Asedio de Cartago, el fin de una civilización 8


Si tuviéramos que decidir cuál fue el mayor enemigo de Roma muchos pensaríamos en Cartago. Y el asedio de ésta ciudad norteafricana situada en el Túnez actual deja constancia de ello. Fue tal el empeño de los romanos en eliminar en esta cultura, que lo queda es lo que los propios romanos nos dejaron, sin tener la posibilidad de saber la “versión” púnica.

Habían pasado casi 40 años desde Zama, los romanos poco a poco iban convirtiendo el mediterráneo en un mar privado, adueñándose o subyugando las tierras de la cuenca. En ésta época Cartago distaba mucho de ser la potencia militar de los años de Aníbal,  pero en el apartado económico era otra cosa. Después de la victoria de Escipión, finalizada ya la segunda guerra púnica, en el año 201 a.c., los romanos impusieron a los vencidos un tributo desorbitado para asegurarse la hegemonía en el Mediterráneo occidental,  manteniendo bajo control las finanzas púnicas.

Pero Cartago pagó el tributo estipulado para 50 años en tan sólo 10, ahí estaba el peligro real de los norteafricanos, aunque perdían las guerras, se recuperaban muy rápido económicamente,  y como sus ejércitos estaban compuestos en su mayoría por mercenarios no tenían que perder tiempo en entrenar tropas nuevas.

Y el mayor detractor de la urbe africana, Catón el viejo, lo sabía. Después de una visita a la ciudad como embajador, quedó horrorizado ante la recuperación y prosperidad de los púnicos,  a partir de entonces el rancio senador y censor terminaría todos sus discursos independientemente del tema que tratara con la frase: Carthago delenda est (Cartago debe ser destruida). Y los dioses debieron escucharle porque en el año 151 a.c. Numidia,  aliado de los romanos, invadió territorio cartaginés sin previo aviso, los sufetes (senado cartaginés) decidieron defenderse mandando un ejército al mando de un tal Asdrúbal el beotarca, pero fueron derrotados.

Roma había prohibido a Cartago realizar movimientos militares o declarar guerras sin su consentimiento, así que ya tenían casus belli para declarar la guerra. De inmediato los cartagineses se rindieron incondicionalmente, entregando incluso a 300 rehenes, hijos de notables de la ciudad como acto de buena fe, alegando que actuaron en defensa de los territorios establecidos por el propio senado romano,  pero ya no había vuelta atrás, y en número de 80.000, las legiones desembarcaron en África.

Recreación del antiguo puerto de Cartago.

Recreación del antiguo puerto de Cartago.

Los cónsules enviados (Lucio Marcio Censorino y Manio Manilio) sólo aceptarían la rendición si la ciudad era trasladada unos 15km al interior. Los cartagineses indignados, rechazaron la propuesta, pues sin puerto su forma de vida comercial desaparecería. Conscientes de que los romanos no iban a aceptar una rendición “justa”, cerraron las puertas de la ciudad y se dispusieron para la batalla final.

Los latinos intentaron hacer un cerco que dejara aislada la ciudad, pero la gran extensión de la urbe y el tamaño del puerto imposibilitaba la acción completa. Los asaltos eran infructuosos, los defensores hacían pagar caro la osadía romana, litros de aceite hirviendo caían por sus muros recibiendo a los legionarios,  y si lograban evitar  también las jabalinas y otras armas arrojadizas, se encontraban con los defensores dispuestos a detenerlos en las murallas. Los cónsules decidieron mantener el asedio pero sin intentar más asaltos directos, mientras pensaban algún modo de derrotar a los norteafricanos.

Los campamentos se llenaron de mercaderes y prostitutas, disminuyendo la disciplina y concentración de los legionarios, el senado disgustado con la situación decidió mandar a uno de sus mejores generales,  Escipión Emiliano. A su llegada contempló el deplorable estado del ejército y sus instalaciones,  y actuó rápidamente expulsando a todas las personas ajenas al ejército, realizando duros entrenamientos a la tropa para recuperar su capacidad combativa.

Completó el cerco a la ciudad, cerrando los “huecos” en el asedio, envió toda la flota romana para bloquear el golfo de Túnez, dejando  por fin totalmente aislada a la urbe púnica. Escipión dejó que el hambre y las enfermedades causaran estragos en la población, los enterradores iban de puerta en puerta recogiendo los cadáveres para dejarlos en fosas comunes, los niños buscaban entre los restos de las casas abandonadas, las mujeres se prostituían por comida, la población perdía la humanidad.

La lucha desesperada por la supervivencia, ilustración de Johnny Shumate.

La lucha desesperada por la supervivencia, ilustración de Sean ò Brogain.

Por fin, en la primavera del año 146 a.c, cuando los habitantes ya estaban prácticamente muertos de hambre, se realizó el último asalto, los arietes y torres de asedio se pusieron en marcha. Los cartagineses vendían caro el avance romano, cada calle, cada edificio público se convertía en un bastión que conquistar, pero poco a poco los romanos se hacían con el control.

Finalmente unos 50.000 cartagineses se atrincheraron en la necrópolis de la ciudad dedicada a Eshmun. Escipión, quizás conmovido por la resistencia o porque no quería perder más legionarios decidió perdonarles la vida, pero gran parte de los defensores conscientes de que terminarían sus días como esclavos en Roma, se lanzaron a una gran pira en las puertas del templo.

La suerte de los demás habitantes se dividió entre la muerte y la esclavitud,  pero por lo menos no tuvieron que ver como la ciudad era completamente destruida, desmantelada piedra a piedra, y cuando solo quedaban los cimientos éstos se araron. La leyenda va mas allá y cuenta que los restos fueron cubiertos por sal, para que nada creciera allí de nuevo, pero es un dato que no se ha podido comprobar científicamente.

Fue tan metódica su destrucción que poco o nada se conservó de esta civilización que casi tenía 8 siglos de historia, no quedaría nada de sus templos, ni de su gran biblioteca, ni de su senado. Desde aquí nuestro pequeño homenaje a este pueblo que supo plantar cara durante casi 150 años a la república romana y que sin querer moldeó el futuro imperio que dirigiría el mundo antiguo,  pero bueno eso como sabéis es otra historia.

 

Bibliografía y fuentes:

Polibio de Megápolis, Historia universal bajo la república romana.

Nigel Bagnall, Las guerras púnicas.

Nic Fields, Roma contra Cartago.

 

Acerca de Rober

Me llamo Roberto y nací en el año 1979 en Madrid. Apasionado de la historia desde siempre, mi única intención es que compartamos y divulguemos en este espacio cada pedacito de la antigüedad que tanto nos gusta. Me encantaría que recorrieras conmigo este periodo. ¿Te apuntas?, pues bienvenido a Historia o leyenda.


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8 Comentarios en “Asedio de Cartago, el fin de una civilización

  • Legionary_Shevek

    Una corrección, la Ilustración del asalto de los legionarios romanos a los que enfrentan los defensores públicos no es del grande Johny Shumate es del igual excelente ilustrador irlandés Sean ò Brogain por demas Excelente artículo.

     
    • Rober Autor

      Hola Legionary!!
      Tienes toda la razón, la ilustración es de Sean ò Brogain, tomo nota y ya está corregido. Me alegra que el artículo en general te haya parecido bueno, un saludo desde Madrid.

       
  • Txetxu

    Es una pena lo de esta civilización, pensar que si ellos hubieran sido los vencedores, seguramente Cartago hubiera sido la civilización más importante de la antigua edad, y hubiéramos estudiado su historia como lo hacemos con los Romanos, hubieran dejado vestigios de su cultura por toda Europa y por todo el mediterráneo, hablariamos lenguas derivadas de la suya, y toda la cultura occidental estaría basada en los cimientos por esta gran civilización, pero la historia quiso que fuera Roma la vencedora. Me ha gustado mucho como lo has contado Roberto, un saludo.

     
    • Rober Autor

      ¡Hola Txetxu!.
      La verdad es que Cartago era una civilización muy asentada ya cuando apareció Roma. Sus intereses por dominar el Mediterráno occidental sólo podía dejar uno de los dos estados en pie, era inevitable.
      Es una lástima porque con la caída de Cartago se perdió otra visión diferente de la de Roma del mundo antiguo. Fue tal su empeño en erradicar esta civilización que apenas tenemos datos originalmente púnicos para conocerlos con sus propias palabras. Gracias por tu comentario, un saludo.

       
    • Rober Autor

      ¡Hola Orlando!. Efectivamente, era hijo adoptivo de Publio Cornelio Escipión hijo, por lo tanto nieto a todos los efectos de “Africanus”. Un saludo.

       
    • Rober Autor

      Muchas gracias Fabian, siempre es un placer que el trabajo que realizamos en el blog se refleje en vuestros comentarios, gracias, un enorme abrazo