Batalla de Cinoscéfalos, falange vs legión 10


A finales del siglo III a.c. el mundo vivía un momento político muy intenso. En la parte occidental del Mediterráneo, Roma se confirmaba como nueva potencia emergente al derrotar a Cartago en la segunda guerra púnica. Y en la parte oriental, los reinos de los sucesores se disponían a un nuevo conflicto, otro más de la larga lista de guerras entre griegos.

Esta vez la razón era la debilidad del reino de Egipto, Ptolomeo IV había muerto y su sucesor sólo contaba con seis años, hecho que quisieron aprovechar Filipo V de Macedonia y Antíoco III, rey seleúcida. Su intención era repartirse las posesiones de Ptolomeo, Antíoco se quedaría con la Celesiria (próximo oriente) y Filipo con los enclaves de ultramar en Asia menor y Tracia. En 201 a.c., los macedonios atacaron las ciudades de Mileto y Samos poniendo en guardia a Rodas y Pérgamo que se horrorizaron al ver los avances de Filipo.

Decididos, Pérgamo y Rodas fueron capaces de detener a los macedonios en Bargilia, pero sabían que sólo era cuestión de tiempo que volviera al ataque con más virulencia, y está vez no podrían detener a Filipo, así que enviaron  embajadores a Roma, la nueva potencia. Roma envió varios delegados, tras comprobar la situación y ver como Filipo mandaba tropas al Ática, envió un ultimátum al rey macedonio instando a que abandonara sus pretensiones. Pero Filipo tenía las ideas claras, y cuando se recompuso de su bloqueo en Asia menor, se lanzó de nuevo al ataque de las polis situadas en los Dardanelos.

Roma envió un segundo ultimátum sabiendo que Filipo lo rechazaría, el senado ya tenía su casus belli, (recordad que las guerras de Roma siempre eran en su defensa) para poder mandar sus legiones consulares.

Ahora entraba en juego la política, había que hacerse con el mayor número de aliados posibles, y eso se conseguía haciendo retroceder al enemigo e inclinando la balanza a su favor. Pero los dos primeros años de guerra hubo pocos avances, es más, incluso el cónsul Publio Vilo tuvo que enfrentarse a un motín de sus tropas.

La carga en pendiente de las legiones. Ilustración de Radu Oltean.

La carga en pendiente de las legiones. Ilustración de Radu Oltean.

Así llegamos al año 198 a.c., un nuevo cónsul es nombrado por el senado, Tito Quincio Flaminino, que hará retroceder a Filipo hasta Tesalia en ese mismo año. Flaminino, quería acabar rápido con la guerra, pues el mandato consular duraba sólo un año y no en todas las ocasiones era prorrogado por más tiempo, así que decidió mantener conversaciones con Filipo hasta saber si se convertiría en procónsul, en ese caso rompería las negociaciones y se lanzaría con toda su fuerza. Y efectivamente, el senado aprobó su reelección y las hostilidades se reanudaron.

Flaminino se encontraba en Tebas con su ejército, Filipo se enteró de su ubicación y partió con la totalidad de sus tropas al encuentro de los romanos. Se encontrarían en el camino que va desde Larissa a Feras, un paraje lleno de setos, árboles y huertos. El terreno no permitía el despliegue de los ejércitos con lo cual tras unas escaramuzas de caballería (a favor de los latinos) se retiraron. Los dos ejércitos marcharon separados por una sierra llamada Cinoscéfalos (literalmente cabeza de perro), iban en paralelo desconociendo la posición del contrario. En la segunda jornada de marcha llovió con mucha intensidad, amaneciendo al día siguiente con una niebla que no permitía ver a más de dos pasos, Filipo no obstante ordenó continuar la marcha pero la niebla era tan espesa, que al poco de iniciarla decidió montar un campamento en lo alto de la sierra.

Mientras tanto Flaminino adelantaba exploradores para evitar sorpresas, éstos se dirigían a lo alto del collado cuando se toparon con los macedonios, es aquí cuando empieza una serie de refriegas que va obligando a pedir refuerzos cada uno por su parte, la victoria se iba inclinando de uno y otro lado según llegaban los refuerzos. Finalmente Flaminino decidió formar el ejército a los pies de la elevación, contaba con unos 25.000 infantes y una caballería de 1.500 jinetes, entre los que contaba con sus aliados Etolios y 20 elefantes de guerra. A su vez Filipo animado por su comandante Atenágoras que había hecho retroceder a la avanzada romana, se dispuso a rematar la faena con la totalidad de sus tropas, unos 25.000 infantes y 2.500 jinetes, una fuerza muy pareja a la del cónsul.

La batalla en tres fases.

La batalla en tres fases.

Flaminino lanzó una arenga a sus tropas animándolas a una gran victoria y se puso al frente del ala izquierda, dispuesto a hacer morder el polvo a los macedonios. Filipo, se hizo cargo de su ala derecha compuesta por la falange y gran parte de su caballería, y encargó a su segundo al mando (Nicanor, “el elefante”) que le siguiera con el resto del ejército, las sarisas macedonias hicieron estragos entre las filas romanas, que aguantaban a duras penas la acometida, pues los macedonios tenían una posición más alta que les procuraba ventaja. Pero lo que parecía una victoria macedonia, no era más que una estrategia de Flaminino, pues las legiones se retiraban ordenadamente llevando a la falange a la zona con el terreno más irregular, donde sus picas no valían de nada. Filipo cegado por la supuesta victoria ordenó tirar las picas y seguir con las espadas.

Era el momento que esperaba Flaminino, lanzó una carga de elefantes, que aunque no causaran muchas bajas terminaron de desordenar las filas enemigas facilitando el trabajo de las legiones. A su vez, un tribuno perteneciente a los triarios se percató que el ejército macedonio estaba dividido en dos, pues Filipo aumentó el fondo de su falange para evitar un flanqueo, el tribuno aprovechó la oportunidad y con poco más de mil hombres se coló por el hueco que habían dejado los elefantes en su carga y atacó la retaguardia enemiga. La cohesión de los macedonios se desmoronó y se vieron encerrados en un combate cuerpo a cuerpo, donde el gladius romano hizo su trabajo (ya sabéis, 5cm de hoja son suficientes).

La hegemonía de la falange murió en Cinoscéfalos, más de 5.000 macedonios murieron y otros 1.000 más fueron hechos prisioneros. Según Polibio en sus relatos de la república, los romanos tuvieron 2.000 bajas. A Filipo se le permitió seguir gobernando, pero ya sólo lo haría dentro de las fronteras de Macedonia, aparte de la compensación económica y la destrucción de su flota. Otra gran victoria para la república que ya empezaba a entender su verdadero potencial, luego vendría la “liberación de Grecia”, la guerra contra Antíoco III, continuar su expansión por la península ibérica pero en fin eso, como sabéis, es otra historia.

 

Bibliografía y fuentes.

Polibio de Megápolis,  Historia universal bajo la república romana.

Tito Livio, Historia de Roma.

Plutarco, Vidas paralelas.

 

Acerca de Rober

Me llamo Roberto y nací en el año 1979 en Madrid. Apasionado de la historia desde siempre, mi única intención es que compartamos y divulguemos en este espacio cada pedacito de la antigüedad que tanto nos gusta. Me encantaría que recorrieras conmigo este periodo. ¿Te apuntas?, pues bienvenido a Historia o leyenda.


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