Platea, la gran victoria griega contra el imperio persa 4


De las guerras médicas la batalla más conocida sin duda es la de las Termópilas. La resistencia final de los 300 de Leónidas (aunque alguno más hubo) frente al interminable ejército persa del rey de reyes Jerjes, es la que tenemos grabada más a fuego en nuestra psique gracias a la novela gráfica de Frank Miller, y a la versión cinematográfica de Zack Snyder. Pero la batalla definitiva, la que evitó que Europa fuera otra satrapía más del imperio persa fue la batalla de Platea.

Tras la victoria persa en las Termópilas (si, pese a las bajas fue una victoria), Jerjes se dispuso a tomar Ática y conquistar Atenas. La flota de la liga helénica que combatía en paralelo con la flota persa resultó derrotada con muchas bajas por ambas partes, y ante la inminente llegada del rey persa abandonaron su posición en Artemiso y se retiraron hacia la isla de SalaminaLos atenienses decidieron evacuar la ciudad y zona del Ática al completo en una asamblea ciudadana, no sin antes hacer una consulta al oráculo de Delfos. Cual fue la sorpresa de los enviados cuando entraron al templo y la Pitia (pitonisa) fuera de sí les vociferaba:

“¡Desdichados! ¿Por qué permanecéis inactivos? ¡Huid a los confines de la tierra y abandonad vuestras casas y la eminente ciudadela circular de vuestra ciudad!”

Imaginad las caras de los enviados ante tal predicción. Desmoralizados, se disponían a volver a Atenas pero un notable ciudadano de Delfos les sugirió que ante la gravedad de la situación podían solicitar un segundo vaticinio si llevaban ramas de olivo, que les daba categoría de suplicantes. Volvieron al templo y esta vez la Pitia recibió el siguiente mensaje del dios Apolo:

“No está en los poderes de Palas Atenea aplacar al Zeus Olímpico, aunque, en todos los tonos y con sagaz astucia, súplicas le dirige.
No obstante, voy a darte ahora una nueva respuesta, inflexible como el acero.
Cuando sea tomado todo cuanto encierran la tierra de Cécrope y el valle del Citerón augusto, Zeus, el de penetrante mirada, concederá a Tritogenia un muro de madera, único e inexpugnable baluarte, que la salvación supondrá para ti y para tus hijos.
No aguardes indolente a la caballería y al ingente ejército de tierra que llega del vecino continente; al contrario, retírate, vuelve la espalda para poder hacer frente un día.
¡Ay divina Salamina! ¡Tú aniquilaras los frutos de las mujeres, bien sea cuando se esparce Deméter o cuando se reúne!”

Ruinas del oráculo de Delfos. Fuente: National geografic.

Ruinas del oráculo de Delfos. Fuente: National geographic.

Como no es de extrañar ante tal parrafada, los atenienses no supieran a qué atenerse y se le diera a la predicción diferentes significados. Una cosa quedaba más o menos clara, y es que Atenea no podía parar a Zeus y todo sería conquistado entre la tierra de Cécrope (legendario rey de Atenas) y el valle del Citerón que es la frontera con Beocia, es decir, que todo el Ática sería conquistado.

Pero las disputas llegaron en la siguiente parte del mensaje de la Pitia. Mientras unos pensaban que debían erigir un muro de madera en la Acrópolis, otros resaltaban la mención de Salamina y la frase de dar la espalda al enemigo para seguir combatiendo, siendo el muro de madera una metáfora para referirse a los barcos helenos. Se debatió todo el día llegando a la conclusión de que había que evacuar la ciudad y reagrupar la flota.

Ahora la flota griega que se componía de unas 300 naves debía enfrentarse a los persas que superaban las 700 embarcaciones, mientras el ejército de Jerjes avanzaba por tierra y se acercaba al istmo que quedaba al norte de Salamina, hasta los estrechos megarenses. Si la flota persa ocupara a su vez esos estrechos, la isla se vería rodeada y separada del resto del Peloponeso. Los persas no perdieron el tiempo y esa misma noche 200 navíos egipcios se movieron hacia el sur para ocupar los estrechos y evitar una huida nocturna de los helenos.

Pero los griegos en vez de enfrentarse con toda su flota a los navíos egipcios y huir hacia el continente, decidieron esperar al grueso de la flota persa aprovechando su experiencia naval y su conocimiento de los estrechos. Además, combatiendo en ese lugar evitaban que la flota persa se desplegara en su totalidad, lo que fue fundamental en la batalla de Salamina.

Jerjes ya daba por hecho la victoria, y  buscó un sitio privilegiado para observar el combate desde la zona continental. No lo sabía pero estaba a punto de presenciar una derrota catastrófica para su flota. Los fenicios ocuparon el flanco derecho y los jonios el izquierdo sumando más de 500 naves. Los griegos simularon una retirada y se movieron hacia los estrechos, los persas sedientos de victoria les siguieron hasta que no pudieron continuar con la formación y su flota se convirtió en un caos. Era el momento que los griegos esperaban, viraron hacia la flota persa y cargaron con sus espolones de bronce contra la “no formación” enemiga. Los persas que todavía intentaban gobernar sus barcos vieron cómo se les echaba encima un muro de madera y bronce (¿os acordáis de la Pitia?).

No hay un relato fiable de como discurrió la batalla, solo acciones individuales, algunas bastante curiosas como la de Artemisa, que era gobernadora de Halicarnaso una ciudad bajo control persa. En plena batalla un trirreme ateniense se le echaba encima y Artemisa ordenó una maniobra evasiva, pero al dar la vuelta se vio bloqueada por la segunda línea de batalla persa y ni corta ni perezosa gritó a su tripulación que embistieran a todo el que tuvieran por delante, amigo o enemigo.

El tetrarca (capitán) ateniense pensando que era aliada, dio la vuelta y fue a por otra embarcación, mientras que Jerjes pensando que había embestido a una embarcación helena comentó: ” Mis hombres están actuando como mujeres y mis mujeres como hombres”. Esto da fe del caos que tenían que estar viviendo los persas.

Embarcación griega en Salamina. Ilustración de Christian Gianopoulus.

Embarcación griega en Salamina. Ilustración de Christian Gianopoulus.

El rey de reyes tuvo que ver como 200 de sus navíos eran destruidos, mientras que los helenos solo habían perdido alrededor de 40 buques. Esto podía haber dado al traste con las ambiciones persas, pero lo cierto es que pese a las bajas sufridas la campaña estaba resultando un éxito.

Se había acabado con un rey espartano y se había tomado y saqueado la odiada Atenas, pero se acercaba el invierno y con él se acababa la temporada de batallas, así que los persas se retiraron hacia Tesalia y Macedonia para abastecerse y prepararse para el envite final. Una vez allí, Jerjes decidió tomar parte del ejército y volver a casa. Los griegos tomaron esta acción como cobardía, pero lo cierto es que para tareas de pacificación no se necesitaba al regente, además, la prolongada ausencia del rey podía provocar revueltas en casa.

A tal efecto nombró a su primo (y cuñado) Mardonio como general en jefe del ejército que quedaba en Macedonia. Mardonio quería que Atenas se uniera a las filas persas a sabiendas de que espartanos y peloponenses habían construido fortificaciones para impedir el paso a sus tierras, y necesitaba la flota ateniense para poder rodearlos, ya que no quería que se repitiera una batalla como la de las Termópilas.

Utilizó a Alejandro (no el que estáis pensando…) rey de Macedonia para el acercamiento, que aunque era vasallo de los persas, mantenía muy buenas relaciones con Atenas. Los espartanos, horrorizados ante el posible cambio de lealtad de Atenas mandaron a su vez mensajeros conminándolos a que siguieran en la liga. Los atenienses no tenían ninguna intención de unirse a los persas, pero aprovecharon la oportunidad para pedir a los espartanos que salieran del Peloponeso para ayudarles a mantener el Ática, sino no tendrían más opciones que unirse a los persas.

A los espartanos no les hacía ninguna gracia tener que abandonar sus defensas para enfrentarse al ejército persa en campo abierto donde podían desplegar su caballería, y mientras se decidían, Mardonio se puso en marcha pues ya se acercaba el verano y su ejército había repuesto vituallas y había descansado.

La primera parada obligada era Atenas, la cual fue evacuada por segunda vez en 8 meses. Esta ocasión Mardonio no permitió el pillaje, pues todavía tenía esperanzas de que los atenienses se unieran la causa persa. Los atenienses mandaron de nuevo mensajeros a Esparta asegurando que si no salían del Peloponeso para ayudarlos se unirían a los persas de inmediato. Se nombró a Pausanias (sobrino de Leónidas) comandante en jefe de las tropas y se dirigió hacia el Ática con 5.000 espartanos con sus correspondientes ilotas (esclavos), y varios miles de hoplitas más de las ciudades del Peloponeso. Los atenienses y el resto de fuerzas griegas se les unieron en Eulisis formando un ejército de unos 40.000 hoplitas.

Cuando llegaron a la posición persa estos ya estaban preparados, habían levantado un campamento fortificado y habían despejado la zona de árboles para mejorar su despliegue en la orilla contraria del río Asopo. Pausanias ordenó que se tomaran las colinas del monte Citerón. En frente de las posiciones persas, los 40.000 griegos esperaban a Mardonio pero éste, aunque disponía de superioridad numérica (unos 60.000-80.000 efectivos) no estaba dispuesto a chocar contra un muro de bronce y hierro.

Batalla de Platea. Ilustración de Peter Dennis.

Batalla de Platea. Ilustración de Peter Dennis.

Así pasaron varios días, los griegos esperando que los persas cruzaran el río y los persas cómodos en su campamento, así que Mardonio lanzó a su caballería ligera y a sus arqueros contra la línea de suministros helena minando poco a poco a los griegos. A Pausanias no le quedó más remedio que retirarse a la cercana ciudad de Platea para recomponer filas y alimentar a sus soldados. Decidió hacerlo el 27 de agosto de 479 a.c. en mitad de la noche para pasar lo más desapercibido posible, pero al amanecer, la caballería persa volvió a atacar y se encontró al enemigo en pleno repliegue. Mardonio no espero más y cruzó el río con todo su ejército.

El ejército griego fue pillado por sorpresa. Para más calamidad el flanco derecho donde estaban espartanos, tegeos y periecos se encontraba bastante retrasado en la marcha y el grueso de los persas se les echó encima. Pausanias llamó a reunión al resto del ejército, pero el flanco izquierdo ya se encontraba en combate, atenienses, megarenses y peloponenses luchaban contra los griegos filo persas: beocios y tesalios.

Y aquí entró en juego toda la educación guerrera espartana, formando una falange de asta y muerte, el flanco derecho detuvo a los persas, contraatacó y puso en fuga al enemigo dando muerte al propio Mardonio.

Los persas se refugiaron en su campamento intentando hacerse fuertes y causar el mayor número de bajas posible a los griegos. Tenían la esperanza de que los beocios y tesalios acabaran con los atenienses y arrollaran la retaguardia espartana, pero los atenienses habían derrotado a éstos y se reunían con el resto de la liga helénica para el asalto final.

El campamento fue tomado y los medos huyeron atravesando toda Grecia llegando a Asia por Bizancio. Fue una victoria total y desde luego cambió las tornas en el conflicto medo-heleno con enfrentamientos ocasionales y alguno más sonado, hasta que en el año 356 a.c. nacería el personaje que cambió la faz del mundo antiguo: Alejandro Magno, pero como se suele decir, eso es otra historia.

 

Bibliografía y fuentes:

Philip de Souza, De Maratón a Platea.

Nicholas Sekunda, Desafío heleno a Persia.

Heródoto, Historias (libros V y VI).

 

Acerca de Rober

Me llamo Roberto y nací en el año 1979 en Madrid. Apasionado de la historia desde siempre, mi única intención es que compartamos y divulguemos en este espacio cada pedacito de la antigüedad que tanto nos gusta. Me encantaría que recorrieras conmigo este periodo. ¿Te apuntas?, pues bienvenido a Historia o leyenda.


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4 Comentarios en “Platea, la gran victoria griega contra el imperio persa

  • Sergi

    Otro gran articulo amigo Rober, excepcional sin duda, un trabajo sobresaliente, incluyendo las palabras proféticas del oráculo de Delfos. El periodo de las guerras médicas es uno de los más destacados de la historia de la Crecía antigua, y servirá a los helenos para perderle el miedo a los persas. El plan de Jerjes no hizo más que abrirles las puertas a los intrépidos griegos que vieron Perdía como un reino de oportunidades. Los siguientes pasos de los medos en la Helade fueron únicamente aportar dinero para financiar los conflictos internos entre las polos. Jamás volverían a poner un pie en tierra griega, el precio que habían pagado era muy caro. En cambio ellos demostraron fragilidad y eso les hizo convertirse en un objetivo claro… Véase la anabasis de Jenofonte, la expedición de Alejandro, los reinos de los Diadocos… Los griegos le perdieron el miedo al medo… Un saludo amigo y enhorabuena d nuevo por el artículo.

     
    • Rober Autor

      Muchas gracias Sergi!, los griegos se tuvieron que emplear a fondo para detener a un contingente que les superaba ampliamente en número, y lo más difícil de todo, ¡Griegos permaneciendo unidos contra un enemigo común!. De nuevo gracias por tus palabras, y enhorabuena por la realización de tu segunda novela, seguro que es un éxito, te lo mereces amigo.

       
  • Olga Romay Pereira

    Los Macedonios se comportaron de forma miserable porque Alejandro tenía a una hija casada con un sátrapa persa. Los griegos los odiaron desde entonces y los macedonios nunca más fueron considerados griegos, a pesar de tener dioses y religión en común.
    El gran héroe de Platea, el espartano Pausanias, se instaló en Bizancio y vivió a lo grande con todo tipo de excesos sin querer saber nada más de su patria; los espartanos le llamaron a capítulo y lo mataron de hambre en Esparta en un templo donde se refugió.
    Los héroes de esa guerra terminaron siendo héroes con los pies de barro, el ateniense Temístocles terminó acusado de corrupción y tuvo que refugiarse en el reino persa viviendo de la caridad de Jerjes y después de Artajerjes.

     
    • Rober Autor

      Parecía poco probable que los griegos pudieran unirse contra un enemigo común, pero está claro que en Salamina y Platea dieron el do de pecho, no obstante, viene en el adn griego los conflictos fratricidas, Macedonia fue aliada de los persas en las guerras médicas, dándoles una base y paso franco en el propio continente. Parece una maldición para los griegos que quien se destaca en la guerra termina teniendo una muerte en su juventud, o morir defenestrado por sus compatriotas, curioso sin duda. Muchas gracias por tu aporte Olga, espero que sigas visitando el blog.