Batalla de los Vosgos, César vs Ariovisto


Creo que ya iba siendo hora de que el romano más famoso tuviera su primer artículo en Historia o leyenda. Por supuesto estoy escribiendo sobre Gaius Iulius Caesar, Pater patriae y arquitecto del futuro imperio romano. Aunque el relato que os traigo hoy es antes de todo eso, justo al comienzo del proconsulado y la campaña que le llevaría a conquistar toda la Galia en tan sólo ocho años.

La situación en la Galia no era precisamente una balsa de paz. La rebelión de los alóbroges había sido sofocada hacía muy poco, y otros pueblos aliados de Roma como los sécuanos y los eduos estaban enfrentados entre sí. Esto no sería de gran importancia para la república sino fuera porque los sécuanos decidieron pedir ayuda del exterior a Ariovisto, rey del pueblo germano de los suevos.

Los germanos cruzaron el Rin alrededor de 71 a.C. y permanecieron diez años en la orilla oeste del río hasta que derrotaron a los eduos en el 60 a.C. Los servicios de Ariovisto fueron recompensados con una porción de tierra de los vencidos, además de revolverse contra los sécuanos y ocupar también parte de las suyas. Pero los problemas para los eduos no habían terminado aquí. Otra tribu celta, los helvecios, decidieron dejar sus oppida ubicadas en lo que hoy es Suiza y buscar climas más suaves al oeste. La ruta de los helvecios pasaba por tierras de los eduos, que apenas podrían defenderse después de la reciente derrota a manos de los suevos.

Los eduos decidieron enviar una delegación a los romanos para pedir su apoyo. El elegido fue un druida llamado Diviciaco, que apeló a la fidelidad de su pueblo para con Roma y recalcó el peligro que suponía para la república que una tribu al completo pasara tan cerca de la frontera con la provincia romana o incluso por el interior de la misma.

César no podía permitir de ninguna de las maneras que durante su proconsulado ocurriera algo así. Según el mismo César, una marea de más de 300.000 almas se preparaba para la migración.

Mientras tanto Ariovisto disfrutaba de sus tierras recién adquiridas, tratando a eduos y sécuanos casi como súbditos. Fijó un impuesto que los celtas debían pagar, tomando rehenes para asegurarse el pago. Pero César estaba demasiado ocupado para hacer caso a Ariovisto, es más, durante el proconsulado de César, el rey germano fue nombrado amigo de Roma.

En cierta forma, el procónsul necesitaba cuanto menos la neutralidad de los germanos para poder enfrentarse a los helvecios y llevarse el mérito total de la derrota celta. Sin embargo sécuanos y eduos no veían la hora de que los germanos volvieran a su lado de la orilla del Rin, y parte de las dos tribus abogaba por permitir el paso a los helvecios si éstos se enfrentaban a los germanos.

Imagen extraída del videojuego Rome 2 total war.

Imagen extraída del videojuego Rome 2 total war.

Aunque es cierto que hubo elementos que finalmente apoyaron a los helvecios, el grueso de las tribus permaneció leal a Roma. Sea como fuere, César resolvió el problema en la batalla de Bribacte, donde derrotó a los helvecios y los obligó a retroceder a sus tierras ancestrales no sin antes capturar a miles de ellos como esclavos. Ya trataremos esta batalla en otra ocasión, sin duda.

Enseguida empezaron a llegar delegaciones de tribus del centro y sur de la Galia felicitando a César por su gran victoria. Aunque no sólo querían regalar los oídos al procónsul, Ariovisto continuaba campando a sus anchas, y si no quería que un futuro cercano otras tribus germanas cruzaran el Rin, Roma debía actuar.

De nuevo fue Diviciaco quien encabezaba la comitiva celta. En palabras del mismo César los enviados se lanzaron a sus pies rogando la ayuda de Roma para deshacerse de Ariovisto. César se fijó que Diviciaco guardaba silencio, impertérrito ante la humillación de sus paisanos. Al preguntar por su actitud, el druida dijo que no se atrevía a hablar por si acaso el rey germano se enteraba y acababa con la vida de los rehenes que tenía en su poder.

Puede que fuera una floritura propia del druida para que César se interesara por tan temible enemigo, o directamente una exageración del procónsul para aumentar el aura de peligro de los germanos.

De todas formas no era algo para tomarse a la ligera, Ariovisto llevaba una década asentado en tierras galas y según los enviados celtas su número ascendía a 140.000 germanos. El peligro de que otras tribus germanas cruzaran el Rin a través de las tierras de los suevos era muy real, además César estaba muy motivado por la reciente victoria. En la memoria romana todavía resonaba el intento de invasión de cimbrios y teutones acontecida sólo cincuenta años antes y que el mismísimo Cayo Mario detuvo, ¿Quién mejor para detener a Ariovisto que el sobrino del siete veces cónsul?

César envió emisarios a Ariovisto para reunirse en un terreno neutral, pero el rey suevo declinó la propuesta invitando al romano a ir su campamento si quería parlamentar. El procónsul contestó con una nueva misiva recordando a Ariovisto que la amistad de Roma se perdía rápidamente, por lo tanto no debía dejar cruzar a más germanos a la orilla oeste del Rin y respetar a los pueblos aliados de la república. César terminó su argumento con una mal velada amenaza de las consecuencias sino se cumplían tales términos.

Sin embargo Ariovisto no veía motivos para doblegarse, al fin y al cabo llevaba diez años invicto en tierras galas, y no hacía otra cosa que comportarse como el conquistador que era.

Ariovisto envió emisarios al otro lado del Rin para que el resto de clanes suevos se prepararan para cruzar. Mientras tanto, con los guerreros que ya tenía en la orilla gala se dispuso a avanzar sobre Vesontio, un oppidum muy importante de los sécuanos. César también movilizó a sus legiones, y con su típico movimiento rápido de tropas, se presentó en la ciudad celta adelantándose al germano.

Lo que en principio parecía una ventaja empezó a convertirse en algo peligroso para la moral del ejército romano. Y es que si por algo destacaban los romanos era por su superstición casi endémica, y las habladurías sobre lo terrible de los germanos, de su invencibilidad y crueldad, comenzaron a hacer mella entre las tropas.

César reunió a todos sus oficiales, y los avergonzó en público diciéndoles que al día siguiente levantaría el campamento y marcharía contra los germanos. Que esperaba que todos le siguieran, y si no fuera así, él lo haría al frente de la X, su legión favorita. Como podéis imaginar el carisma de César actuó y todos los centuriones, tribunos y legados juraron que no le abandonarían.

Las legiones se pusieron en marcha a la busca de los germanos. Una semana después los localizaron a unos cuarenta kilómetros de su posición.

Ante el rápido avance de los romanos, Ariovisto decidió reunirse con César. El encuentro se produjo en una llanura coronada por un pequeño altozano, pero ninguna de las dos partes cedió. Incluso Ariovisto amenazó a César comentando lo contento que se pondrían muchos patricios si se deshacía de él. Pero al procónsul le encantaban esas situaciones y se mantuvo firme en sus condiciones de tal manera que los germanos terminaron por lanzar piedras y jabalinas a la escolta de César.

Hay que entender también la posición de Ariovisto, para él César no era mejor que su persona, el germano al fin y al cabo no había hecho otra cosa que ocupar un territorio que no pertenecía a Roma. Las consecuencias de tales conquistas eran las naturales en estos casos.

Además no era mal comandante, y lo demostró moviendo su ejército por detrás de las líneas romanas. Cortó el suministro de las legiones y dejó temporalmente a César en una posición de desventaja.

César intentó entonces provocar al enemigo sacando sus tropas formadas durante cinco días seguidos, pero Ariovisto no cayó en la trampa. El procónsul se sabía en desventaja, no podía pasar mucho tiempo más en aquella posición antes de que el hambre empezara a hacer mella en las legiones.

El futuro dictador decidió devolverle la moneda al germano y ordenó marchar a todas las legiones formadas en tres columnas. Dos de ellas rebasaron al enemigo a una distancia de un kilómetro y se encararon hacia ellos. Entonces ordenó a la retaguardia construir dos campamentos para dos de las seis legiones que estaban a su mando, mientras que la línea frontal se enfrentaba a los 15.000 germanos que Ariovisto había sacado de su campamento.

No hubo un enfrentamiento generalizado, muchos amagos y algunas escaramuzas, pero las hostilidades no crecieron hasta una batalla en toda regla. Al terminar la construcción, César dejó las dos legiones apostadas en los campamentos y el resto regresó a su posición inicial. Ahora Ariovisto se encontraba encajonado entre tres campamentos enemigos, y César podría elegir el momento del enfrentamiento definitivo.

Legiones lanzando sus pila (plural de pilum).

Legiones lanzando sus pila (plural de pilum).

César continuó provocando a los germanos haciendo formar a su ejército un día tras otro, sin éxito. No obstante se hicieron algunos prisioneros que confesaron que si Ariovisto no combatía era porque las sacerdotisas germanas habían predicho que no obtendría la victoria hasta la luna llena. Cayo Julio César no necesitó más, si Ariovisto no quería combatir él se lanzaría contra el germano.

Al día siguiente, como el anterior y el anterior, las legiones formaron frente al enemigo. Pero esta vez no se quedaron esperando sino que avanzaron decididos hacia las fortificaciones enemigas. Ariovisto detectó que algo había cambiado, no podía esperar dentro de sus empalizadas a ser rodeado y rendido por hambre, por fin decidió plantar cara.

Los germanos formaron por clanes y tribus: suevos, sedusios, harudes, marcomanos, tribocos, németes y tribocos. Una línea de lanzas y escudos dispuestos a repeler a las seis legiones de César.

Las legiones formaron en tres líneas, intercalando las legiones más bisoñas con las veteranas y dejando (probablemente) las más eficaces en los flancos. La caballería a su vez flanqueaba a la infantería para dar apoyo en el lugar donde más se necesitase. César decidió ocupar el flanco derecho, quizá había detectado allí mayor debilidad, o simplemente pretendía rodear al enemigo mientras estaba ocupado enfrentándose a las legiones.

La batalla se desató como una tormenta, las formaciones avanzaron una contra otra sin apenas intercambiar proyectiles. El choque de las infanterías fue desigual, mientras que el flanco izquierdo romano perdía metros, el derecho avanzaba con mayor éxito. La caballería al mando de Publio Craso fue fundamental para aguantar la zona.

Finalmente el flanco de César (derecho) penetró totalmente en las líneas enemigas y causo el pánico, haciendo derrumbar toda la formación germana como un castillo de naipes. La persecución fue terrible, no se mostró piedad y la mortandad fue altísima entre los huidos.

Ariovisto logró huir y se perdió en la niebla de la historia. Los refuerzos suevos que esperaban a cruzar el Rin se dispersaron y volvieron a sus poblados ancestrales. Los aliados de los romanos acogieron a varias legiones que se quedaron a invernar en tierras de los sécuanos. César sin embargo se retiró a la Galia Cisalpina para solucionar varios temas relacionados la provincia y de paso echar un ojo a lo que ocurría en Roma.

Pero ya había probado el sabor de la victoria, y desde luego no se iba a conformar con vencer a un par de tribus. César había conseguido en tan sólo un año derrotar a helvecios y suevos, la temporada de guerras se acababa en aquel 58 a.C., pero ya había encontrado la excusa para penetrar en la Galia y no se detendría hasta conquistarla completamente.

Luego llegarían las expediciones contra los belgas, los britanos, cruzaría el Rin y finalmente se enfrentaría a Vercingétorix y sus aliados en la mítica batalla de Alesia. Pero bueno eso como sabéis, es otra historia.

Bibliografía y fuentes.

Comentarios de la guerra de las Galias, Julio César.

Vidas paralelas, Plutarco.

César, Adrian Goldsworthy.

Anales, Tácito.

 

Acerca de Rober

Me llamo Roberto y nací en el año 1979 en Madrid. Apasionado de la historia desde siempre, mi única intención es que compartamos y divulguemos en este espacio cada pedacito de la antigüedad que tanto nos gusta. Me encantaría que recorrieras conmigo este periodo. ¿Te apuntas?, pues bienvenido a Historia o leyenda.

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