Anábasis de Jenofonte (I), hacia el corazón de Persia 6


A finales del siglo V a.c., Atenas había pasado del esplendor de Pericles a la devastación de las guerras del Peloponeso y el fracaso absoluto de la expedición a Siracusa. La gloria de Maratón y Platea parecía ya lejana. En este contexto se desarrolla la entrada que nos ocupa hoy, una historia de aventuras y mercenarios, que vencieron en la batalla pero que perdieron en la guerra.

Jenofonte, autor y protagonista de este periplo, nació en Atenas entre el 429 y 428 a.c. Como miembro perteneciente a la nobleza u oligarquía de la ciudad, recibió una educación adecuada a su alcurnia, él mismo se describía como discípulo de Sócrates y como gran aficionado a la caza y al estudio militar. Probablemente sirvió en la caballería de  la ciudad ya que podía costearse sin problemas la montura y la panoplia. Mantenía contacto regular con otros terratenientes y oligarcas de algunas polis importantes.

Precisamente fue uno de estos amigos quien invitó a Jenofonte a sumarse a una campaña que se iba a desarrollar en Asia como cronista de la misma. Jenofonte aceptó sin reparos, pues los problemas que tenía con la asamblea ateniense eran importantes y su afán de aventura terminó de convencerlo.

Busto de Jenofonte de Atenas.

Busto de Jenofonte de Atenas.

En Persia, el rey Darío había muerto. Tenía dos hijos, Artajerjes que era el heredero del imperio y Ciro el favorito de la reina madre Parisátide, que le embaucaba con ideas de grandeza y de ambición desmedida. El caso es que Ciro fue acusado de intentar usurpar el trono al poco de morir su padre, en el 404a.c., finalmente fue perdonado por su hermano gracias, como no, a la intervención de su madre, que consiguió que se le devolviera a su satrapía de Frigia, Lidia y Capadocia.

No sabemos si Ciro era inocente o no, pero llegado a este punto debió pensar que la acusación sería un lastre para el resto de sus días y en cuanto su madre faltase, su hermano ya rey de reyes Artajerjes II le ejecutaría. Entonces empezó a indagar, a enterarse de que nobles podían apoyar su causa para derrocar al rey, y lo más importante, a enviar mensajes a Esparta para tantear un posible contingente de mercenarios griegos. Ciro había apoyado activamente a los lacedemonios en las guerras del Peloponeso, y contaba con una gran predisposición de estos pues las arcas de la Hélade habían quedado exiguas después de la guerra entre Atenas y Esparta.

Cuando Abrócomas, uno de los sátrapas que le acusó de traición frente a su hermano, fue enviado a sofocar una revuelta en Egipto, Ciro aprovechó para reunir a su ejército y marchar hacia el interior del imperio. Para no levantar sospechas entre posibles traidores, Ciro comunicó a la mayoría de su estado mayor que la expedición era contra los Pisidios, un pueblo siempre beligerante que no aceptaba de buen grado su vasallaje a los persas. Sólo un pequeño grupo conocía las verdaderas intenciones de Ciro y la meta final de la campaña.

La expedición partió de Sardes, en la costa occidental de la actual Turquía. Las primeras jornadas el ejército (unos 30.000 efectivos), se dirigió pausadamente hacia el este aprovisionándose del forraje y la caza que le brindaba la orografía. Pero la falta de paga empezó a poner nerviosos a los mercenarios griegos, que con cada jornada de marcha sin soldada se iba mostrando cada vez más… intranquila podíamos decir. Ante la posibilidad de un motín de sus más fieros guerreros, Ciro utilizó su “estrecha” relación con Epiara, reina de Cilicia, que llegó al rescate con abundante dinero de su marido para calmar las ansias helenas.

Hoplita griego con panoplia completa. Ilustración de Johnny Shumate.

Hoplita griego con panoplia completa. Ilustración de Johnny Shumate.

La marcha continuó hacia el sudeste, cruzando Pisidia y descansando en la ciudad de Tirisio. Aquí, Ciro pensó que sería bueno para la moral hacer unas pequeñas maniobras militares y un desfile ante los prohombres de la urbe, y de paso mostrar a los gobernantes de las ciudades por donde tenía que pasar el poder de su hueste, por si acaso solamente. El ejército entero desfilo ante los nobles, mostrando una disciplina envidiable y haciendo las delicias del propio Ciro, pero el plato fuerte venía al final. Los griegos, que marchaban los últimos anduvieron al paso más lejos que el resto del ejército, una vez detenidos formaron en posición de combate cara a los invitados y empezaron a avanzar. Poco a poco la formación fue ganando velocidad hasta tal punto, que los pobres nobles y oligarcas huyeron despavoridos creyendo que una tormenta de bronce se les echaba encima. Los mercenarios se detuvieron en seco a la altura donde se encontraban los espectadores anteriormente y volvieron a formar con los escudos en alto. Ciro se frotaba las manos, si los propios aliados huían ante el poder griego, ¿qué harían sus enemigos al ver a los mejores soldados del momento cargar hacia ellos?

De nuevo de camino hacia el corazón de Persia, las jornadas transcurrían una tras otra, parasanga tras parasanga, ciudad tras ciudad. Cada vez era más difícil de ocultar el verdadero propósito de la marcha, y Ciro tuvo que transigir en el saqueo de alguna ciudad para que los ánimos se mantuvieran en alto, y las bocas cerradas. No obstante los griegos no se fiaban demasiado, y Ciro cambió de excusa asegurando que a quien iban a destruir era a Abrócomas, el sátrapa de Siria y Fenicia que era rival declarado del pretendiente al trono persa. Por supuesto el comandante en jefe de los mercenarios griegos, un Espartano llamado Clearco, sabía de los planes de Ciro y en alguna ocasión tuvo que utilizar el engaño con sus propias tropas para evitar el motín, como en la ciudad de Tarso, que después de ser saqueada por los griegos, éstos, hartos de subterfugios y medias verdades se volvieron a amotinar. Clearco fingiéndose ultrajado igual que sus soldados rechazó deliberadamente los mensajeros que Ciro mandaba uno tras otro al campamento griego, hasta que Ciro prometió más paga y más gloria.

Detalle de la tumba de Artajerjes II en Persépolis.

Detalle de la tumba de Artajerjes II en Persépolis.

En este punto, Artajerjes estaba más que enterado de las intenciones de su hermano, y llamó a Abrócomas para que volviera de Egipto y se reuniera con él y su hueste en Babilonia, para preparar un buen recibimiento a Ciro. Mientras tanto el ejército del usurpador bajaba paralelo a la costa hacía la ciudad de Miriando, donde giraron al interior cruzando la montaña de Belén y adentrándose 350 Km en una sofocante marcha hasta llegar a la ribera del Éufrates. En Tapsáco, Ciro reveló por fin que se iban a enfrentar a Artajerjes II, y que con su ayuda le convertirían en rey de reyes, y él les colmaría de presentes y de oro.

Ya no había vuelta atrás era todo o nada, y siguiendo la ribera del Éufrates se dirigieron hacia Cunaxa, donde se libraría la batalla por el imperio persa.

 

Bibliografía.

Anábasis, Jenofonte.

La retirada de Jenofonte, Robin Waterfield.

 

Acerca de Rober

Me llamo Roberto y nací en el año 1979 en Madrid. Apasionado de la historia desde siempre, mi única intención es que compartamos y divulguemos en este espacio cada pedacito de la antigüedad que tanto nos gusta. Me encantaría que recorrieras conmigo este periodo. ¿Te apuntas?, pues bienvenido a Historia o leyenda.


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6 Comentarios en “Anábasis de Jenofonte (I), hacia el corazón de Persia

  • Maricruz

    Genial! Muchas gracias! Los alumnos de griego de 2bach traducen todo el curso la Anábasis así que artículos como el tuyo son una excelente ayuda para ellos y para mí que soy la profe. Conocer los detalles en conjunto seguro que les facilita la tarea de traducción. Muchas gracias de nuevo!

     
    • Rober Autor

      Hola Mari Cruz! Es todo un halago!!, muchas gracias por compartir mis publicaciones, y más si es para que una nueva generación de chavales se interesen por la historia y humanidades en general. Un saludo a ti y a toda tu clase 🙂

       
    • Rober Autor

      Hola Carlos, gracias por tus palabras. Una historia como la de Jenofonte se merecía (y necesita) más de un artículo, me alegra que te parezca bueno. No dejes de leer el resto del blog y ojalá te parezca igual de interesante. Un saludo desde Madrid.