Batalla de Baécula, Escipión se enfrenta a los Barca 13


Año 208 a.c., la segunda guerra púnica dura ya 10 años. Nombres como TrebiaTrasimeno, y Cannas resuenan en cada rincón de la maltrecha república. Aníbal seguía invicto en Italia, con el senado romano despojando sus templos sagrados para poder seguir costeando la guerra. Pero aquí en Hispania, había aparecido una “china” en las sandalias de los púnicos, un joven patricio que había perdido a su padre y a su tío en la misma tierra que ahora intentaba dominar. Su nombre era Publio Cornelio Escipión.

En el año 209 a.c. Escipión había realizado una marcha “relámpago” desde Tarraco (Tarragona) hasta la capital cartaginesa en la península ibérica, Cartagonova (Cartagena). Escipión aprovechó que el ejército liderado por Asdrúbal Barca (hermano de Aníbal) desconocía la maniobra y se encontraba a muchas jornadas de marcha.

El asedio fue sorprendentemente rápido, ya que, el general romano aprovechó su conocimiento sobre las mareas del lugar para atacar por una zona de la muralla desguarnecida que daba a una laguna que se creía intransitable.

Escipión, en un gesto de diplomacia brillante, evitó una matanza entre la población civil y liberó a los rehenes que los cartagineses retenían para asegurar la lealtad de los pueblos hispanos. Este tipo de gestos por parte de Escipión provocó un cambio de lealtades en la región.

A comienzos del 208 a.c., sumando a sus fuerzas un nuevo contingente de aliados hispanos, las legiones reanudaron su marcha hacia el sur, sacando partido a que el ejército cartaginés se encontraba dividido, ya que, Asdrúbal pretendía abandonar la península imitando a su hermano mayor cruzando los pirineos y los Alpes.

La idea era reforzar las fuerzas de Aníbal en Italia para asestar un golpe definitivo a la república romana. Escipión se dispuso a atacar las fuerzas de Asdrúbal por sorpresa, pero éste, alertado por sus avanzadas de reconocimiento del tamaño del ejército romano, decidió tomar posiciones defensivas en un cerro cercano a Baécula.

La localización todavía es inexacta, pero las últimas investigaciones del Instituto Universitario de Arqueología de la Universidad de Jaén lo sitúan cerca de la población actual de Santo Tomé, en un cerro llamado “el de las albahacas”. Aunque otras fuentes aseguran que el cerro en cuestión estaría a las afueras de Bailén, a unos 40 km, que siempre fue la “primera opción” a tener en cuenta, incluso por la similitud del nombre (la diferencia entre las dos localizaciones es que en la de Santo Tomé se han encontrado restos de una batalla con armas, cerámica y pertrechos coincidentes con los dos bandos en cuestión, y la de Bailén se acerca más a los textos clásicos y sobre todo por la proximidad a las minas y su consiguiente enclave estratégico) .

Busto de Publio Cornelio Escipión "Africano".

Busto de Publio Cornelio Escipión “Africano”.

Este cerro dominaba la entrada al valle del alto Guadalquivir, una zona vital, ya que daba paso a la Bética, una de las zonas más ricas de Hispania por su fertilidad y sus minas de plata situadas en la cercana Cástulo.

Como es habitual en este tipo de batallas, los historiadores no suelen ponerse de acuerdo en el tamaño y composición de los ejércitos, pero teniendo en cuenta la deserción de tribus hispanas a favor de los romanos, y la división de las fuerzas púnicas, podemos hacernos una idea del tamaño del ejército de Asdrúbal. Sería una fuerza de unos 15.000 a 20.000 hombres, compuesto de caballería númida, honderos baleares, una pequeña fuerza de libio-fenicios y mercenarios hispanos que todavía eran leales a su causa (más bien a su plata…), además, contaría con elefantes de guerra en un número cercano a los 20.

Escipión contaba esta vez con superioridad numérica. Bajo su mando contaba con 4 legiones (dos de ellas auxiliares), un total de  unos 20.000 hombres. A este número habría que sumar la caballería, que podrían contar entre 3.000 y 4.000 jinetes.

Asdrúbal tomo posiciones en el cerro, sabiéndose en inferioridad numérica y teniendo claro su objetivo, que era salvaguardar el mayor número de tropas posible para su posterior marcha hacia Italia. La colina era lo suficientemente ancha como para albergar su ejército formado, dejando la infantería libio-fenicia en el centro y los mercenarios íberos en los flancos, esperando el envite romano.

Al tercer día Escipión se decidió y lanzó a sus vélites hacia la colina. Asdrúbal en respuesta mandó a los honderos baleares y a la infantería ligera a una planicie que se encontraba en la ladera de la colina. El avance debió ser penoso bajo la lluvia de proyectiles de plomo y jabalinas, pero una vez que llegaron a la lucha cuerpo a cuerpo, los cartagineses fueron derrotados y se retiraron a la cima de la elevación.

Lo normal es que el general romano hubiera mandado el resto de su ejército para asegurar el terreno conquistado y lanzar sus mejores tropas contra los lanceros que formaban en el centro, pero este general era Publio Cornelio Escipión que destacó por hacer lo que menos esperaba el enemigo.

Volvió a ordenar a su infantería ligera que cargara colina arriba, contra las mejores tropas que tenía Asdrúbal, y encima en una posición ventajosa para repeler el ataque. En el momento que tomaron contacto,  Escipión dividió en dos el resto de sus fuerzas y se dirigió hacia la cima por cada uno de sus flancos, el propio Publio por la izquierda, y su lugarteniente Lelio por la derecha.

Mientras tanto, el centro cartaginés compuesto por los lanceros libios mantenía la posición perfectamente, pues las tropas que tenía en frente eran ligeras y se encontraban exhaustas por el combate en la planicie, pero mantenían a los lanceros ocupados mientras las tropas más pesadas se echaban sobre los íberos de los flancos.

Batalla de Baécula, ilustración de Albert Álvarez.

Batalla de Baécula, ilustración de Albert Álvarez.

 
 
La trampa se cerraba y Asdrúbal, temiendo una masacre, hizo retroceder a su infantería pesada ordenadamente a la vez que cargaba el oro y la plata que quedaba en su campamento en los elefantes. A su vez los iberos se desmoronaban ante el muro de escudos y las terribles cuchilladas del gladius romano.
 
La batalla había acabado, pero cuando Escipión llego a la cima descubrió que su enemigo había huido y la victoria no llegó a ser completa, pues su principal objetivo era evitar la marcha de Asdrúbal hacia Italia. No obstante, las bajas en el ejército cartaginés fueron terribles, unos 8.000 muertos y cerca de 10.000 prisioneros (la mayoría hispanos) dejaban constancia de ello. Escipión, haciendo gala de su conocida diplomacia, liberó a todos los prisioneros hispanos que, agradecidos, le proclamaron rey de los íberos (de manera honorífica se supone), los prisioneros africanos no corrieron tanta suerte y se vendieron como esclavos.

Fue la primera gran victoria de Escipión en campo abierto y por supuesto no sería la última. Su acción en Báecula obligó a los otros dos ejércitos púnicos a fusionarse y forzar la última batalla de los cartagineses en Hispania: Ilipa, pero bueno, eso como sabéis, es otra historia.

 

Bibliografía y fuentes:

Polibio de Megapolis, Historia universal de la República romana.

Nic Fields, Roma contra Cartago.

Mark Healy, Aníbal diezma las legiones.

Tito Livio, Historia de Roma.

Galería de imágenes sobre la batalla de Baécula

 

Acerca de Rober

Me llamo Roberto y nací en el año 1979 en Madrid. Apasionado de la historia desde siempre, mi única intención es que compartamos y divulguemos en este espacio cada pedacito de la antigüedad que tanto nos gusta. Me encantaría que recorrieras conmigo este periodo. ¿Te apuntas?, pues bienvenido a Historia o leyenda.


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