ciclo de la vida (bastante común en diferentes pueblos de la edad de hierro). Los romanos efectivamente tenían la roca Tarpeya, pero se utilizaba para castigar a enemigos del estado o condenados por alguna razón.
      Por eso no he comentado en el artículo los sacrificios de los enemigos celtas, que de nuevo según las fuentes, eran introducidos en el interior de un hombre de mimbre para ser posteriormente quemados vivos.
      De nuevo te agradezco tu comentario y espero poder leerte más a menudo por aquí, un saludo desde Madrid.

       
      • Alf

        Nunca dejan de sorprenderme los que se fabrican la Historia a medida: la religión druídica era terriblemente sangrienta y no una parte, sino casi toda ella estaba basada en los sacrificios humanos. La profecía y la adivinación como guías de su pueblo y el secretismo de las enseñanzas garantizaban el poder omnímodo y atroz de la casta druídica sobre los pueblos que la soportaban.

        Los romanos persiguieron a los druidas hasta la extinción no porque su religión fuese diferente, que en Roma se admitía todo hasta que imperó la intolerancia judeo-cristiana para desgracia de la Humanidad. Los persiguieron precisamente por las prácticas de los sacrificios humanos.

        Con Julio César se puede recurrir al argumento que perseguía a los druidas porque eran los que estimulaban la resistencia fanática de los pueblos de la Galia. Pero una vez ganada la guerra y aplastada la última sublevación de un pueblo galo, los Parisinos, la Galia fue un remanso de paz incluso cuando en toda la guerra civil pompeyana sólo había 1 legión de guarnición en la Galia.

        Augusto ejecutó el exterminio de los druidas muchos años después

        Y correcto, Roberto, Britania fue el último reducto. Y pueblos enteros fueron sacrificados quemados vivos en el último apogeo de la resistencia druídrica antes de (por fortuna) ser extinguidos

        Ests sacrificios humanos de pueblos enteros quemados en cestas de mimbre en las guerras belgas o britana están ampliamente documentados, textual y arqueológicamente, así como la teoría de la adivinación clavando un puñal en la columna vertebral de la víctima e interpretando sus espasmos mortales.

        Negar la realidad es no aprender nada y vivir en los mundos de Yupi porque nos fabricamos la Historia. Y el fabricar así cuentos de hadas arrebata lo principal de la Historia: el aprender para no repetir errores. Y más basados en “intelectuales” vendidos a una en teoría maravillosa cultura celta. Esa moda de idealizar el pasado es un error, a mi modesto entender

        Saludos

         
        • Rober Autor

          Hola Alfredo.
          Desgraciadamente hay mucha desinformación respecto al tema en el sentido que las ideas decimonónicas parece que siguen vigentes en muchos círculos pro celtas. El sacrificio humano se produjo en toda Europa en la edad antigua, incluso los romanos llegaron a recurrir a ella en alguna ocasión. También tenían otras costumbres relacionadas con sus creencias, como decapitar al enemigo y llevarse la cabeza como trofeo, no por sadismo, simplemente creían que el alma residía en la cabeza con lo cual era el trofeo más codiciado.
          Un saludo y encantado de leerte, como siempre.

           
    • Rober Autor

      Hola Jorge.
      Muchísimas gracias, esa era la intención, arrojar un poco más de luz sobre la vida y costumbres de estos sabios celtas.

       
  • elmanubc

    Muy interesante este escrito acerca de los druidas. Mi curiosidad por dicha casta, y sonará rara, incluso gracioso, fue por un juego llamado The Witcher 3, dónde pintan a los druidas de sabios, conocedores inigualables de la naturaleza y sus secretos, y como bien lo escribes, sabios a quienes se les tenían en alta estima y consciencia a la hora de tomar decisiones.

    Nuevamente muchas gracias por compartir esto.

     
    • Rober Autor

      Hola Manuel.
      Venga de donde venga tu interés siempre es bueno que surja, a veces las cosas más triviales nos abren puertas a temas muy interesantes. Me alegra que te guste el blog y su contenido. Espero leerte en más ocasiones, un saludo.