Ciro II, el primer “Magno” 6


Cada civilización tiene sus héroes, personajes que han marcado el devenir de vastos territorios y de cientos de miles de almas. Nuestro personaje de hoy elevó a la categoría de imperio a uno de los pueblos más importantes de la antigüedad: los persas. Ciro II nació en la ciudad de Anshan entre el 579 a.c. y el 575 a.c., perteneciente a la dinastía aqueménida. Pero primero vamos a resumir en un par de líneas la situación de la zona en aquella época.

Cuando el imperio asirio languideció hasta desaparecer a mediados del siglo VII a.c., los pueblos de origen iranio como los medos y persas se consolidaron progresivamente en la zona de oriente medio. Finalmente fueron los medos los que predominaron sobre otros reinos y los persas cayeron en la órbita de éstos. En el año 585 a.c. Astiages subió al trono de Media, y justo aquí es dónde comienza la leyenda de Ciro, que como las mejores leyendas comienzan con un sueño.

Astiages tuvo un sueño muy vívido en el que su hija comenzaba a orinar, pero a hacerlo de tal modo que inundó toda Asia. Al contárselo a sus magos y místicos, éstos aseguraron que el niño nacido poseería toda Asia. Asustado de que pudiera convertirse en realidad, casó a su hija Mandane con Cambises rey de Persia, así el nacido solo podría optar a heredar el reino de su padre. Pero los sueños de Astiages no acabaron, meses más tarde volvieron, esta vez soñó que del útero de su hija brotaba una parra cuyas ramas se volvían a extender por toda Asia. Seguro ya del vaticinio, ordenó llamar a su hija que acudió a palacio ya embarazada. Decidido a acabar con su nieto, Astiages espero a su nacimiento. La orden se la dio a Harpago, uno de sus más fieles comandantes, pero el curtido militar se conmovió con el pequeño bebé y se lo entregó a una familia de pastores.

Ilustración del gran rey Ciro.

Ilustración del gran rey Ciro.

Años después mientras el rey impartía justicia en la corte, dos jóvenes se presentaron para solucionar una disputa. Astiages, muy sorprendido observó que uno de ellos era su viva imagen años atrás, su porte, su manera de moverse… sí, se dio cuenta de que estaba en presencia de su nieto. Harpago había desobedecido su orden, pero viendo en el aguerrido hombre en que se había convertido su nieto, se deshizo en lágrimas y le restauró como príncipe de Persia.

La parte más escabrosa de la leyenda sin duda es la que se produjo en el banquete que celebró el rey por el “reencuentro” con su nieto. Después de varios platos, Astiages preguntó a Harpago que si le había gustado la comida, éste al decir que sí, le presentaron en una bandeja lo que había estado comiendo, en la bandeja se hallaba la cabeza de su propio hijo. Como veis la historia tiene una gran dosis de leyenda, sea como fuere Ciro sucedió a su padre Cambises como rey de Persia en el año 559 a.c. Durante los primeros años no encontramos hechos de excesiva importancia, probablemente se ciñera a consolidar su poder y a ganarse el favor de su pueblo. Y quizás lo estaba haciendo demasiado bien, ya que en el año 550 a.c. (otras fuentes citan el 553) Astiages celoso del poder y carisma de su nieto, emprendió una acción punitiva contra Persia.

Campañas de Ciro.

Campañas de Ciro.

Lo que iba a ser una reprimenda se convirtió en una dura campaña que Astiages no supo controlar. Ciro se hizo con el servicio de varios generales medos, incluido Harpago, cuyas tropas fueron determinantes en la batalla de Pasargada. Luego Ciro marchó directamente sobre la capital meda (Ecbatana) en busca de su abuelo, que fue entregado al rey persa por la propia guardia de Astiages. Ciro perdonó la vida al rey derrocado y le mantuvo cautivo en un cómodo retiro hasta el fin de sus días.

Ciro se proclamó rey de Media y Persia. Para consolidar su nuevo trono se casó con Amitis, hija de Astiages y por lo tanto su tía, todo quedaba en familia como podéis comprobar. Esta nueva situación daba un vuelco en el juego de influencias de la zona, y varios de los estados vecinos no les gustaba ni un pelo tener a alguien como Ciro tan cerca. El que más temía por la nueva situación era Creso, rey de Lidia, que como buen temeroso de los dioses consultó al oráculo de Delfos para guiar su decisión, pues Ciro no era un bocado pequeño para digerir. La respuesta que recibió del oráculo fue que si atacaba, un imperio sería destruido. Convencido de que la fortuna le sonreía, Creso se lanzó al ataque e invadió Persia. Una batalla tuvo lugar cerca de la ciudad de Pteria sin que hubiera un claro vencedor.

Como se acercaba el invierno, Creso dividió su ejército para guarnicionar sus polis, esperar a la primavera y reunir un ejército más grande todavía, pero Ciro no estaba dispuesto a que el invierno le arrebatara la victoria, y atacó a las mermadas huestes de Creso que se dirigían hacia Sardes. El rey lidio se atrincheró en la ciudadela, pero después de catorce días terminó por rendirse y se entregó a Ciro poniendo así su vida en las manos del rey persa, y Ciro en un gesto que sólo tienen los grandes, no sólo le perdonó la vida sino que a partir de entonces se convirtió en uno de sus más importantes consejeros. Aun así Ciro tardó otros cuatro años más en dominar toda Lidia y Capadocia. Pactyes el recaudador de impuestos que había designado, se rebeló y consiguió que las ciudades griegas de Anatolia apoyaran su causa, a Ciro no le quedó más remedio que tomar las ciudades una por una.

Cilindro de Ciro. Museo británico, Londres.

Cilindro de Ciro. Museo británico, Londres.

En el año 546 a.c. abandonó Anatolia y se dedicó a sofocar y pacificar algunas satrapías de la parte más oriental de su imperio, algo que sería endémico en la dinastía aqueménida. No se sabe mucho de estas campañas, pero sí quedó constancia de que dejó guarniciones en varias regiones como Partia, Bactria, Aracosia o Sogdiana.

Ciro ya controlaba un vastísimo territorio, pero faltaba la joya de la corona para convertirlo en el imperio más grande jamás visto hasta entonces: Babilonia, el territorio más rico y floreciente de oriente medio. Ciro reunió sus ejércitos y marchó sobre Babilonia en el año 539 a.c. Nabónido, rey de Babilonia salió a su encuentro y el diez de octubre se enfrentaron cerca de la ciudad de Opis que se encontraba en la ribera del río Tigris. Los persas aplastaron a los babilonios, que perdieron gran parte del tesoro real en la batalla. Ciro continuó su marcha hacia la capital, y dos días después llegó a la gran Babilonia, que se rindió sin oponer resistencia y una vez más entregó a su depuesto rey. Ciro se volvió a mostrar magnánimo liberando a los judíos que se encontraban allí como esclavos, desde que Nabucodonosor tomara Jerusalén y los desterrara de Israel, además les dio permiso para que volvieran a reconstruir el templo que fue destruido por el mítico rey babilonio.

La última campaña del gran rey le llevó hacia las estepas del norte donde se enfrentó a los masagetas, una belicosa tribu que estaba gobernada por la reina Tomiris. Ciro necesitaba consolidar su poder en la zona norte y ofreció a la reina matrimonio, Tomiris lo rechazó y Ciro ni corto ni perezoso invadió el reino masageta. La reina iracunda, le aseguró que si lo que quería era sangre, ella le daría toda la que quisiese hasta ahogarle. La campaña fue una matanza, los persas no estaban acostumbrados a batallas contra una caballería que atacaba, se retiraba y volvía a golpear cuando menos se lo esperaban. Ciro finalmente perdió la vida en el mar de hierba, y Tomiris cumpliendo su palabra buscó el cadáver de Ciro entre los muertos, le cortó la cabeza y la sumergió en un tarro lleno de sangre persa, ¿exageración?, ¿leyenda?, puede ser, pero desde luego las tribus esteparias eran capaces de eso y mucho más.

Tumba de Ciro, en Pasargada.

Tumba de Ciro, en Pasargada.

Ciro aglutinó bajo un solo gobierno a las tribus de origen iranio, y sometió a las tribus y naciones vecinas creando un imperio que se extendía desde Turquía hasta Egipto y al este hasta la India. Pero no sólo fue un gran conquistador, su sobrenombre se lo ganó por ser además un gobernante tolerante que permitió la libertad de culto y no hizo distinciones entre las razas que componían dicho imperio. En el museo británico de Londres se encuentra el famoso cilindro de Ciro, hecho de arcilla y escrito en caracteres cuneiformes. Esta pieza además de sus conquistas contiene lo que se ha definido como el primer tratado de derechos humanos escrito de la historia. Dos siglos más tarde un nuevo conquistador superaría el territorio conquistado por Ciro, un rey que quería universalizar (e imponer) la cultura griega, un rey que pasaría a la historia como el mejor comandante de toda la historia, su nombre era Alejandro e igual que Ciro también Magno, pero bueno eso como sabéis, es otra historia.

 

Bibliografía y fuentes.

Heródoto, Nueve libros de la historia.

Jorge Pisa Sánchez, Breve historia de los persas.

 

Acerca de Rober

Me llamo Roberto y nací en el año 1979 en Madrid. Apasionado de la historia desde siempre, mi única intención es que compartamos y divulguemos en este espacio cada pedacito de la antigüedad que tanto nos gusta. Me encantaría que recorrieras conmigo este periodo. ¿Te apuntas?, pues bienvenido a Historia o leyenda.


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6 Comentarios en “Ciro II, el primer “Magno”

  • manuel dragon

    Tengo algo que decir. Magno o Grande, ya hubo otros antes de Ciro II bien aconsejado por Creso. Hombres como Sargón II el Grande, amado de Inanna , que expandió sus dominios hasta el mar superior (mediterráneo), o Nabucodonosor II, también Grande, pues a pesar que la Biblia le condena a vivir como las bestías, engrandeció Babilonia, hasta convertirla en una leyenda (Jardines Colgantes, Puerta de Isthar, Via de la Procesiones, etc…), a más de ser un rey justo y conquistador, el canto del cisne del Imperio Neobabilónico. Ciro, se benefició de la destrucción de esta sin par ciudad y fue hasta bendecido por los judíos. Saludos.

     
    • Rober Autor

      Hola Manuel.

      Es cierto que Nabuconodosor recibió el apelativo de grande, pero por circunstancias diferentes. Como bien relatas en tu comentario Nabuconodosor esclavizó a los judíos llevándoselos a Babilonia (ciudad que quedaría pérfida para los hijos de David). Ciro, al conquistar Babilonia, liberó a los judíos y les permitió volver a su tierra de origen, por eso es tan querido por ellos.

      Por otra parte, Ciro promulgó una serie de leyes que quedaron recogidas en el llamado cilindro de Ciro, considerado como uno de los primeros tratados por los derechos humanos (dentro del contexto histórico en el que se desarrolla claro).

      Muchas gracias por tu comentario y fidelidad a los artículos del blog.

       
  • Rafael Serrano

    Gracias por el artículo Rober. Sólo quisiera añadir que Alejandro Magno admiraba a Ciro El Grande y se nota que quiso emularlo. Se sabe que Alejandro leyó la Ciropedia, que era una obra griega (escrita por Jenofonte) que hablaba de la educación de Ciro cuando joven y de cómo llegó a ser tan poderoso.

     
    • Rober Autor

      Gracias a ti por tu comentario, Rafael.
      Ciro sin duda es el paradigma de buen gobernante para los persas. Alejandro sin duda aprendió mucho de la Ciropedia (Jenofonte acompañaba siempre a Alejandro, sobre todo su Anábasis) y como tratar a los persas, quizás demasiado para el gusto de muchos de sus hombres.

      Muchas gracias de nuevo, espero leerte más por aquí, saludos.

       
  • Sergi

    Muy buen articulo Rober, a veces perdemos de vista la importancia de las gestas de los imperios más orientales, centrándonos exclusivamente en Roma, Grecia y los que más conocemos. Es importante y beneficioso para la historia saber que por ejemplo a los persas, en este caso al padre y fundador del imperio Ciro el Grande, se le debe e haber podido crear esa amalgama de naciones bajo su liderazgo y posteriormente el de sus sucesores. Antes de chocar contra Grecia, el imperio persa había sometido a muchos pueblos y naciones, por lo que no hay que desmerecer todo ese gran esfuerzo. Que sus sucesores tuvieron mala suerte o no supieron gestionar los recursos y la fuerza de la que disponían. También cabe la posibilidad de que esa fuese la razón de su fracaso. En todo caso, los griegos y después Alejandro Magno no le pusieron las cosas nada fáciles. Quizás los divinos monarcas aquemenidas pecaron de un exceso de confianza, cuando quizás hubiese sido mejor pecar de cautela. Nunca podremos saber que hubiese pasado si CIro el grande hubiese encabezado la conquista de Grecia, es otra de esas cosas que quedarán en el aire, como spor ejemplo que hubiese pasado si Alejandro hubiese luchado contra Roma o si Alejandro y Aníbal hubiesen sido coetáneos… Eso es lo bonito d ela historia.

    Un fuerte abrazo amigo y a seguir por esta buena senda.

     
    • Rober Autor

      Desde luego Sergi, aunque los persas fueron conocidos por su hedonismo y por un tipo de vida vamos a decir menos austera que la griega no debemos olvidar que algunos de los monarcas que precedieron a Jerjes o Darío fueron grandes gobernantes y erigieron uno de los primeros imperios “universales” de la antigüedad, como poco les debemos un pequeño homenaje que hacemos desde Historia o leyenda.