Amílcar Barca y la rebelión de los mercenarios (II)


Continuamos con la vida del padre de Aníbal. Habíamos dejado al estrategos cartaginés en retirada hacia Lilibeo con sus tropas, compuestas en su mayor parte por mercenarios que ansiaban su pecunio después de varios años de combate en Sicilia. La ciudad de Lilibeo estaba gobernada por Giscón, el cual quedó a cargo de la repatriación de los mercenarios. En un gesto inteligente escalonó la marcha de las tropas para que llegaran a Cartago en grupos reducidos, allí se les pagaría y marcharían hacia su lugar de origen.

Sin embargo el consejo de los 104 no quiso o no pudo seguir los consejos del gobernador y del propio Amílcar, y hacinó a la totalidad de las tropas en la ciudad de Sicca, que se encontraba al noroeste de Cartago. Una vez allí los mercenarios recibieron la visita de Hannón, éstos esperaban cobrar de una vez por todas pero Hannón les comunicó que las arcas de la metrópoli estaban casi vacías debido al impuesto de guerra que debían pagar a Roma, y por lo tanto habría una reducción en los pagos por los servicios realizados.

Como podéis imaginar a los mercenarios no les hizo ninguna gracia, y en número de 20.000 marcharon hacia Cartago acampando finalmente en Túnez. El consejo aterrado por la proximidad del ejército sublevado, convino a pagarles la totalidad de la deuda y mandaron al antiguo gobernador de Lilibeo, Giscón, que había combatido junto a ellos y gozaba de respeto por la tropa. Pero ya era tarde para la diplomacia y los rebeldes, exaltados por los auto-nombrados generales Mato Espendio, apresaron a Giscón y se apoderaron del botín que llevaba. Amílcar poco podía hacer pues se encontraba a la espera de juicio por su “fracaso” en Sicilia, era común en la cultura cartaginesa juzgar a los generales que fracasaban siendo ejecutados en algunas ocasiones.

Principales movimientos de la guerra de los mercenarios. Fuente: wikicommons.

Principales movimientos de la guerra de los mercenarios. Fuente: wikicommons.

Este juicio sin duda promovido por Hannón el grande, enemigo acérrimo de Amílcar y de su posterior linaje, dejaba a éste en posición de dirigir la campaña contra los rebeldes. Pero Mato y Espendio a sabiendas de la sofocante subida de impuestos que habían sufrido las ciudades “federadas” a Cartago para sufragar los costes de la guerra,  no les fue difícil hacer que se unieran a su causa convirtiendo su levantamiento en una guerra prácticamente de secesión. Pocas ciudades permanecieron leales a los púnicos siendo las más destacables Utica y Bizerta, que fueron inmediatamente puestas bajo asedio por los mercenarios y los africanos sublevados, que dividieron sus fuerzas a tal fin dejando a Cartago sin comunicación terrestre y aislada del resto.

Los mercenarios habían visto como su ejército se multiplicaba por cuatro con las ciudades sublevadas, por eso podían permitirse dividir sus fuerzas para sendos asedios. Cartago no tuvo más remedio que pedir ayuda a los propios romanos, los cuales permitieron por su propio beneficio que los cartagineses reclutaran mercenarios en tierras controladas por ellos, no convenía que un deudor como Cartago fuera destruida antes de pagar.

Hannón el grande fue el encargado de arreglar el problema. Ya había tenido éxito previo en campañas por el norte de África y parecía el más indicado para hacerlo. Hannón decidió liberar primero Útica y aunque en un primer momento puso en fuga al ejército sitiador, se confió en la victoria y bajó la guardia. El ejército rebelde se reagrupó y utilizando las tácticas aprendidas de Amílcar en Sicilia, acosó y derrotó finalmente a Hannón y sus hombres. Amílcar se vio muy beneficiado por esto ya que su juicio se detuvo, el consejo de los 104 sabía que era el único que podría parar la sublevación. A tal efecto se le puso al mando de una fuerza de 10.000 hombres y 70 elefantes de guerra para liberar Útica definitivamente.

Para conseguirlo no solo tenía que derrotar al ejército que sitiaba la ciudad, sino también a los 10.000 hombres al mando de Espendio que les cerraba el paso por el puente del río Bragadas a la altura de Túnez, o bien por el paso de montaña que defendía Mato con 40.000 sublevados. Amílcar optó por atacar el ejército que defendía el Bragadas aprovechando un vado estacional cerca de la desembocadura. Marchó con sus tropas por el margen del río que daba a la retaguardia mercenaria, pero algo no salió bien y el ejército que sitiaba Útica se puso en marcha para cubrir los 17 km que les separaban de los cartagineses. Espendio probablemente alertado por el ejército de Útica también se puso en camino.

Las fuerzas combinadas superaban los 25.000 hombres, más que suficientes para aplastar al estrategos púnico. Amílcar reaccionó de inmediato y cambió rápidamente la disposición de sus tropas moviendo los elefantes y caballería a los flancos y haciendo avanzar a los infantes en una falange compacta. Los mercenarios confundidos por el movimiento, pensaron que Amílcar se retiraba y atacaron sin mantener la formación, sedientos de sangre. El primero en llegar fue el ejército de Útica que resistió poco tiempo a las sarisas cartaginesas y huyeron en desbandada causando a su vez confusión en la columna de Espendio. Éste pretendía reorganizar sus filas, pero Amílcar vio la oportunidad y le flanqueó con sus elefantes y caballería destrozando a la segunda columna también.

Pese a la improvisación, Amílcar había conseguido mermar las fuerzas del enemigo, desarticular el asedio a Útica y abrir los caminos hacia el interior para reanudar el comercio y abastecimiento, que hasta entonces sólo se hacía por mar. Mato sabía que mientras Amílcar tuviera superioridad en caballería sería muy difícil ganarle en una batalla en campo abierto, por lo tanto necesitaba reclutar su propia caballería para contrarrestar la cartaginesa. Mato envió de nuevo a Espendio con una fuerza de 8.000-10.000 hombres a los pasos de montaña que estaban a su retaguardia para evitar que Amílcar le sorprendiera, y también llamo a un príncipe númida llamado Naravas para que se uniera a su causa, éste le proporcionaría la caballería ligera que necesitaba.

Mientras tanto Amílcar buscaba un paso alternativo por las montañas intentando evitar cualquier confrontación que le dejara en inferioridad, debido a las posiciones más altas de las que gozaba su enemigo. Pero su empecinamiento le llevó a estar rodeado de enemigos, con los libios delante, Espendio en su flanco y Naravas con sus númidas por la retaguardia. Entonces ocurrió algo que no esperaban los sublevados y es que Naravas se entrevistó con Amílcar y llegaron a un acuerdo de alianza que quedó sellada con la boda del númida con una hija de Amílcar, los que rodeaban se vieron superados a su vez por todos lados y vencidos sin remedio.

Amílcar perdonó a todo aquel que se uniera a sus fuerzas, dando así esperanzas a cualquiera que quisiera desertar de las filas mercenarias. Mato no lo podía permitir pues sería el fin de su levantamiento, así que valiéndose de dos actores, hizo creer a sus tropas que los rendidos a los cartagineses eran engañados y masacrados después de su rendición. Los mercenarios encolerizados tomaron a más de 700 prisioneros púnicos, incluido Giscón el antiguo gobernador de Lilibeo y les amputaron pies y manos, y con las rodillas rotas fueron enterrados todavía vivos. Este acto de crueldad máxima hizo imposible cualquier tipo de acercamiento diplomático volviéndose la contienda más cruel si cabe.

Los cartagineses acosan a los mercenarios de Espendio. Ilustración de Sandra Delgado.

Los cartagineses acosan a los mercenarios de Espendio. Ilustración de Sandra Delgado.

Tras un lapso de tiempo donde se duplica el mando en las filas cartaginesas al modo consular con dos ejércitos, con la intención de sojuzgar por separado a las fuerzas rebeldes, los dos generales en este caso Amílcar y Hannón debido a su profunda enemistad dejaron pasar varias oportunidades de tomar ventaja. El consejo harto de la situación, decide que la asamblea de los soldados se encargue a la manera helenística de elegir cual es el general que debe abandonar su puesto. Los soldados relegan a Hannón a un puesto inferior y lo sustituyen por un general llamado Aníbal, éste último y Amílcar quedan como comandantes en jefe de las fuerzas púnicas.

Por lo tanto nos encontramos con 4 fuerzas armadas que disputan la contienda. Mato con el grueso de los rebeldes acosa Cartago desde Túnez, Aníbal a su vez defiende la metrópoli de Mato, Espendio con la colaboración de Zarzas, un libio que reforzaría la situación con una gran cantidad de africanos, mantenía a raya a Amílcar que buscaba la forma de sorprender de nuevo a los mercenarios.

Decidido a acabar con el estancamiento, Amílcar hostiga a los 50.000 africanos de Espendio y Zarzas en campo abierto, provocando la retirada de los libios hacia unas elevaciones conocidas como “la sierra“. Amílcar fija al ejército enemigo en la boca del desfiladero, ocupando todas las demás salidas y rodeando al contingente enemigo. Los mercenarios desesperados parlamentan con el general cartaginés entregándose los jefes entre los que se encuentran Espendio y Zarzas. La tropa pensando que han sido traicionados, se lanzan al ataque siendo destrozados por los púnicos. Éstos en vez de masacrarlos directamente los mantuvieron cercados hasta que el hambre y la desesperación hicieron mella en ellos llegándose a dar casos de canibalismo.

La balanza por fin se decantaba al lado de los cartagineses que podían cortar la línea de suministros que llegaba hasta Túnez donde todavía se encontraba Mato con el grueso de la sublevación. Así pues Aníbal fue puesto en una de las salidas naturales de la ciudad y Amílcar en la retaguardia más montañosa. Pero el primero quizás llevado por la confianza de la reciente victoria de Amílcar, crucificó a Espendio delante de las murallas de Túnez causando una oleada de furia que Mato aprovechó para hacer una salida y dispersar las fuerzas de Aníbal, que terminó siendo crucificado en la misma cruz que Espendio. Amílcar no pudo hacer nada por socorrerlo, ya que de haberlo hecho tendría que haber dado un rodeo de unos 20Km, y habría dejado libre también el paso natural dejando una ruta de escape a Mato para huir.

Los últimos acontecimientos valieron para que Hannón el grande apareciera de nuevo en escena y se le restituyera al mando de una parte del ejército. Pero esta vez el consejo, a sabiendas de la irreconciliable enemistad que une a los dos dirigentes, crea una comisión que velara por el cumplimiento de los objetivos militares para acabar de una vez por todas con Mato.

Mato se sabía derrotado en Túnez y decidió salir con todas sus tropas para hacerse fuerte en las ciudades del sur que todavía eran insurrectas, pero fue localizado por las fuerzas conjuntas de Amílcar y Hannón. Rodeado, Mato fue capturado y llevado a Cartago para morir torturado por todas las acciones sufridas por los rehenes cartagineses. La sublevación había durado algo más de tres años, asolando los alrededores de Cartago y minando aún más si cabe el poder de la potencia comercial.

Monumento dedicado a Amílcar Barca en Elche de la Sierra. Fuente: estrechoenloshuertos.com.

Monumento dedicado a Amílcar Barca en Elche de la Sierra. Fuente: estrechoenloshuertos.com.

Amílcar intentó sacar provecho de la situación y realizó una petición al consejo para trasladar su ejército a Iberia, conocida en el mundo antiguo por sus minas de oro y plata y su comercio abundante. El consejo no se opuso, pero no le darían naves para la travesía. La negativa parcial no cogió de improviso al general y con todas sus tropas recorrió el norte de África hasta llegar a las columnas de Melkart (de Hércules en su versión helena) que cruzó por sus propios medios utilizando pequeñas embarcaciones de transporte y pesca.

Su etapa en Iberia duró cerca de nueve años donde combatió a Íberos celtíberos, sellando alianzas y consiguiendo el control de yacimientos mineros fundamentales para poder pagar el impuesto de guerra a Roma. Finalmente su vida terminó en una batalla contra los Oretanos cerca de Helike (no se sabe muy bien la ubicación exacta, probablemente se trate de Elche o Elche de la sierra), una treta de los íberos utilizando carros tirados por bueyes en llamas desordenó las filas púnicas, Amílcar se vio envuelto en la lucha y cayó herido de bruces a un arroyo donde murió ahogado.

Sin duda gracias a Amílcar Cartago pudo prosperar en las décadas siguientes y lo más importante, sembró la semilla que casi acaba con la república romana, Aníbal, aunque bueno eso como sabéis, es otra historia.

 

Bibliografía y fuentes:

Cornelio Nepote, Sobre los hombres ilustres.

Jaime Gómez de Caso Zuriaga, Amílcar Barca y la política cartaginesa.

Jaime Gómez de Caso Zuriaga, Amílcar Barca, táctico y estratega. 

 

Acerca de Rober

Me llamo Roberto y nací en el año 1979 en Madrid. Apasionado de la historia desde siempre, mi única intención es que compartamos y divulguemos en este espacio cada pedacito de la antigüedad que tanto nos gusta. Me encantaría que recorrieras conmigo este periodo. ¿Te apuntas?, pues bienvenido a Historia o leyenda.

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