La batalla de Teutoburgo, el bosque de la muerte 14


Teutoburgo supuso realmente un punto de inflexión en la historia antigua, ya que no fue un simple “traspiés” para las legiones que perecieron allí, obligaron al imperio a hincar la rodilla en uno de sus mejores momentos, con Augusto al frente. Después de Teutoburgo, Roma se atrincheró en el Rin y sus conquistadores miraron hacia otras partes del mundo conocido.

Pero debemos poner algunos antecedentes para comprender el camino que llevo a tal desastre para la ciudad de las siete colinas. Año 58 a.c., Julio César toma contacto durante su campaña de las Galias con un pueblo que no era celta, unos bárbaros originarios del norte, que habían cruzado el Rin unos 17 años antes. Les denominó germanos, dándoles una imagen de unidad, haciendo así que parecieran una amenaza real para Roma. Pero la realidad es que el pueblo germano se componía de cientos de tribus, no eran para nada un bloque homogéneo, cada una tenía sus intereses e inquietudes, de hecho, había constantes conflictos entre dichas tribus, ya fuera por territorios, ganado o cualquier excusa para blandir las famosas hachas bipenne germanas. El propio Tácito en su libro Germania, explica las costumbres beligerantes de los germanos: “No es fácil persuadirles para labrar la tierra, prefieren retar al enemigo aun a riesgo de sufrir mortales heridas, y aun les parece flojedad y pereza conseguir con sudor lo que se puede conseguir derramando sangre“.

 

Estatua dedicada a Arminio en pleno bosque de Teutoburgo.

Estatua dedicada a Arminio en pleno bosque de Teutoburgo.

 

César expulsó finalmente de la Galia a estas tribus, y por primera vez se utilizó el Rin como frontera natural del incipiente imperio, pero los germanos no entendían de imperios y años sucesivos realizaban razias en la Galia romana para robar ganado o saquear poblados, volviendo a sus tierras de más allá del Rin. Roma no necesitaba más para declarar la guerra y de inmediato se puso manos a la obra; a partir del año 12 a.c., Druso el mayor, hijo adoptivo del propio emperador Augusto, realizó una serie de incursiones que amplió la frontera romana hasta el río Elba sometiendo tribu tras tribu. Parecía que el propio Julio César había renacido para conquistar toda Germania. Pero los dioses no estaban con Druso, en una fatal caída de su caballo dejó su vida en tierra germana, su hermano Tiberio (si, el futuro emperador), terminó su trabajo, que prácticamente estaba hecho.

Muchas tribus después de comprobar la efectividad romana en combate y también  la posibilidad de comerciar con ellos, se aliaron con los latinos creando una relación más o menos fluida, sobre todo aquellas tribus que quedaban cerca del Rin o bajo la influencia directa de las legiones acantonadas por el paisaje centro-europeo. En muchas de estas castas se llevó a cabo la política del rehén amistoso, es decir, Roma se llevaba a los hijos de los régulos bárbaros y así los mantenía bajo control, por otra parte el chaval que se criaba en Roma terminaba siendo totalmente afín a los intereses del imperio. Uno de estos chicos era Arminio (o Hermman), hijo de un noble querusco. Arminio pasó varios años de su juventud en la propia Roma, fue educado como cualquier hijo de patricio y cuando alcanzó edad suficiente ingresó en las auxilia de las legiones como comandante de caballería.

Arminio destacó al mando de estas unidades de caballería en conflictos como la revuelta de Panonia y posteriormente en la propia Germania contra otras tribus que no eran pro-romanas. Pero todo empezó a cambiar con la llegada de un nuevo gobernador para Germania, se trataba de Publio Quintilio Varo, un despiadado patricio que venía de otro puesto similar en Siria. Tenía fama de explotador, de hecho, de sus propias palabras podemos sacar conclusiones: “Llegué a una provincia rica como hombre pobre y dejé una provincia pobre como un hombre rico“, refiriéndose a su estancia en Siria.

Los métodos en Germania no fueron menos crueles, exigiendo a las tribus sometidas impuestos imposibles, utilizando la fuerza si era necesario (y sin serlo también), estranguló poco a poco a estas gentes que tan poco tenían. Ante esto, Arminio empezó a ver la cruda realidad de los métodos romanos, ¿dónde estaba el virtuosismo y la civilizada manera de hacer las cosas que había aprendido en Roma?, para colmo su padre (Segimer) había muerto y le correspondía a él como heredero coger las riendas de los queruscos. Sabía que tenía que hacer, reunir cuantas más tribus mejor, olvidar las históricas rencillas y unirse ante un enemigo común. Secretamente, Arminio empezó a movilizarse y a tener encuentros con los jefes de otras tribus, Varo tenía plena confianza en él, ya que era ciudadano romano de facto y encima seguía al mando de la caballería auxiliar, compuesta en su mayor parte de germanos. Se presentaba un escenario perfecto para la devolver la moneda a los romanos.

 
Los legionarios se abrían paso a duras penas para intentar huir.

Los legionarios se abrían paso a duras penas para intentar huir.

 

Arminio agitó un poco las cosas en el este de Germania, excusa perfecta para avisar a Varo y que acudiera con las legiones para sofocar la supuesta revuelta. Varo, ávido de gloria ya se imaginaba el saqueo posterior y movilizó inmediatamente a las legiones XVII, XVIII y XIX. Arminio recomendó la ruta que debía tomar para llegar cuanto antes, lo que no sabía Varo era lo que le esperaba entre los árboles de la selva de Teutoburgo.

Corría el año 9 d.c., cuando Varo inició el camino, y tras una penosa marcha por tierras pantanosas se adentró entre la espesura de los árboles. Arminio se adelantó con la excusa de explorar el camino y encontrar la mejor ruta. La columna se alargaba más y más, no había ningún tipo de formación, pues pensaban que iban por “tierra amiga”. Un total de 25.000 almas marchaban torpemente hacia la fatalidad. De repente, un muro de árboles derribados y hojarasca les impedía el paso, no tuvieron tiempo de reaccionar, venablos, piedras incluso pequeñas hachas caían sin cesar. Después de la fatal lluvia de armas arrojadizas los germanos se lanzaron como animales rabiosos a por la vanguardia romana, ésta se rehízo como pudo e intento aguantar las acometidas bárbaras.

Mientras tanto, Varo no se enteraba de nada, pues marchaba hacia la mitad de la columna varios kilómetros atrás, y hasta que no vio llegar a los primeros heridos hacia la retaguardia no pudo tomar ninguna decisión. El primer día de la emboscada las legiones fueron reagrupándose poco a poco mientras deshacían el camino en busca de un claro para poder fortificarse. Ocurrieron episodios lamentables como la huida del comandante de la caballería Numonio Vala, que, pensando que llegaría al Rin, fue cazado y aniquilado con todas sus tropas. El resto del ejército estaba vendido, aquél maldito germano los había traicionado, ¡que poco durmieron los legionarios esa noche pensando que su fin estaba cerca!

Al día siguiente, al verse acorralado, Varo decidió suicidarse antes que ser apresado, su fracaso no tenía solución y aunque consiguiera escapar en Roma solo le esperaba la deshonra y una muerte segura. Las emboscadas seguían sucediéndose, y las tropas que ya carecían de mando fueron diezmadas a cada paso. Al tercer día las tres legiones habían sido aniquiladas, el cuerpo de Varo fue vilipendiado, quemado y se le decapitó, la cabeza fue enviada a Roma.

 
La última defensa.

La última defensa.

Augusto no se lo tomó muy bien, pues perder tres legiones al completo no era muy bueno para cualquier gobernante de la gran urbe. Según Suetonio, se le podía oír por el palacio imperial gritando: ¡Varo!, ¡Varo!, ¡devuélveme mis legiones! Más de seis años después, muerto ya el primer emperador, su sucesor Tiberio envió a su sobrino Germánico (hijo de Druso el mayor) a encontrar el lugar de la batalla, dar entierro a los cuerpos que allí moraban, y a recuperar si fuera posible las águilas perdidas. Germánico se enfrentó en dos ocasiones contra Arminio y sus hordas, derrotándolo por un escaso margen.

Recuperado el honor, y dos de las águilas, el hijo de Druso regresó a Roma para celebrar la victoria. Arminio a su vez tuvo un triste final, pues fue muerto por la familia de su mujer en el año 21 de nuestra era, pero había conseguido detener el avance romano. Fue el verdadero héroe de Germania, procurando el mayor bien de todos a su pueblo, la libertad. Y varios siglos después, una nochevieja el Rin se heló y los descendientes de aquellos pueblos germánicos cruzaron el río para quedarse, empezaba la caída del imperio occidental…, pero eso como sabéis, es otra historia.

Bibliografía y fuentes:

Michael McNally, El bosque de Teutoburgo 9 d.c.

Revista Historia y vida nº499, Golpe a Roma.

Dión Casio, Historia romana.

 

 

Acerca de Rober

Me llamo Roberto y nací en el año 1979 en Madrid. Apasionado de la historia desde siempre, mi única intención es que compartamos y divulguemos en este espacio cada pedacito de la antigüedad que tanto nos gusta. Me encantaría que recorrieras conmigo este periodo. ¿Te apuntas?, pues bienvenido a Historia o leyenda.


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14 Comentarios en “La batalla de Teutoburgo, el bosque de la muerte

    • Rober Autor

      Hola Angel.
      Quizás no les valía la pena. El Rin era una frontera natural relativamente fácil de defender (siempre que hubiera tropas disponibles), además Germania no era precisamente una tierra fértil o rica en minas de oro y plata.

       
  • Rafael Bolívar S.

    Excelente artículo, recoge una de las tantas derrotas de Roma. Cannas, Aurasio, Carras, Aquileya y Edesa estarán en la historia para recordar el poder y las tácticas de combate utilizados por los enemigos del imperio. Felicitaciones por el escrito.

     
    • Rober Autor

      Hola Rafael. Muchas gracias por tus comentarios siempre positivos. En Teutoburgo, los germanos pudieron detener el avance romano hacia el este, es cierto que no melló en demasía el poder del imperio pero sentó las bases para que después de varios siglos los descendientes de estos pueblos cruzaran a occidente y terminaran de poner “patas arriba” lo que quedaba del imperio. Saludos desde Madrid.

       
    • Rober Autor

      ¡Hola Alfonso!

      Muchas gracias por tus palabras, hace poco dejaron un comentario negativo sobre el artículo, no les gustó la redacción, y lo peor es que insinuó que era un corta-pega de otros sitios, lo cual puedo asegurar que es rotundamente falso. Eso sí, lamentablemente tuve problemas con un backup del blog y se restauró en muchos artículos versiones de los mismos sin revisar, un fastidio, te lo puedo asegurar. Estoy revisando artículo por artículo para corregir ese error, de hecho, estoy cambiando en este momento esta entrada. Espero que no haya empañado tú visión del blog por culpa de este contratiempo. Muchas gracias por tu fidelidad, un fuerte abrazo.

       
  • Axel

    Ya que es un copia-pega de Historia y Vida, y de otros, házlo bien. Cuidado con los acentos y las comas, que pueden cambiar el significado de las palabras, y por ende, de las frases también.

     
    • Rober Autor

      Hola Axel, lo de los acentos y las comas puedo admitirlo ya que no soy perfecto y puedo errar en la redacción, o no darme cuenta de algo cuando reviso MIS textos de word. Lo que no voy a dejar pasar es que digas que los artículos de este blog son plagios o copias de algún otro blog o web. Mis artículos son TOTALMENTE ORIGINALES, y basados únicamente en las fuentes que cito al final de cada entrada.
      Por favor, la próxima vez que opines asegúrate de lo que dices, por que intentar hacer daño gratuito y sin fundamento es fácil.

       
    • Roberto Canales

      Gracias de nuevo por tu confianza Yolanda, no dudes en escribir si tienes alguna petición sobre un tema en concreto, si yo desconociera el tema seguro que alguno de nuestros colaboradores tendrá la respuesta, un saludo