Lucio Cornelio Sila, Dictador de Roma (IV) 8


Empezamos la última entrega de la serie de artículos dedicados a la vida de Lucio Cornelio Sila. En el anterior post, habíamos dejado a Sila camino a Roma después de haber eliminado los ejércitos expedicionarios pónticos en Grecia y haber forzado a Mitrídates a firmar la paz renunciando a todas sus conquistas. Era hora de volver a casa y poner las cosas en su sitio.

En Roma, aunque Mario y Cina había muerto (el primero por causas naturales y el segundo intentando aplacar un motín en Ancona), la ciudad seguía perteneciendo a la facción popular. Durante el tiempo que Sila estuvo en Grecia, Cina cercenó el poder residente del Cornelio derogando sus leyes y acabando con la vida de sus socios, familiares y amigos. Los que pudieron escapar se refugiaron en sus casas de campo en ciudades sureñas o bien fueron al encuentro de Sila en Grecia.

En el año 83 a.c. Sila desembarca en Brundisium con sus 40.000 veteranos, y aunque son una máquina perfectamente engrasada y probada en el campo de batalla, Sila es consciente de su inferioridad numérica, además ahora se enfrentaba a legiones, no a una amalgama de unidades orientales como en Grecia, debía ser cauto. Después de realizar unos sacrificios en Tarento, puso marcha hacia el norte, dirección a Capua. En las primeras jornadas de marcha se dio de “bruces” con las legiones del cónsul Norbano y Mario El joven (si, el hijo de su Némesis), fue tal la sorpresa de ambos ejércitos, que cargaron uno contra otro sin haber formado. Demostrando su experiencia adquirida en Grecia, los silanos arrasaron al ejército popular y obligaron a Norbano a refugiarse en Tarento.

Mario "El joven", hijo de Cayo Mario.

Mario “El joven”, hijo de Cayo Mario.

La cosa empezaba bien, la primera victoria le correspondía, con Norbano fuera de juego la moral de su tropa iba en aumento, encima a medida que avanzaba, refugiados huidos de Roma se iban sumando a sus tropas, nombres como Marco Licinio Craso, Cecilio Metelo o Cneo Pompeyo engrosaban y comandaban las filas del invicto Sila. El conflicto se fue diversificando en numerosas batallas de pequeño calado y escaramuzas que se sucedían constantemente, los silanos salían victoriosos en casi todos los lances pero el desgaste comenzaba a hacer mella y sólo llevaban varios meses de campaña.

El frenesí del comienzo derivó a un pequeño periodo de “interludio” donde los dos bandos tuvieron que detenerse y organizarse, los populares por las constantes pérdidas entre bajas y deserciones, y los silanos por estar demasiado dispersos. En ese pequeño parón ocurrió una desgracia en Roma, y es que el Capitolio sufrió un tremendo incendio, Sila que no desaprovechaba ninguna oportunidad, aseguró que era voluntad de los dioses ya que consideraban que Roma estaba contaminada por el gobierno de los populares.

El 82 a.c. sería el decisivo, los movimientos de tropas comenzaron de nuevo y los enfrentamientos con ellos. Lúculo, general a las órdenes de Sila consiguió una gran victoria cerca de la ciudad de Fidencia, donde aniquiló un ejército popular de 18.000 hombres, con poco más de una legión. Sin embargo Sila se encontraba acosado por fuerzas enemigas constantemente. Decidió entonces pasar a la astucia para ganar tiempo y quizás algo más.

Convocó a parlamento al cónsul Escipión (bisnieto de Lucio Cornelio Escipión Asiático) con la excusa de buscar un cese de las hostilidades, pero a la vez infiltró a sus agentes y legionarios en el campamento enemigo para conseguir su lealtad de cualquier forma imaginable: sobornos, promesas, amenazas, dinero, lo que fuera necesario. Cuando Sila regresó para la supuesta ratificación del tratado, prácticamente el ejército entero de Escipión se pasó al bando silano.

Grabado que representa la Roma de final de la república.

Grabado que representa la Roma de final de la república.

Para ganar la guerra tenía que acabar con el “alma” del enemigo, y ese era el hijo del siete veces cónsul Cayo Mario, del mismo nombre. Según Plutarco éste contaba con ocho legiones en Signio. Dispuesto a reunirse con Dolabela, Sila tuvo que marchar combatiendo a cada paso con fuerzas marianas que controlaban los caminos, y contra una lluvia incesante que acabó por detener el avance por culpa del barro que lo inundaba todo.

Mientras los silanos levantaban el campamento, Mario apareció con sus legiones, esperando encontrar un contingente desmoralizado. Con gran altanería se dirigió a Sila y sus soldados burlándose de ellos. Fue el mejor acicate que pudieron darle a éstos, pues arrojando con rabia las herramientas al suelo, se lanzaron al ataque poniendo en fuga a Mario, que huyó a Praeneste causando terribles bajas en su ejército. Algunas fuentes aseguran que se elevaron hasta 40.000, cifra poco probable aun contando con prisioneros, no obstante Mario perdió toda su fuerza combativa.

El cerco a Roma por parte de los silanos se estrechaba, pero aún quedaban fuerzas leales a los populares entre las ciudades itálicas. Telesino al mando de un ejército de samnitas y lucanos, tenía la intención de romper el cerco en Praeneste y liberar a Mario, mientras éste viviera siempre podría formar un nuevo ejército para continuar la lucha. El problema no era que tuviera a Sila como contrincante frente a él, es que Pompeyo se acercaba por su retaguardia para unirse a las fuerzas sitiadoras.

Viéndose acosado tomó la decisión más peligrosa, pero más audaz: escaparía de Pompeyo y se haría fuerte en Roma. Telesino se detuvo a unos diez estadios de las murallas (algo más de 1km) frente a la puerta Colina. Sila envió parte de su caballería para entretener a los samnitas hasta la llegada del grueso de las legiones. Los itálicos se retiraron a su campamento al ver las fuerzas de Sila avanzando y esperaron. Al día siguiente los dos ejércitos formaron uno frente al otro, aquél día, 1 de noviembre del año 82 a.c. se decidiría el destino de Roma frente a sus murallas.

Maqueta de Roma, zona de la puerta Colina.

Maqueta de Roma, zona de la puerta Colina.

Los contendientes se abalanzaron en un frenesí de muerte fratricida, al comienzo las infanterías se enzarzaban en combates continuos hasta que eran relevados por sus compañeros. La situación se estancaba, pero un ala de caballería comandada por Marco Licinio Craso consiguió desbaratar un ataque por el flanco que desestabilizó toda la línea, situación que aprovechó Sila para arremeter con las pocas fuerzas que les quedaban a sus hombres y conseguir la victoria total.

Seis mil enemigos fueron apresados y conducidos al interior de la ciudad, cerca del templo de Belona, donde ordenó acudir al senado para darles la buena nueva de su victoria. Cuando se disponía a hablar ante los senadores, sus legionarios comenzaron a ejecutar a los prisioneros, que lanzaron gritos desesperados causando gran temor entre los patricios. Sila dejando un aviso para navegantes: “No hay de qué preocuparse, sólo se están cumpliendo mis órdenes”.

Lo que vino a continuación ya lo podéis imaginar, Sila dio rienda suelta a su odio acumulado. Ya le daba igual populares y optimates, la carnicería había comenzado y se extendió por toda la ciudad y más allá, ninguna ciudad itálica estaba fuera del alcance de Lucio Cornelio Sila. Las listas de proscritos se acumulaban, el primer día ochenta, el segundo ciento veinte y subiendo. Pero la cosa no quedaba ahí, si a alguien se le ocurría dar cobijo o ayudar a alguno de los proscritos, quedaría condenado a la misma pena, daba igual si era padre, hijo o hermano del señalado. Eso sí, si se daba muerte a alguno de ellos, el ejecutor era recompensado con la cifra de dos talentos, todo un negocio.

Las legiones se enfrentan entre sí, ilustración de Adam Hook.

Las legiones se enfrentan entre sí, ilustración de Adam Hook.

Para añadir más leña al fuego, el adalid de los populares, Mario, viendo que su apresamiento en Praeste era inminente, se suicidó. La ciudad fue prácticamente pasada a cuchillo para dar ejemplo.

En el año 81 a.c. Sila se autoproclamó dictador, reuniendo en él todos los poderes del estado, su poder era absoluto. Mientras Roma temblaba, Sila se dedicó a disfrutar de sus compañías disolutas, gente de la farándula y guapas mujeres, a las que regalaba grandes extensiones de tierra de las ciudades proscritas.

La ola de terror continuó hasta el año 79 a.c., año en que Lucio Cornelio Sila decidió dejar la dictadura y devolver el poder al senado, asegurándose que la aristocracia tuviera el control con medidas que lo propiciaran, como por ejemplo disminuyendo el poder del tribuno de la plebe, regulando los tiempos del cursus honorum, y otras zancadillas al poder popular. Se retiró a vivir en Puteoli donde murió al siguiente año.

Sila fue un personaje fundamental en los hechos que se precipitaron en siglo I a.c., muchos le definen como paladín de los optimates, pero mi opinión personal es que acabó hastiado de todos, que solo mediante la fuerza y el terror podía domar a la bestia putrefacta en la que se había convertido Roma. Héroe de guerra, general victorioso, asesino cruel, déspota, amigo fiel, enemigo implacable, todo ello tenía cabida en Sila.

La “paz” otorgada por Sila no duró demasiado, con sus actos, había cimentado un precedente peligroso; alguien con suficiente carisma y el apoyo del ejército podía hacerse con el poder. Ya lo vaticinó durante las proscripciones cuando dejó marchar a un joven sobrino de Cayo Mario llamado Julio César, que definió con mucha exactitud: “Hay muchos Marios en César”, pero bueno, eso, como sabéis, es otra historia.

 

Bibliografía y fuentes:

Plutarco, Vidas paralelas

Theodor Mommsen, Historia de Roma

Karl Christ, Sila

 

Acerca de Rober

Me llamo Roberto y nací en el año 1979 en Madrid. Apasionado de la historia desde siempre, mi única intención es que compartamos y divulguemos en este espacio cada pedacito de la antigüedad que tanto nos gusta. Me encantaría que recorrieras conmigo este periodo. ¿Te apuntas?, pues bienvenido a Historia o leyenda.


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8 Comentarios en “Lucio Cornelio Sila, Dictador de Roma (IV)

    • Rober Autor

      Hola Emi.

      Bueno, creo que terminó tan hastiado de todo (incluso de él mismo) que decidió alejarse de Roma y dedicarse a las compañías que a él le agradaban. Supongo que pensó que su trabajo estaba hecho, y en cierta forma sentó un precedente que dio forma a otros personajes como Pompeyo, César, Sertorio u Octavio.

      Saludos, espero que disfrutaras con la serie de artículos.

       
    • Rober Autor

      Hola Jairo.

      Muchas gracias por tu opinión. Es una serie larga de artículos, pero creo que el personaje lo merecía realmente. Fundamental para la transición de república a imperio y esencial para comprender en que punto se encontraba la rancia estirpe de senadores y el porqué de personajes como Cayo Mario o el propio Julio César.
      Un saludo y gracias por seguir el blog.

       
  • Jorge

    Rober, muy interesante los apuntes sobre Sila. Quisiera compartir con usted unos breves apuntes que hice sobre Sila. ¿Sería Posible? Quedo atento. Saludos. Jorge.

     
  • José Antonio Mederos

    La serie de articulos de Lucio Cornelio Sila ha sido excelente, muy interesante, de nuevo felicitaciones por tu trabajo. Sigue adelante. Saludos

     
    • Rober Autor

      Gracias de nuevo José Antonio, Sila se merecía un “monográfico” como este, ya que me parece fundamental para conocer el convulso último siglo de república romana. Gracias por tu fidelidad.